La ruta migratoria entre México y Estados Unidos se ha convertido en un tramo mortal, marcado por desapariciones, secuestros y un aterrador número de muertes. En 2022, al menos 686 personas de Sudamérica, Centroamérica y el Caribe murieron o desaparecieron intentando cruzar esta frontera, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Estas cifras, lamentablemente, podrían ser aún mayores porque no incluyen datos oficiales de Texas y de la Agencia Mexicana de Búsqueda y Rescate.
Las muertes, derivadas de ahogamientos, accidentes vehiculares, condiciones extremas y la violencia, exponen la realidad peligrosa que enfrentan quienes buscan oportunidades más seguras. Ante la falta de opciones, recurren a rutas migratorias irregulares, poniendo sus vidas en manos de traficantes y exponiéndose a las redes del crimen organizado.
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Estas organizaciones, involucradas en el tráfico de drogas, han encontrado en el tráfico humano un lucrativo negocio. Los migrantes pagan entre $5000 y $7000 dólares por el trayecto hacia Estados Unidos, pero según declaraciones del excanciller mexicano Marcelo Ebrard, este costo puede llegar a ascender hasta los $10000 dólares por persona.
La propia ONU ha estimado que las ganancias anuales por tráfico de migrantes a alcanzar los $7000 millones de dólares.
Y las cifras en realidad son una estimación muy arbitraria porque se sabe que al menos 700 mil migrantes cruzaron de manera ilegal el territorio mexicano, en el año 2023. Y la mayoría de ellos estuvieron dispuestos a pagar grandes cantidades de dinero, que por lo general es suministrado por familiares radicados en Estados Unidos.
Pero el tema no para ahí.
Las mismas organizaciones criminales que trafican drogas, como el Cártel de Sinaloa, el Cártel del Golfo y el CJNG, se han adentrado en el secuestro y tráfico de personas migrantes, aumentando la vulnerabilidad y el sufrimiento de aquellos que buscan simplemente una vida mejor.
El tráfico humano se ha convertido en una industria multimillonaria para el crimen organizado, donde la desesperación de los migrantes se convierte en su moneda de cambio. Esta realidad debe ser abordada con urgencia y determinación por parte de las autoridades, priorizando la protección y seguridad de aquellos que buscan un futuro más prometedor.
Mire, de todas las entrevistas que he hecho a lo largo de seis años, desde que comencé el Doctorado en Sociología, sólo he conocido a tres migrantes que lograron llegar a Estados Unidos. Los demás han quedado estancados a lo largo de las rutas migratorias en México, desde Chiapas hasta Baja California. Joel N, un hondureño de 28 años, pagó 7 mil dólares para que traficantes de personas lo llevaran hasta Miami, eso fue en 2018 y ahí sigue viviendo. Trabaja en la industria de la construcción, vive con ocho personas más, y casi no sale para que no lo detengan y lo deporten. Al final, hay un oscuro comercio humano tras las fronteras, donde el crimen organizado ha diversificado todas las formas de explotación de migrantes.
Y las cosas se van a poner peor, pues el Instituto Nacional de Migración (INM) ha anunciado que continuará su política de contención y persecución de migrantes.
Por donde le vea, llevan todo las de perder.