Continúa el conflicto -hay quien ya le llama crisis- en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE); incluso, escaló: ha llegado a las dos Cámaras del Congreso de la Unión.
Como comenté en la entrega anterior, uno de los principales factores que motivan las manifestaciones que desde hace un mes hemos hecho quienes somos parte de la comunidad del CIDE -estudiantado, profesorado, personal administrativo y personas egresadas-, es el proceso cuestionable de selección de la persona que actualmente ocupa el cargo de director General (DG) de este centro público de investigación. Pero, ¿por qué es cuestionable?
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Por una razón: el CIDE tiene un estatuto general que, entre otras cuestiones, regula el proceso de selección de la persona que ocupe la Dirección General. Desde luego, lo que enseguida planteo, deberá ser resuelto por la autoridad judicial que conoce la acción jurídica ejercida por estudiantes del CIDE en contra de la designación de José Antonio Romero Tellaeche como DG; no obstante, la legalidad de este nombramiento, resulta cuestionable, atendiendo a la conjunción del artículo 23, de la fracción IV del artículo 29 y del artículo 30 del estatuto general.
Lo que se desprende de estos artículos es que el Consejo Directivo (CD) de este centro de investigación es su órgano de gobierno y tiene, entre sus facultades, la de “formalizar el nombramiento del Director General de la Asociación [es decir, del CIDE]”. Ahora bien, ¿a partir de qué formaliza dicha designación el CD? De la designación y nombramiento que, después de un proceso de auscultación interna y de uno de auscultación externa, realice la persona titular de la Dirección General del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), quien deberá presentar dicho nombramiento al CD.
¿Se cumplió este proceso en el caso del señor Romero? No lo sabemos porque hasta ahora no conocemos cuáles de las partes que integran al CD participaron en la sesión en la que la titular del CONACYT lo nombró DG. Lo que se sabe es que contó con el respaldo del Grupo de Auscultación Externa, que en esta ocasión ha sido criticado por haberse integrado por personas con quienes el señor Romero al menos ha sido coautor de diversas publicaciones. Lo que también se sabe, es que el Instituto Nacional Electoral (INE), que es una de las partes integrantes del CD, no tuvo posibilidad de participar en la formalización del nombramiento de Romero como director general del CIDE, no obstante que posterior a la sesión a la que me he referido, a través de un oficio el INE expresó que su voto sería en contra de la designación.
De manera adicional a la cuestionable legalidad del nombramiento de Romero Tellaeche como DG del CIDE, el tratamiento dado por su parte, así como por parte de la titular del CONACYT, tanto al conflicto en sí como a quienes hemos manifestado -estudiantes, personal académico y administrativo, y personas egresadas- nuestras inquietudes y oposiciones a las decisiones que recientemente han afectado al CIDE, ha contribuido a que lejos de acercarnos a una solución al mismo, el clima de negociación sea menos confiable. Tan minado ha quedado el ambiente para poder solucionar esta crisis que, luego de trabajos en asambleas de las partes manifestantes, se concluyó que la directora general del CONACYT no es una interlocutora confiable para buscar resolver las problemáticas que se han presentado en la vida del CIDE durante los últimos meses y, por lo tanto, se ha pedido la intervención de la Secretaría de Gobernación federal -determinación que apoyo a título personal-.
Vistas así las cosas, parece complicado que una dirección cuestionable como la de Romero, aunado a las actitudes de desprecio y hostilidad hacia la comunidad que ha mostrado, permitiera un desenvolvimiento adecuado de las funciones de este centro de investigación. En consecuencia, comparto que una de las condiciones básicas para retomar la normalidad en esta institución es, precisamente, la remoción o renuncia de Romero Tellaeche y la reposición del proceso de designación y nombramiento de la o el DG del CIDE.
Twitter: @jabonillarojas