Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Regresar del viaje para empezar otro

El desafío de construir una escuela y una universidad a la altura de nuestros tiempos

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Mayo 10, 2021

“Temía mi regreso tanto como había temido mi partida; las dos cosas formaban parte de lo desconocido y lo inesperado. Lo que me había sido familiar, ahora era desconocido; lo único que había cambiado era yo…regresé con “nada” para enseñar de mi experiencia. A través de la comprensión de mi viaje, alcancé la confianza para hacer las necesarias -y difíciles- separaciones de mis antiguas estructuras de vida, que ya no tenían sentido…regresé del viaje para empezar otro”.

Gigamesh. Citado por Edgar Morin como epígrafe de: Educar en la era planetaria.

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La semana pasada dediqué este espacio al tema del incierto regreso a las clases presenciales. En ese artículo comentaba que había que pensar y planear muy bien las cosas porque la reapertura de las escuelas y universidades no solamente implica medidas sanitarias como el gel antibacterial, la toma de temperatura o el uso de cubrebocas y la sana distancia entre estudiantes y profesores sino toda una preparación de las condiciones pedagógicas y socioemocionales que pongan las condiciones de probabilidad para un regreso seguro, no solamente en la parte de salud sino en todo lo que implica el proceso de enseñanza y aprendizaje en cada grado y nivel educativo.

Tampoco se trata de un desafío meramente tecnológico en el que hay que dotar en la medida de lo posible a todas las instituciones educativas de la conectividad a internet y los dispositivos y plataformas necesarias para este regreso híbrido que plantean las autoridades de la SEP en los lineamientos para el inicio del ciclo 2021-2022.

En la conclusión de ese artículo citaba la frase popular “despacio, que llevo prisa” para alertar sobre la necesidad de hacer este alto, realizar la priorización necesaria de las distintas necesidades que van a presentarse en todos los actores del proceso educativo y evitar, usando una frase del filósofo esloveno Slavoj Zizek, que la luz al final del túnel que parece empezar a verse, sea un tren que viene de frente a arrollarnos.

Quienes no leyeron este texto de opinión pueden encontrarlo en la siguiente liga.

https://www.e-consulta.com/opinion/2021-05-03/el-regreso-incierto-la-escuela

Hoy quiero seguir bordando sobre el tema, pero entrar más de lleno a las condiciones pedagógicas, éticas, emocionales y actitudinales que considero indispensables para un regreso seguro que no sea un regreso a lo seguro, es decir, para un retorno a las actividades escolares y universitarias que no sea simplemente un intento de volver a las rutinas que constituían la vida escolar antes de la pandemia y empezar nuevamente a acostumbrarnos que la educación formal no tiene nada que ver con la vida real, con un mundo que pide a gritos un cambio no de programa sino de paradigma como lo señala reiteradamente Edgar Morin.

Para hacer este planteamiento acerca de los elementos que considero centrales para prepararnos para el regreso a las aulas, tomo uno de los epígrafes del libro de este pensador francés que está próximo a cumplir cien años de edad. Se trata de un fragmento del Poema de Gilgamesh o Gilgamésh que está considerado como la obra literaria más antigua del mundo, en la que se narran las aventuras de este gobernante sumerio de Uruk y héroe de la mitología mesopotámica, según nos ilustra la muy socorrida Wikipedia.

Porque considero que de alguna manera este fragmento describe nuestro sentir respecto al retorno al trabajo presencial después de más de un año de dar clases y hacer todo el trabajo de investigación, difusión y gestión de lo académico desde nuestras casas.

Como dice este texto, yo creo que los educadores, los estudiantes y los directivos escolares tememos hoy tanto el regreso como temimos en aquel lejanísimo mes de marzo de 2020 la partida hacia un confinamiento que creíamos duraría unas cuantas semanas y se prolongó prácticamente año y medio.

Las dos cosas -la partida a iniciar la aventura de la educación a distancia en ese momento de inicio de la pandemia en nuestro país como el regreso a las aulas en dos o tres meses -en algunas universidades ya iniciaron las actividades prácticas de las carreras de las áreas de Salud y Ciencias Biológicas- para retomar las actividades presenciales, aunque sea al principio de manera híbrida, formaban y forman parte de lo desconocido y de lo inesperado.

Ninguno de nosotros podía asegurar cuando cerraron las escuelas cómo se iba a desarrollar el trabajo en casa. El reto no siempre superado de mantener la motivación y el interés de los estudiantes no estando presentes en la escuela sino en el mundo lleno de distractores y tensiones de su hogar, el desgaste físico, mental y emocional que iba a implicar para los educadores el trabajo desde casa en el que se diluyeron o se borraron completamente las fronteras entre lo laboral, lo familiar y lo personal, en el que como nunca la atención a los estudiantes -y muchas veces, de manera más exigente y no siempre comprensiva de los padres y madres de familia que irrumpieron en el proceso educativo de sus hijos de un día para otro- y el incremento de las exigencias burocráticas de recopilación y envío de evidencias.

Ninguno de nosotros puede tener claridad en este momento sobre lo que va a pasar el día o los primeros días y meses en que la escuela vuelva a abrir y nos reencontremos frente a frente con nuestros estudiantes que tal vez han perdido hábitos y disciplina para concentrarse en su formación o han sufrido crisis emocionales por la pérdida de familiares o amigos cercanos, ni cómo vamos a reaccionar los docentes mismos tanto en la parte de los mismos hábitos de trabajo presencial como en nuestra situación mental y emocional para afrontar el regreso con todo lo que ha cambiado para siempre en el modo de convivir de los seres humanos.

Lo que hasta marzo de 2020 nos había sido familiar, ahora se ha vuelto desconocido. Todo ha cambiado pero tal vez lo más relevante es que nosotros somos los que hemos cambiado.

De ahí la necesidad de vaciar nuestras mochilas de los viejos métodos, de los anacrónicos discursos y visiones de la vieja escuela para regresar con “nada”, es decir, sin cargas que nos lastren la búsqueda de lo nuevo, de lo que tendremos que construir entre todos para lograr no una “Nueva Escuela Mexicana” desde una visión ideologizada e ideologizante sino la verdadera escuela reformada en la que se retome todo lo que era valioso de la época pre-pandemia y se revolucione todo lo que haya que transformar radicalmente para construir la pertinente nueva escuela planetaria de la que ya he hablado anteriormente en este espacio.

Regresar con nada para enseñar con humildad desde nuestra experiencia, de lo que vivimos y aprendimos durante estos meses eternos de confinamiento y trabajo a distancia obligado por las circunstancias y marcado por el miedo y la sombra de cientos de miles de mexicanos fallecidos y mucho más contagiados que padecieron esta nueva enfermedad o de las situaciones de violencia intrafamiliar que se incrementaron por la tensión del encierro y de la convivencia más intensamente cercana y casi sin pausa.

Volver sin nada para a través de la comprensión de nuestro viaje en este año, alcanzar la confianza para hacer las muy necesarias y también muy complicadas separaciones de nuestras antiguas estructuras de vida que ya no tenían sentido pero no nos habíamos dado cuenta y que ahora, necesariamente tendremos que transformar.

Regresar de un viaje largo de más de un ciclo escolar, para empezar otro en el que nos espera la tentación de volver a la rutina pero también la aventura y los desafíos de construir una escuela y una universidad a la altura de nuestros tiempos, que se vuelva por fin parte de la solución a los graves problemas del mundo y deje de ser parte del problema.

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