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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Autodisciplina: el músculo que cambia todo

Una guía para actuar con constancia, más allá de la motivación o el estado de ánimo

Eduardo Tovilla

Economista egresado del ITAM y maestro en Administración de Negocios por la Universidad de las Américas Puebla. De 1995 a 2019 se desempeñó como funcionario público. Su conexión con el pádel se fusiona con una exitosa carrera empresarial y su compromiso filantrópico.

Martes, Abril 1, 2025

Esa capacidad de hacer lo que sabemos que debemos hacer, aun cuando no tenemos ganas, es la autodisciplina. Di mis primeros golpes en el pádel por las mañanas y no tienen idea cuánto me costó asistir a las prácticas programadas durante los primeros días. Es más, podría decirse que, en mi primer intento, fracasé, al grado de que dejé por un tiempo breve la paleta recién comprada. El segundo intento fue exitoso, gracias al libro del que les hablaré hoy.

Antes de ir al meollo del asunto, quiero compartirles por qué me parece tan importante una obra como La autodisciplina para alcanzar el éxito, de Martin Meadows. Actualmente, las distracciones abundan, así que buscamos la gratificación inmediata; queremos encontrarla a un clic de distancia. Cuando la encontramos, nos sentimos motivados, pero ese estado no nos dura nada: se nos va en un abrir y cerrar de ojos.

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A la par, nos trazamos metas ambiciosas, ya sea aprender un nuevo idioma, emprender un proyecto personal, terminar una carrera o mejorar nuestra salud, las cuales se quedan en buenas intenciones por las distracciones y la desmotivación, pero ¿sí son ellas las que nos impiden avanzar realmente?

Según Meadows, el éxito depende de nuestra habilidad para mantenernos firmes cuando las emociones juegan en nuestra contra. Esperar a sentirnos motivados para actuar es una trampa común. La motivación es volátil, cambia con el estado de ánimo y las circunstancias; la autodisciplina no, es un compromiso con uno mismo, con la visión de largo plazo, más allá del deseo momentáneo de comodidad.

Hay otra idea del libro que, a mí, Eduardo Tovilla, me resultó muy útil: la fuerza de voluntad funciona como una batería; si la usas demasiado tomando decisiones, se desgasta. Por eso, Meadows recomienda crear hábitos y sistemas que reduzcan la necesidad de decidir constantemente. De esta manera, se automatizan comportamientos y se reserva energía para tareas más complejas. Suena algo complicado, ¿no? En realidad, es bastante simple. Por ejemplo, alguien que quiere mejorar su alimentación puede decidir con anticipación lo que va a comer en la semana, cocinar con tiempo y evitar tener comida poco saludable en casa. De este modo, no tiene que tomar decisiones difíciles cada vez que tiene hambre.

Este ejemplo me parece bastante idóneo porque sí, la autodisciplina no se trata de grandes gestos heroicos; es sobre constancia. Uno de los errores más comunes es intentar modificar todo de un jalón y rendirse cuando no se logran resultados inmediatos. El verdadero progreso viene de acciones pequeñas, repetidas con consistencia, como leer 10 páginas de un libro por día, las cuales, después de 3 meses, se traducen en concluir una obra de 900 páginas aproximadamente. La clave está en la continuidad, no en la cantidad.

De igual manera, más que la falta de carácter, que es con lo que solemos darnos golpes de pecho, el entorno tiene un papel importante en la práctica de la autodisciplina. El autor del libro considera que modificar el ambiente puede hacer más fácil lo anterior, porque ayuda a eliminar las tentaciones e incentivar los comportamientos deseados. Si trabajas desde casa y te distraes con el celular, puedes dejarlo en otra habitación y usar una app que bloquee redes sociales mientras estás concentrado. También puedes poner tus materiales de trabajo en un lugar visible y limpio, para reducir fricciones a la hora de empezar. Como ven, esto tampoco es una tarea del “otro mundo”.

Por último, quiero enfatizar algo que menciona Meadows: el progreso personal implica, inevitablemente, pasar por momentos incómodos. La autodisciplina no consiste en evitar el dolor, tenemos que tolerarlo cuando sabemos que nos está llevando a un lugar mejor. Crecer duele, pero quedarse igual también, así que la elección es obvia, ¿no creen? Es como cuando haces ejercicio, sí, puede ser punzante: no aguantamos las piernas, cuesta respirar que hasta parece imposible. Pero quien acepta esa incomodidad como parte del proceso termina por mejorar su salud, su estado de ánimo y su energía. Entonces, el dolor inicial se convierte en crecimiento.

Reconozco que hay una gran diferencia entre entender estos conceptos y aplicarlos en la vida diaria. Lo sé bien, porque a mí mismo me ocurre. En esos momentos de flaqueza, cuando siento que voy a rendirme, me digo: “Eduardo Tovilla, si esperas a sentir motivación, nunca darás el primer paso”. Este libro me hizo comprender que la autodisciplina también es una promesa con tu yo del futuro, no con tu yo de hoy.

Voy a traer ahora a estas líneas a Nietzsche con la frase “quien tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”. Creo que eso es lo que sostiene la autodisciplina: un propósito lo suficientemente claro y valioso como para impulsarnos a actuar incluso cuando la motivación se ha ido, cuando el cuerpo duele o la mente quiere rendirse. Por lo tanto, la autodisciplina es más que fuerza de voluntad, es lealtad a ese porqué, a eso que nos mueve. Es ahí donde, poco a poco, el esfuerzo se transforma en avance, el cansancio en resiliencia y el dolor inicial en crecimiento verdadero.

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