En una entrega anterior exploré cómo la gentrificación en Cholula utiliza discursos de inclusión para ejercer exclusión racial y de clase. Ahora, basándome en las mismas dinámicas de despojo, pero con otro enfoque, abordaré una problemática aún más fundamental: la privatización del agua potable. Lo que ocurre en San Matías Cocoyotla no es un fenómeno aislado, sino un patrón que se replica a lo largo de las Cholulas, donde comunidades enteras enfrentan la mercantilización de este recurso vital.
Samanta Tepoxtecatl, cuyo testimonio sobre discriminación racial ilustró las contradicciones de la "modernización" cholulteca, también ha sido testigo de cómo esta misma lógica opera en el acceso al agua. Su experiencia como integrante del colectivo "San Matías Cocoyotla en Defensa del Agua Cholulteca" revela las conexiones profundas entre gentrificación, racismo y despojo hídrico.
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En San Matías Cocoyotla, como en muchos barrios de la región, las familias han dependido históricamente de pozos comunitarios para su abastecimiento hídrico. Esta autonomía relativa se convirtió en el centro del conflicto cuando las autoridades anunciaron la apertura del "pozo cuatro" en abril, supuestamente para abastecer a los barrios de Mixquitla y otros sectores.
Sin embargo, una investigación de los propios vecinos reveló una realidad muy distinta: en la misma zona operan pozos de explotación comercial donde personas con concesiones extraen agua y la venden en pipas. La promesa de abastecer a los barrios resultó ser un engaño que encubría la expansión de un negocio lucrativo a costa de las necesidades comunitarias.
"Fue una mentira que les dijeron que el agua iba para Mixquitla y el otro barrio, y en realidad no era para ellos", denuncia Samanta. Los hechos confirmaron las sospechas: mientras proliferaban nuevos fraccionamientos con agua potable garantizada, los barrios tradicionales seguían reportando desabasto y mala calidad del líquido, la apertura de dicho pozo sólo trajo más escasez.
La vida cotidiana bajo el despojo hídrico
Una de las dimensiones más crueles de la expoliación es que las comunidades terminan comprando su propia agua. Las pipas que abastecen los barrios durante las crisis de escasez frecuentemente contienen el mismo recurso que se extrae de sus territorios, ahora convertido en mercancía. Esta paradoja no es accidental sino estructural, el despojo opera convirtiendo derechos comunitarios en productos comerciales.
El impacto trasciende el consumo doméstico y golpea las actividades productivas tradicionales. La fabricación de ladrillos, actividad económica fundamental de la región, requiere de agua para crear el lodo necesario. La escasez artificial obliga a los productores locales a comprar pipas, encareciendo una actividad que ha sostenido a las familias durante generaciones.
La situación se agrava con la contaminación, las descargas de empresas y fraccionamientos han convertido ríos locales en corrientes de aguas negras, generando preocupación sobre la filtración hacia los afluentes de agua potable de las comunidades.
Lo que sucede en San Matías Cocoyotla se replica con variaciones a lo largo de las Cholulas, el modelo de "pueblo mágico" no sólo ha transformado el paisaje cultural y comercial, sino que ha intensificado la presión sobre los recursos hídricos para satisfacer la demanda de hoteles, restaurantes, fraccionamientos y desarrollos turísticos.
Estos nuevos desarrollos operan con agua subsidiada y garantizada mientras las comunidades originarias enfrentan escasez, contaminación y la obligación de comprar un recurso que históricamente les pertenecía. La proliferación de fraccionamientos coincide con el agravamiento de la crisis hídrica en los barrios tradicionales, estableciendo una segregación hídrica que refleja y refuerza las jerarquías raciales y de clase.
Resistencia y autonomía frente al monopolio
La estrategia gubernamental trasciende la permisividad ante la explotación comercial irregular; apunta hacia la monopolización completa del recurso hídrico. "Lo que quiere el proyecto es quedarse con el monopolio de la distribución del agua", explica Samanta, "obviamente al precio que ellos quieran y a quien ellos quieran".
El objetivo es eliminar la autonomía que aún mantienen las comunidades a través de sus pozos y convertir el agua en un servicio totalmente privatizado. La existencia de pozos comunitarios representa un obstáculo para esta mercantilización, razón por la cual el despojo se presenta como "modernización" de la infraestructura hídrica.
La lucha por el agua en las Cholulas trasciende la demanda por un servicio público; representa la defensa del territorio y la autonomía comunitaria frente a proyectos de despojo. El agua funciona como herramienta de control territorial, quien controla el agua, controla las posibilidades de permanencia y reproducción social de las comunidades.
La resistencia del colectivo "San Matías Cocoyotla en Defensa del Agua Cholulteca" ha logrado identificar estos mecanismos y generar respuestas organizativas. Sin embargo, enfrenta no sólo a intereses económicos particulares, sino a una estrategia gubernamental que utiliza la necesidad hídrica como instrumento de disciplinamiento social y territorial.
Esta experiencia muestra que la defensa del agua es inseparable de la lucha contra el racismo, la gentrificación y el despojo territorial. En las Cholulas, como en múltiples territorios del país, el acceso al agua se ha convertido en un campo de batalla donde se disputa no únicamente un recurso, sino modelos de vida, formas de organización social y el derecho de las comunidades originarias a permanecer en sus territorios.