Hoy lo invito a que reflexionemos sobre la masculinidad poblana, un tema que no se trata mucho, pero que tendría relevancia para las personas que habitamos esta ciudad.
En otras columnas exploramos las ideas en torno a la construcción de la masculinidad en el México del siglo XX, y podríamos afirmar que basado en ello, el poblano sería un mexicano estereotípico… pero, observamos que no somos percibidos así por el resto de nuestros connacionales.
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Basta hacer un análisis de ciertos refranes o textos para entender que el tipo de masculinidad que representaba el poblano ante los mexicanos era el de ser un traidor.
Basta recordar el refrán: “Perro, perico y poblano; no lo toques con la mano, tócalo con un palito porque es animal maldito”, para reflexionar que nuestra interacción con otros mexicanos ha dejado mucho que desear, y que su percepción de nosotros ha creado un discurso de rechazo que continúa en ciertos sectores a la fecha.
Sólo tenemos que rememorar lo que dijo Ignacio Zaragoza de la plaza de Puebla el 7 de mayo de 1862 cuando escribió: “yo tendré cuidado de participar cuanto ocurra de interés para evitar noticias falsas y alarmas que en la traidora cuanto egoísta Puebla circulan. Esta ciudad no tiene remedio” (Palou, 2011). Dos días después escribía: “En cuanto al dinero nada se puede hacer aquí porque esta gente es mala en lo general y sobre todo muy indolente y egoísta... ¡Qué bueno sería quemar a Puebla! Está de luto por el acontecimiento del día 5 [de mayo]. Esto es triste decirlo. Pero es una realidad” (Palou, 2011).
Sí es poblano se habrá dado cuenta que no somos muy queridos en otras partes del sur y el centro del país.
Tendríamos que preguntarnos, ¿cuándo surgió la tradición entre nuestros compatriotas de que el poblano es traidor?
Le puedo informar que, de acuerdo a algunas fuentes, esta antipatía hacia nosotros comenzó en 1847, pero aclaro que… mucho antes de eso, durante la Colonia, la Ciudad de México y la de Puebla ya tenían una rivalidad cultural.
Fue en la época independiente cuando nuestra república contaba sólo con pocos lustros de vida que nuestros compatriotas nos tacharon de traidores.
Todo comenzó como un chisme: el cuento es que los poblanos pactaron con el ejército del general estadounidense Winfield Scott, que Puebla se rendiría ante los Estados Unidos después de luchar una batalla falsa en la que ganarían los americanos.
Como parte de este acuerdo, los estadounidenses no atacarían las iglesias ni harían daño a los edificios públicos. El responsable de esta negociación fue el obispo Francisco Pablo Vázquez.
Según algunas personas, esa negociación que la historia sólo maneja como rumor, fue la que nos dio la fama de ser hipócritas… fingidores ante nuestros paisanos mexicanos por decir que íbamos a hacer una cosa, cuando en realidad hicimos otra.
Peor aún… Las acciones del obispo, que tal vez fueron bien intencionadas, si ocurrieron, dejaron entrelucir que los poblanos se daban por vencidos y no luchaban porque dudaban de la superioridad del ejército mexicano.
Ahora bien, podemos leer por las crónicas de la época, que en nuestra ciudad sí hubo una batalla en torno a la parroquia de San José, en la 2 norte y la 18 oriente.
El periódico estadounidense The Mississippi Creole narró que antes de que el ejército de 6000 hombres bajo el general Scott tomara la ciudad, sufrió sesenta bajas en su ejército entre heridos y muertos. (Letter from the Army, 1847, pág. 2).
Esta acción es sorprendente porque se decía que “Los cuerpos de la Guardia Nacional en Veracruz y en Puebla” estaban en mal estado y que eran indisciplinados y casi no tenían armas (Nuevo plan de campaña de los norteamericanos, 1847, pág. 3).
Eso aclarado, hay un sustento para pensar que el obispo poblano y el general estadounidense se llevaban muy bien.
Las prensas de Estados Unidos y México describían que la relación entre el general Scott y el clero poblano era excelente.
Un periódico de Carolina del Norte detallaba así la situación:
“Una carta fechada el 3 de junio, afirma que la fuerza de 6000 hombres, 600 carros, y 5000 caballos y mulas está bien establecida en Puebla, lugar donde el General López de Santa Ana era odiado por el clero, y que el Presidente Herrera era el hijo preferido de la Iglesia. (2) El General Scott se esmera en tratar al clero con mucho respeto, y así se los ha ganado.” (The War, 1847, pág. 2)
El “Diario del Gobierno de la República Mexicana” narró lo bien que se llevaba el obispo Vázquez con las fuerzas del general Scott:
“No podemos llamar de otra manera, aunque con el más profundo sentimiento, a la conducta que ha observado con el general enemigo que ocupó el estado de Puebla, el Ilustrísimo obispo de aquella diócesis Dr. D. Francisco Pablo Vázquez. Por varios periódicos de México y otras noticias particulares, se sabe que visitado por S.S.I. por el jefe enemigo, le correspondió su visita y le fueron hechos los honores generales. Reprobamos esto y todo buen mexicano haría lo mismo ya que este pastor no quiso abandonar su rebaño a la aproximación del enemigo, debió conservar su dignidad, negándose a todo paso de urbanidad con él y a entrar en relaciones, llevando sobre sí la nota del hombre mal educado, antes que llevar la que hoy, de mal mexicano y que se crea en connivencia con los invasores… se olvidó quizá y lo sentimos, de aquellas palabras proferidas por Jesucristo Ecce ego mitto vos sicut oves in medio lupurum (“Los envío como ovejas entre lobos” Mateo 10).” (Contraste, 1847, pág. 1).
Como podemos ver, las acciones del obispo rayaban en la traición para algunos mexicanos y eran decepcionantes.
Podemos comprender que tal vez el obispo prefería tratar con el ejército invasor que con López de Santa Ana.
El miedo de la Iglesia de que sus templos fueran profanados tenía cierto sustento: en Monterrey las tropas de Zachary Taylor tomaron la iglesia de San Francisco y ocuparon el recinto como establo para sus caballos, acción que molestó a la población de la ciudad norteña (Carney, 2005, pág. 41).
No sería Pablo Vázquez el primero en negociar con el invasor estadounidense: se rumora también que el gobernador de Nuevo México, Manuel Armijo, recibió una cantidad de dinero para permitir que los estadounidenses ocuparan la ciudad de Santa Fe sin mayores problemas.
[1] Sí uno es del norte, Puebla no figura en el mapa entre la Ciudad de México y el puerto de Veracruz. Sólo es un gran territorio geográfico lleno de guachos.
[2] La nota se refiere al antiguo Presidente de México, José Joaquín de Herrera que en ese momento no era el presidente mexicano, pero lo fue entre 1844-1845 y 1848-1851.
Trabajos citados
Carney, S. A. (2005). The Occupation of Mexico, May 1846-July 1848. New York: Government Printing Offices.
Contraste. (14 de junio de 1847). El Diario del Gobierno de la República Mexicana, pág. 1.
Letter from the Army. (3 de July de 1847). The Mississippi Creole, pág. 2.
Nuevo plan de campaña de los norteamericanos. (1 de febrero de 1847). El Republicano, pág. 3.
Palou, P. Á. (2011). 5 de Mayo de 1862: Edición bilingüe. Puebla: Editorial Las Ánimas.
Refranes antipoblanos, ¿estás preparado para ellos? (Noviembre de 2016). Obtenido de Puebla Dos 22: http://pueblados22.mx/refranes-antipoblanos-estas-preparado/
Rosas Salas, S. (2015). Religión, guerra y ciudad: clero y gobierno local en Puebla durante la guerra con Estados Unidos (1847-1848). Historia Crítica No. 60, 43-60.
The War. (2 de julio de 1847). The North-Carolinian, pág. 2.