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OPINIÓN

América para los americanos… pero, ¿cuáles?

Exploramos el sentido que le ha dado el gobierno de EE. UU. al lema de “América para los americanos”

Alfonso Gómez Rossi

Licenciado en Historia por la Universidad de Arizona, Doctor en Creación y Teorías de la Cultura en la UDLAP. Subdirector del Instituto Universitario Boulanger.

Viernes, Diciembre 26, 2025

El 4 de diciembre de este año, el gobierno de Donald Trump publicó las nuevas directrices de seguridad para Estados Unidos (Nicas 2025). En las treinta y tres cuartillas que lo conforman aparece un tema que afecta directamente a los países del hemisferio Occidental.

La política del presidente revive la “Doctrina Monroe”, enunciada por James Monroe en 1823—hace poco más de doscientos dos años—y que contenía una declaración ambigua por el lenguaje que emplea: su lema, “América para los americanos”, parecía afirmar que Estados Unidos no permitiría que los reinos de España, Portugal o Francia recuperaran las colonias perdidas durante las guerras napoleónicas y de independencia en América Latina (1804–1825) (National Security Strategy of the United States of America 2025, 5).

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En su lectura más optimista, la frase podía interpretarse como un gesto solidario del “decano” de los países recientemente independizados hacia las nuevas repúblicas del continente. Sin embargo, también encierra un trasfondo más oscuro que le propongo que analicemos: la posibilidad de que “América”, entendida como Norte y Sudamérica, fuera reclamada como esfera exclusiva de influencia estadounidense.

Pero antes de abordar esta interpretación política, querido lector, conviene preguntarnos algo más básico: ¿cuál es realmente el nombre de nuestro vecino del norte y por qué importa?

Si usted me responde que el nombre del país es simplemente “Estados Unidos”, le comento que está equivocado. Así como el nombre oficial de México es Estados Unidos Mexicanos, el nombre completo del país vecino es Estados Unidos de América.

Es decir que nuestro vecino país se autonombró “América”, por estar ubicado en el continente que también se llama América. Este detalle, que parece menor, tiene profundas implicaciones cuando recordamos el lema de la Doctrina Monroe.

El nombre Estados Unidos de América empezó a emplearse en documentos oficiales en 1776 y fue adoptado formalmente el 9 de septiembre de ese mismo año, reemplazando el término “las colonias unidas”, simbolizando la independencia ideológica y política de Gran Bretaña (Vallone 2025).

Aunque el nombre ha permanecido igual desde entonces, durante el siglo XIX hubo algunos debates poco serios sobre si debía cambiarse, pues “América” designaba a todo el continente.

En la década de 1790 para conmemorar los trescientos años del “descubrimiento” de América, se propuso en Massachussets llamar al país Columbia en honor a Cristóbal Colón, entonces considerado un gran héroe por abrir el continente al expansionismo europeo (Beagle 2019).

Con el tiempo surgieron otras ideas como nombrar la nación como “República de Washington” o incluso “Alleghenia”, en referencia a la cordillera de ese nombre que se encuentra en Virginia Occidental (Beagle 2019). Ninguna propuesta se popularizó, aunque hubo una que tuvo más ímpetu.

En 1803, Samuel L. Mitchill escribió al presidente Tomás Jefferson proponiendo un nombre que consideraba ideal para la nueva república: “Fredonia” (Mitchill 1803). El término combinaba freedom (libertad) y el sufijo latino -dom (estado, condición o juicio), del cual derivan palabras como don o doña en castellano.

Mitchill argumentaba que el nombre “Estados Unidos” era poco inspirador, meramente un arreglo pragmático entre las trece colonias, y que no reflejaba el espíritu de libertad del nuevo país.

Mitchill aseguraba a Jefferson que “Fredonia” encarnaba la idea de que Estados Unidos era la “casa de la libertad”, especialmente tras la adquisición del territorio francés de la Luisiana. Sin embargo, el nombre nunca fue popular fuera del estado de Nueva York (Mitchill 1803).

Al final, el país conservó oficialmente el nombre de Estados Unidos de América, y a sus ciudadanos se les llama—y se autodenominan—americanos.

Una vez entendido el origen del término “americano”, el lema “América para los americanos” se vuelve aún más problemático. ¿A quién se refería? ¿A todos los habitantes del continente o exclusivamente a los ciudadanos del país que se apropió del nombre “América”?

Estados Unidos ha interpretado la Doctrina de ambas maneras según su conveniencia histórica. A veces se la presenta como un llamado a la unidad continental frente a potencias externas; en otras, como un principio que protege únicamente los intereses estadounidenses.

Así, en 1848, la doctrina Monroe se entendía como una defensa contra una alianza política europea conservadora:

Aunque España reclamaba el derecho de retomar sus colonias, el presidente Monroe no le negó el derecho de reestablecer su dominio sobre ellas; mucho menos afirmaba el derecho de Estados Unidos de interferir en la política de España y sus antiguas colonias, o ser el árbitro y guardián de las naciones de este hemisferio. Lo que declaraba era que el sistema político de Europa no debía extenderse a América para controlar el destino de los países hispanoamericanos. En particular estaba en contra de que se extendiera el gobierno de la Santa Alianza en nuestro continente.” (Niles 1848, 3)

Sin embargo, la interpretación cambió drásticamente un siglo más tarde. En 1961, cuando se volvió evidente que Cuba se tornaría comunista, Robert (Bobby) Kennedy—hermano del presidente John F. Kennedy y entonces Fiscal General—intentó apelar a la Doctrina Monroe para combatir el comunismo, alegando que se trataba de un régimen europeo y que Estados Unidos tenía derecho a invadir la isla por violar la Doctrina (Brusel 1992, 3).

Hoy, con el presidente Trump se habla de “afirmar” y “hacer cumplir” su versión de la Doctrina Monroe, mediante la aplicación del llamado Corolario Trump (National Security Strategy of the United States of America 2025, 5), lo cual no deja dudas sobre su sentido intervencionista.

A la luz del nombre oficial del país, Estados Unidos de América, la frase “América para los americanos” se vuelve confusa e incluso peligrosa. No sabemos realmente quiénes son esos “americanos”, aunque podemos asumir que, con el mandatario actual, el término se refiere principalmente a los intereses estadounidenses, muchas veces en perjuicio de sus vecinos latinoamericanos, canadienses e incluso daneses.

Referencias
Beagle, Jonathan M. «Naming of the Nation.» Encyclopedia.com. 2019.
Brusel, Gabrielle S. «The Cuban Missile Crisis: United States Deliberations and Negotiations at the Edge of the Precipice.» Institute for the Study of Diplomacy, 1992.
Mitchill, Samuel L. «Founders Online.» National Archives. 4 de diciembre de 1803.
National Security Strategy of the United States of America. Washington D.C., 2025.
Nicas, Jack. «La ‘doctrina Monroe’: el intento de Trump de controlar el hemisferio occidental.» The New York Times, 17 de noviembre de 2025.
Niles. «Speech of Mr. Niles on the Proposed Occupation of Yucatan.» Daily National Intelligencer, 24 de mayo de 1848.
Vallone, Dan. «How the Army gave America its name.» Chino Valley Champion, 28 de junio de 2025.

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