La muerte del Obispo Echeverría no fue el único suceso de importancia que involucró a la Iglesia Católica ese 1789, ya que el 17 de mayo de ese año también culminó la beatificación de Sebastián de Aparicio.
Entre 1788 y 1789, después de que la Iglesia Católica estudió los más de 1,300 prodigios que se le achacaban al Venerable, se aprobó su beatificación.
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El 9 de octubre del año que estudiamos, llegó la noticia a la Nueva España que Sebastián de Aparicio había escalado un peldaño más en el camino a la santidad, lo que causó alegría generalizada en el pueblo; se soltaron las campanas al vuelo y se dieron “salvas de cohetes y bombas” por la euforia que causó la noticia de su proceso (México, 1789, pág. 420).
Pero el suceso que más impactó a los poblanos y que los sobrecogió por encima de todo fue que en el firmamento de nuestro estado apareció una aurora boreal.
Las irradiaciones boreales son “Un hermoso fenómeno” en el que se emiten
Rayos luminosos [que] sin elevar la temperatura atmosférica se producen cuando una expulsión de masa solar choca con los polos norte y sur de la zona exterior de la atmósfera de la tierra [lugar] donde surge la aurora, una luz difusa proyectada en la capa de la atmósfera terrestre, compuesta de partículas protónicas que difunden el color (Definición de Aurora Boreal, 2021).
Estas auroras son comunes en las zonas polares, y son vistas como fenómenos cotidianos en los países que se encuentran cerca del círculo ártico o antártico.
Había novohispanos que habían contemplado las auroras antes de 1789.
Consta en escritos que los navegantes que surcaban las olas entre Acapulco y Filipinas, contemplaban las fluorescencias en el sur del Océano Pacífico, aunque afirmaban que no era tan común observarlas por las “continuas nieblas que se forman en aquellos mares” (México, 1789, pág. 446).
Lo que no es común es que veamos auroras boreales en Puebla.
El fenómeno es extraordinariamente bello, pero al ser desconocido en esta región del mundo, tendríamos que preguntarnos ¿cómo reaccionaron nuestros antepasados ante este fenómeno?
La respuesta es que no muy bien.
Lo que sabemos es que las luces en el cielo generaron terror entre nuestros ancestros poblanos que, al ver las refulgencias en el cielo, pensaron en un primer momento que los cerros que rodean al valle de Puebla, se estaban incendiando.
Al observar que la vegetación de los montes no se consumía por el fuego, entendieron entonces que era una señal divina de que el mundo se estaba terminando, como está anunciado en las profecías de San Juan en El Apocalipsis.
No todos los hombres y mujeres que vivían en Puebla pensaban lo mismo.
Recordemos que esta aurora ocurrió a fines del siglo XVIII, centuria denominada como el “de las luces.”
Las personas de pensamiento ilustrado buscaban darles una explicación lógica y racional a los hechos naturales que ocurrían.
Estos hombres ilustrados rechazaban la creencia de que la aurora significara el fin del mundo y, para probarle a la población que no había nada que temer, el Intendente de Puebla, Manuel Flon de Quesada, montó su caballo para comprobar que lo que se observaba en el firmamento, no era nada más que un fenómeno natural que no debía sobrecoger a los habitantes de la intendencia.
Su cabalgata demostró que no había incendios ni nada más que temer: “El señor Intendente (Flon)… salió a desengañar a el pueblo (sic) habría habido tanta turbación como en [la Ciudad de] México donde tocaron plegarias, descubrieron a el Divinísimo, e hicieron otras demostraciones de espanto” (López de Villaseñor, pág. 84). (1)
La aurora no fue un fenómeno localizado en la Ciudad de México y Puebla: se pudo observar en distintas partes del Virreinato, desde las Californias, Sonora y Nuevo México hasta la capital de la intendencia poblana.
Hubo partes del Virreinato donde no se observó el fenómeno, lugares como la Villa de Guadalupe o Teotihuacán, ya que el cielo estaba nublado, lo que les ayudó a los pobladores a no pasar por el miedo que sí se vivió en las partes donde se observó.
“La Gaceta” afirmaba que en Puebla y Tlaxco (Tlaxcala) apareció “más encendida” lo que explica el miedo de la población (México, 1789, pág. 446).
Es interesante que en nuestra ciudad de Puebla, se afirmó en la misma “Gaceta de la Ciudad de México,” que este fenómeno ya había ocurrido treinta años antes.
Llama la atención, porque sí se vivió antes, no quedaba memoria de ese fenómeno entre los habitantes de la ciudad en aquel 1789.
“La Gaceta” explicó a sus lectores que no había nada que temer de las auroras vistas en el firmamento:
La aparición de estas luces ha sido observada en casi todo el orbe terráqueo: que del crecido número que se encuentra en las historias y relaciones literarias, no se sabe que alguna haya hecho el menor daño a las ciudades donde han aparecido: que ellas son unas luces que alumbran y no queman, de diferente naturaleza de los meteoros ígneos que causan tantos estragos todos los años en diversas partes, y que no se temen con aquel horror que causó este fuego aparente, sólo porque él no se ve con tanta frecuencia o porque se ignora su naturaleza (México, 1789, pág. 446).
Como último comentario a este episodio histórico, mencionemos que el escritor Fernando del Paso dejó constancia de la aurora en su novela José Trigo “justo en la página 149,” donde narra el hecho (Villagrán, 2017).
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[1] López Villaseñor afirma que la aurora ocurrió en 1790. Parece improbable porque las crónicas de 1790 no hablan de la aurora, pero sí estuvo descrita en las crónicas de 1789.
Twitter:@Fofi5
Trabajos citados
Definición de Aurora Boreal. (30 de Enero de 2021). Obtenido de Concepto Definición: https://conceptodefinicion.de/aurora-boreal/
Ilmo. Sr. Dr. Don. Santiago José de Echeverría Elguezua de Villalobos (1787-1789). (2019). Obtenido de Arquidiocesis de Puebla: https://www.arquidiocesisdepuebla.mx/index.php/arquidiocesis/obispos-y-arzobispos/obispos/37-excmo-sr-domn-santiago-joseph-de-echeveria
Lessing, E. (14 de Julio de 2020). ¿Qué pasó el 14 de julio de 1789 en Francia? La Razón, pág. https://www.larazon.es/internacional/20200714/m3giv3a72vb7zhonmdwf6aqzji.html.
López de Villaseñor, P. (s.f.). Cartilla Vieja de la Nobilísimas Ciudad de Puebla. En J. P. Salazar Andreu, Algunos aspectos políticos y jurídicos del Obispo de Puebla Salvador Biempica y Sotomayor (1790-1802) (págs. 83-96).
México. (11 de Octubre de 1789). La Gazeta de la Ciudad de México, pág. 420.
Miranda, S. (2014). Hechavarría y Elguezúa, Santiago José. Obtenido de Episcopologio de la Iglesia Católica en Cuba: https://cardinals.fiu.edu/obispos/bio-h.htm
Puebla Enero 24 de 89. (17 de Febrero de 1789). Gazeta de México Tomo III no. 25, pág. 245.
Villagrán, M. (5 de Julio de 2017). ¿Auroras boreales en México? Sí, las hubo y las habrá... Obtenido de Quién: https://www.quien.com/actualidad/2017/07/05/auroras-boreales-en-mexico-si-las-hubo-y-las-habra