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OPINIÓN

Conocer para transformar la educación

La crisis civilizatoria está reclamando nuevos paradigmas de conocimiento para una nueva sociedad

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Noviembre 15, 2021

"La teoría es cuando se sabe todo y nada funciona. La práctica es cuando todo funciona y nadie sabe por qué. En este caso hemos combinado la teoría y la práctica: nada funciona... y nadie sabe por qué."

Albert Einstein

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No cabe duda que vivimos en lo que el filósofo canadiense, Bernard Lonergan,  llamó el ‘ciclo amplio de decadencia de la civilización humana’ (longer cycle of decline), que se caracteriza por la absolutización del conocimiento de sentido común práctico, inmediato, utilitario y concreto como única manera de estar en el mundo y consecuentemente, por un menosprecio del conocimiento teórico que por su propia naturaleza se orienta a una visión de largo aliento y a la satisfacción del deseo de conocer el mundo sin la preocupación por las aplicaciones prácticas.

Ejemplos de este ciclo de declinación de la humanidad hay prácticamente en cada rincón al que dirijamos nuestra mirada, empezando por el desplazamiento en los gobiernos de los llamados “tecnócratas” que se caracterizaban por tener una formación académica muy sólida y una competencia técnica probada en sus campos de trabajo, que han sido sustituidos por los líderes carismáticos populistas de izquierda o de derecha, que brillan no sólo por su ignorancia de muchos temas sino por el alarde discursivo en contra del conocimiento y la investigación.

Nuestro país es un caso concreto y evidente de este desplazamiento de gobiernos formados por profesionales en posgrados en el extranjero o en instituciones nacionales de gran prestigio académico, a un gobierno conformado por ciudadanos con perfiles académicos muy débiles, poco conocimiento de sus áreas de responsabilidad pero gran identificación ideológica y lealtad ciega al proyecto del presidente actual, que ha dicho repetidas veces que se requiere 99 por ciento de honestidad y 1 por ciento de capacidad para formar parte de su equipo y hacer un buen gobierno.

El Presidente mismo es un ejemplo de esos líderes carismáticos populistas, que mueven a las masas y tienen su ambiente natural en las plazas públicas y en los mítines pero muy poco interés en sustentar las decisiones de gobierno en datos duros que aporta la investigación científica en los distintos campos. Su preparación académica se reduce a una licenciatura terminada en quince años de trayectoria.

Esto no sería un problema si a pesar de no tener una sólida preparación académica, fuera un gobernante que se deja aconsejar por los expertos y que promueve la consulta a los investigadores de cada campo disciplinar necesario para abordar los problemas complejos que aquejan al país y requieren soluciones eficientes.

Sin embargo, ni él ni su equipo tienen esta actitud de consulta, pero además, los discursos y las acciones de gobierno manifiestan constantemente una minusvaloración explícita y una agresión constante a las actividades relacionadas con el conocimiento y la investigación.

La excesiva denuncia penal con cargos de delincuencia organizada y lavado de dinero que implican cárcel en prisiones de alta seguridad contra 31 científicos de gran reconocimiento, la campaña de golpeteo constante del presidente contra la UNAM vivida en las semanas anteriores, la cancelación de fideicomisos que sostenían centros de investigación muy importantes, la reducción constante del presupuesto para los investigadores nacionales y la caída enorme del presupuesto destinado al sistema educativo nacional son algunas perlas que hablan de este desprecio al conocimiento por parte de un gobernante que posee una gran popularidad y gobierna con discursos basados en dichos populares, canciones, rituales mágicos tradicionales y muchos otros recursos propios de ese conocimiento de sentido común que piensa siempre en las realidades con relación a la propia experiencia y no busca explicaciones que relacionan las variables que componen los distintos fenómenos y problemas.

Pero este reinado del conocimiento práctico y utilitario e inmediato no es exclusivo de los gobernantes, está presente en las presiones que la sociedad de mercado plantea al sistema educativo buscando que las escuelas y universidades se orienten hacia la capacitación de contenidos aplicables y “útiles” -en el discurso, educar para la vida, pero en el fondo, educar para la empleabilidad- con el consecuente desplazamiento de los conocimientos considerados como “inútles” de los que hablé en el artículo de hace dos semanas en este mismo espacio, que pueden consultar aquí: https://www.e-consulta.com/opinion/2021-11-01/la-educacion-y-el-saber-inutil

Por supuesto esta orientación de la educación hacia el conocimiento práctico y utilitario a la que Nussbaum llama educación para la renta por buscar solamente individuos eficientes y obedientes para ser funcionales al sistema económico y contribuir al crecimiento del PIB nacional, ha desplazado tanto a las artes y las humanidades como a la investigación que genera conocimiento de los fenómenos. Baste para comprobarlo el creciente número de universidades que no requieren una tesis para obtener el grado de licenciatura e incluso de maestría o hasta de doctorado, sino un “trabajo práctico”, “un proyecto de aplicación” de lo aprendido, etc.

Pero como afirma el epígrafe genialmente irónico de Einstein, el problema no está solamente en que las cosas en este país o en el mundo no funcionan, lo cual tendría que solucionarse con nuevas prácticas, sino que no sabemos por qué no funcionan, es decir, que se han agotado las explicaciones tradicionales para entender las nuevas realidades, que los conocimientos clásicos y disciplinarmente cerrados resultan ya insuficientes e ineficientes para entender los problemas actuales que nos tienen al borde de la catástrofe planetaria.

De manera que la crisis civilizatoria del mundo de hoy no es solamente una crisis práctica que se pueda resolver con una educación centrada en el conocimiento inmediato y utilitario del sentido común, sino una crisis fundamentalmente teórica, que está reclamando nuevos paradigmas de conocimiento complejo para entender el mundo del cambio de época y construir desde esas nuevas comprensiones y teorías, las prácticas renovadas que construyan realmente una nueva sociedad.

Centrando nuestra mirada en el campo educativo que es el objeto de este espacio semanal, podemos decir exactamente lo mismo. La crisis educativa que vivimos no se solucionará capacitando técnicamente a los docentes y enseñándoles nuevas prácticas sino construyendo desde la investigación y el pensamiento filosófico y pedagógico pertinente, nuevas concepciones sobre lo que tiene que ser la educación del siglo XXI y nuevas formas de comprender la docencia, para partir de ahí hacia la construcción de prácticas realmente nuevas y no sólo formalmente innovadoras.

En ese marco resulta altamente valioso que la Secretaría de Educación Pública de nuestro estado de Puebla haya tenido la iniciativa de organizar el XVI Congreso Nacional de Investigación Educativa (CNIE) que de manera bianual convoca el Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE)  y que inicia el día de hoy con el Encuentro Nacional de Estudiantes de Posgrados en Educación (ENEPE) y se inaugura mañana formalmente con la conferencia de apertura del Dr. Phipip Mirieu, Repensar la educación después de la pandemia, ¿Qué retos para la escuela y todos los actores educativos?

Durante toda la semana se estarán compartiendo de forma virtual más de mil quinientas contribuciones entre ponencias, conversatorios, avances en los estados del conocimiento de la década 2012-2021, presentaciones de libro, carteles y materiales videográficos. Se tendrán también en el programa, talleres y espacios para las asambleas de las diversas redes de investigación de las áreas temáticas registradas en el COMIE y habrá también conferencias magistrales o diálogos magistrales en cada una de dichas áreas.

El viernes a las 11:30 de la mañana, se cerrará el congreso con la conferencia de clausura  La investigación educativa hoy: entre la tradición, los derechos y los nuevos horizontes abiertos por la pandemia impartida por la Dra. Inés Dussel.

En un mundo sumido en el ciclo amplio de decadencia y en un país como el nuestro en el que desde el gobierno se menosprecia y se ataca el conocimiento científico como algo superficial e inútil, pero que tiene al mismo tiempo desafíos educativos de calidad, equidad y pertinencia social de extrema urgencia, el XVI CNIE organizado por la SEP de Puebla y las instituciones de educación superior del estado es un signo de esperanza en que podemos aspirar a que la educación funcione, si investigamos por qué los procesos educativos de hoy están en crisis.

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