Se estima que más de treinta personas perdieron la vida en una explosión que destruyó dos viviendas--una en la calle del Costado de San Pedro número 6, y la otra, en la Calle de las Cruces número 9-- dañando a la vez las construcciones vecinas, y poniendo en peligro a los pacientes del Hospital General del Estado.[1]
El evento ocurrió a las 4:15 de la tarde.
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La casona donde ocurrió el desastre era un edificio que servía a distintos usos: en parte servía como oficinas, también era casa de algunas familias, ya que algunas de las piezas estaban habitadas, y también era la fábrica que elaboraba los cigarros “El César.” Esta última empleaba a cuarenta y cinco operarios que elaboraban los cigarrillos.
Un narrador anónimo cuenta que el incidente ocurrió de la siguiente manera:
Las torcedoras notaron que la gasolina debía estarse derramando por la rotura de algún bote o del depósito, según algunos, o según otros, porque el Sr. D. Macario Rivera, dependiente principal de la fábrica, abría algún bote del combustible y, con el choque del instrumento con que se ejecutaba esta operación, se produjo fuego, que instantáneamente inflamó toda la existencia de gasolina que estalló, produciendo un trueno horroroso que sacudió la casa… rompiendo todas las vidrieras, y derramando gasolina en toda la galera de la fábrica, cuyo pavimento en parte era entarimado de madera (¡Horrible desgracia!, 1885, pág. 3).
Cuatro sobrevivientes explicaron que la conducta irresponsable de Macario Rivera propició más pérdida de vidas ya que, cuando comenzó el incendio, el dependiente de la fábrica reunió a los cincuenta empleados en una pieza de la casona, alegando que era mejor estar encerrados para esperar a que pasara la conflagración. Les informó que sólo estaban espantados por el incendio y que exageraban el peligro causado por el siniestro. Los trabajadores encerrados en esa pieza declararon que solo pudieron escapar de la casona cuando el incendio quemó la puerta que los detenía en la habitación (General Mexican News, 1885).
A la calle salieron despavoridos los empleados de la fábrica de “El César” sufriendo terriblemente porque “el fuego les había consumido momentáneamente toda su ropa, hasta el grado de no arder solo lo que tenían fajado de la cintura por la presión de la misma ropa.” Algunas de las víctimas se tiraron a la fuente de una casa vecina para apagar las llamas que los quemaban (¡Horrible desgracia!, 1885).
Otros habitantes de la casona pudieron escapar sin tanto problema:
El Sr. D. Antonio Rosales, que habitaba la casa, se hallaba en la pieza entresolada contigua al zaguán, donde había una mesa de billar y acostumbraba reunirse con varias personas por distracción, y esta vez se encontraba ahí con su Sra., el Sr. D. Félix Pérez y algún otro amigo: en el acto que notó lo ocurrido, su primera providencia fue abandonar la casa en compañía de su familia y criados, trasladándose a la casa de la acera de enfrente núm. 5 de la misma calle, propiedad y habitación del Sr. Lic. D. Manuel Arrioja (¡Horrible desgracia!, 1885)
Desde uno de los balcones de la casa una niña se encaramó a la balaustrada gritando desesperada porque la rescataran, ya que el departamento estaba envuelto en llamas.
El padre de la niña contemplando la escena desde la calle gritaba desesperado porque alguien hiciera algo para rescatar a la criatura. Algún buen samaritano eventualmente colocó una escalera contra el balcón y fue así como pudieron rescatar a su hija de la casa que se había convertido en un infierno (General Mexican News, 1885).
Al iniciarse el desastre se dio parte a los “Cuarteles de la Federación, a la Jefatura Política y a la Policía de la Ciudad” (¡Horrible desgracia!, 1885). Arribó al poco rato el gobernador Rosendo Márquez con cuatro secretarios, y dio órdenes para tratar de contener el incendio a la casona del Costado de San Pedro, y evitar que se expandiera por toda la cuadra.
Se temía que, si se alimentaba el fuego, dañaría al Hospital General del Estado, ya que las chispas volaban hacia la azotea de ese inmueble, y en el techo, colindando con la casa del siniestro, se encontraba “un jacal de madera con “cuatrocientas arrobas de totomoztle (sic)” que era altamente inflamable. [2]
Se planteó trasladar a los enfermos del hospital a la Casa de las Diligencias, que ofreció el Lic. Antonio Freyra para salvar a los enfermos, pero no fue necesario el traslado ya que la hoguera cesó antes de dañar al hospital (¡Horrible desgracia!, 1885).
Una vez concluido el incendio, alrededor de las 6:00 de la tarde, se procedió a rescatar a posibles heridos debajo de los escombros, y se descubrieron los restos de las desafortunadas víctimas del percance.
Sólo se pudo identificar a las víctimas “por los números de sus útiles de trabajo, pues de otra manera no hubiera sido posible su conocimiento” (¡Horrible desgracia!, 1885). Se traslado a los heridos al hospital para tratar sus heridas.
El incendio fue terrible, el costo de vidas atroz: se calculó que se perdieron treinta vidas debido al siniestro.
La explosión destruyó la casa donde estaba la fábrica y también la de atrás en la calle de las Cruces número 9, mientras que las de los lados sufrieron diversos daños (General Mexican News, 1885).
Aquí tendríamos que cuestionar ese refrán que reza que “todo tiempo pasado fue mejor” para descubrir que no siempre fue así.
El periódico mexicano de habla inglesa The Two Republics explicó que la conflagración se debió a una falta de organización por parte del H. Ayuntamiento:
Si Puebla hubiera tenido un hidrante con buena presión para el agua y un carrete de manguera estadounidense o una autobomba, se habría podido triunfar sobre la conflagración. [A falta de bomberos] los soldados, policías y algunos voluntarios trataron de extinguir el fuego a cubetadas de agua; pero la brigada de las cubetas se dio cuenta que en realidad sólo estaban alimentando el fuego y cesaron (General Mexican News, 1885).
Se calcula que la pérdida causada por el incendio fue de $135,000 pesos, de los viejos. En la actualidad, se calcularía que el perjuicio actualmente tendría un costo de $3,660,504.12 dólares (General Mexican News, 1885).
Twitter: @Fofi5
Trabajos citados
¡Horrible desgracia! (25 de Marzo de 1885). El amigo de la verdad, págs. 2-3.
General Mexican News. (31 de Marzo de 1885). The Two Republics: City of Mexico.
General Mexican News. (28 de Marzo de 1885). The Two Republics: City of Mexico.
Totomoxtle. (2021). Obtenido de LarousseCocinaMx: https://laroussecocina.mx/palabra/totomoxtle/
[1] La casa donde ocurrió el incidente se encuentra en la avenida 2 oriente 206. En la jamba de cantera aun se puede apreciar el número 6. Ver Google Maps: 207 Av 2 Ote - Google Maps. La casa de Las Cruces 9 se encuentra en la 4 Oriente 209: Ver Google Maps: 206 Av. 4 Ote. - Google Maps. El Hospital General del Estado es actualmente El San Pedro Museo del Arte, anteriormente conocido como El Museo Poblano de Arte Virreinal, ubicado en la calle 4 norte 203.
[2] Totomoxtle: Del náhuatl totomochtli. Hojas secas, rugosas y quebradizas que envuelven la mazorca del maíz. Por su resistencia se emplean para envolver tamales (Totomoxtle, 2021).