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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La nueva era del pádel

Aprendizaje, evolución e integración, el verdadero reto en el pádel

Eduardo Tovilla

Economista egresado del ITAM y maestro en Administración de Negocios por la Universidad de las Américas Puebla. De 1995 a 2019 se desempeñó como funcionario público. Su conexión con el pádel se fusiona con una exitosa carrera empresarial y su compromiso filantrópico.

Martes, Mayo 21, 2024

A lo largo de mi vida, he tenido la fortuna de conocer a muchas personas con dones únicos. La mayoría ha coincidido en que uno de mis desafíos vitales es aprender a relacionarme con los demás, hacer amigos y sentirme parte de un grupo, pues siempre he tenido dificultades para hacer camaradas e integrarme. Esto se debe, muy probablemente, a mi naturaleza: tengo poca paciencia y si no me siento cómodo, no participo.

Esta situación la experimenté repetidamente en las diversas administraciones donde tuve la oportunidad de trabajar. Afortunadamente, los cargos que desempeñé ocultaban esta carencia, facilitando mi labor, ya que los cálculos financieros, las estimaciones presupuestarias, los recortes y los ajustes son lo que son, es decir, no hay espacio en la fórmula para la subjetividad de las relaciones interpersonales. En estos roles, no importa si eres amigo de alguien o si caes bien; simplemente, haces el trabajo. Siempre mantuve la cortesía al realizar estas tareas, pero al final, esos no son puestos que ayuden a ganar amigos. Como solía decirme El Jefe, medio en broma, pero con un fondo de verdad, “Eduardo Tovilla, siempre logras reunir a todos, pero en tu contra".

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Entonces, el concepto de sincrodestino cobró sentido fuera del ámbito laboral. Durante un tiempo, busqué incansablemente amigos con quienes jugar al pádel y, casi sin quererlo, formé un pequeño grupo que fue creciendo muy rápido. El objetivo era encontrar un espacio amplio donde pudiéramos practicar pádel y promover un deporte que estaba ganando popularidad en España y Argentina. Estaba convencido de que sería bien recibido en México, sobre todo, porque el pádel había surgido aquí.

La búsqueda de terreno, la captación de inversores y las negociaciones sobre tiempos y cálculos de la Tasa Interna de Retorno (TIR) se convirtieron en toda una aventura. El proyecto en sí ya era todo un desafío, a eso se le sumaba el reto de tener que explicar qué era el pádel. Había que enseñar la pala, hablar de su peso, diseño, etc. En aquel entonces, ya existían algunas canchas en fraccionamientos y en Lomas, todas al aire libre.

El jalar a clientes y profesores fue una experiencia increíble. En Puebla no había instructores de pádel, así que tuvimos que invitar a algunos de la Ciudad de México, y alentar a ciertos jugadores de tenis a formarse como entrenadores de pádel. Éramos el único club en aquel momento, así que teníamos muchas opciones para elegir.

Respecto a la compra de canchas, sólo había dos proveedores disponibles: uno en la Ciudad de México y otro era “Proyectos Deportivos”. La idea de comprar o importar canchas a China parecía entonces una ilusión.

Los clubes como Match, Pádel México (el primero en cerrar) y Star Pádel se inauguraron uno tras otro. La comunidad creció de manera impresionante, algo que se evidenciaba en la reinscripción anual.

Nunca imaginé lo que estábamos construyendo: era un negocio muy rentable, tanto deportivo como de cafetería. Me sentía genial jugando... jugando con amigos, algo que sólo comprendí mucho tiempo después. Terminé teniendo más de cien amigos y amigas quienes disfrutábamos de los momentos juntos en el club. Ahora entiendo que, además de un club, formé una comunidad alrededor de Match, donde todos disfrutábamos enormemente nuestro chat lleno de locuras que alegraban el día o incluso la semana. Cuando me fui, el chat desapareció, lo cual fue un gran error. Hoy en día, aunque solo, todavía entro a ese chat en mis momentos de ocio y me río durante un buen rato.

He regresado a Puebla, donde hoy existen más de diez clubes y una cantidad increíble de jugadores, el pádel está en un boom y parece que no va a detenerse pronto.

Hay nuevas ideas y diferentes propuestas, abriendo un nuevo nicho de oportunidades para todos. Sin embargo, lamentablemente, sólo unos pocos superarán las barreras para convertir sus negocios en algo rentable. Así de simple es la economía, y como dice una gran frase: a largo plazo todo tiende al equilibrio.

Tener el terreno o arrendarlo, invertir en infraestructura y asegurar detalles como la altura adecuada y la disposición de las canchas, requiere una inversión considerable. Además, es crucial elegir bien a los constructores, ya sea de la cancha, del techo o del firme, porque una mala elección puede acarrear pérdidas significativas.

En mi opinión, la de Eduardo Tovilla, todo se definirá por la atención y el servicio, ya que las diferencias entre las canchas son mínimas, incluso en cuanto al pasto. Por ejemplo, compré la cancha del WPT (World Padel Tour) jugado en la Ciudad de México con mi gran amigo Jorge Mañe; es una cancha hermosa con las firmas de los jugadores que disputaron esa final. Sin embargo, la realidad es que las nuevas canchas no tienen nada que envidiar a esta en términos de estructura y césped (incluyendo las importadas de China).

La diferencia, para mí, está en ser el dueño y estar presente; integrarse con los socios, jugar con ellos y crear una comunidad. Asimismo, la atención es fundamental: recibirlos, apoyarlos en sus necesidades y mediar para que todos se sientan a gusto en el club. Por primera vez, viví para atender y hacer sentir bien y cómodos a mis amigos.

La marca Match es mía, y el único club que usa el nombre es el de Puebla. Ahora que estoy de vuelta, me he dado cuenta de la gran comunidad que creamos. Todos son grandes amigos con quienes disfruto estar y convivir, pero sobre todo jugar.

Sería imposible nombrarlos a todos, pero volver a verlos a mi regreso y ser recibido así por ellos me hace ver lo importante que es vivir y seguir adelante, pero más que nada detenerse por un momento a analizar lo que uno ha logrado.

Señores, el reto no es sólo poner un club; el reto es ser parte de él e integrar a todos para crear una comunidad que ame estar ahí y pertenecer. Ese es el verdadero desafío, y si lo logras, tu club será un gran éxito.

 

 

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