La educación superior y la justicia social

Viernes, Septiembre 18, 2020 - 12:14

El papel de la universidad como impulsora de la justicia social

Licenciado en Historia por la Universidad de Arizona, Doctor en Creación y Teorías de la Cultura en la UDLAP. Subdirector del Instituto Universitario Boulanger.

Querido Lector, le planteo la siguiente pregunta: ¿cree Usted que la universidad debe existir para el servicio de la justicia social?

Es la pregunta que le invito que nos hagamos en esta ocasión, querido Lector.

En días pasados el  Doctor Melitón Lozano Pérez, Secretario de Educación Pública del Estado de Puebla, afirmó que la universidad está para “promover la transformación de las estructuras de injusticia y desigualdad, a través de la docencia, la investigación y la proyección social, para ponerlas al servicio de la justicia social.” (Carrizosa).

La importancia de esta declaración es el énfasis que se le coloca a la justicia social, pero ¿qué es lo que debemos entender por este término?

En significados.com encontramos la siguiente definición sobre justicia social que “es un valor que promueve el respeto igualitario de los derechos y las obligaciones de cada ser humano en determinada sociedad” (Significado de Justicia social), un principio que es bueno en sí, ya que habla de dar a cada quien lo que merece.

El Secretario de Educación Pública planteó que tras el cambio de régimen a partir de la llegada de MORENA al poder, existe el reto de transformar las Instituciones de Educación Superior (IES), ya que tras veintiocho años de un modelo educativo neoliberal, permearon

Aspectos negativos como la falta de maestros, de equipamiento y de permanencia de alumnos, además de una fuerte pobreza, inseguridad y población analfabeta. No obstante, dijo que el estado tiene la infraestructura de IES más importante del país. ‘Ahora el modelo educativo debe contribuir a disminuir estas desigualdades y promover el desarrollo económico y sociocultural de las 32 regiones del estado’ (Carrizosa)

La afirmación genera dudas, al manifestar que el sistema anterior sólo generó problemas, pero no lo contextualiza dentro de un marco histórico que nos ayude a comprender cómo es que existe el modelo universitario neo-liberal, que para la administración actual es problemático.

El sistema neo-liberal que se critica actualmente no es un modelo que se haya generado en México, sino que tiene sus orígenes en la Alemania del siglo XIX.

El sistema universitario moderno que es practicado en Europa y Norteamérica es denominado el sistema humboldtiano, en honor a Guillermo von Humboldt, hermano del explorador Alejandro von Humboldt, de quien guardamos en Puebla un cariñosos recuerdo.

El modelo anterior a este, la Universidad Renacentista, estaba preocupada por la formación moral de sus estudiantes y a la vez, buscaba formar empleados capaces entre los hijos de la clase media para nutrir la burocracia (Zárate González).

En el modelo universitario de Guillermo von Humboldt, la enseñanza no consistía en sólo transmitir los conocimientos populares en un momento determinado, sino que también se buscaba generar nuevos conocimientos y además, observar la acción y las consecuencias que tiene la creación de nueva erudición. Para el docente significa también ser parte de una comunidad de académicos, con miembros de diferentes ramas del conocimiento, dedicados a crear nuevos entendimientos (Schmitt).

Humboldt propuso tres puntos que deben ejercitarse en la universidad:

1.- El propósito de la educación universitaria es enseñar a los alumnos a pensar de manera efectiva, utilizando la razón y cuestionando creencias fijas o rígidas,

2.- La investigación es de importancia central en la universidad y la comunicación efectiva entre los docentes y los alumnos se logra a partir de la unión de la investigación y la docencia, y

3.- La universidad moderna existe para el beneficio de los alumnos y la sociedad, pero debe funcionar como una entidad independiente del Estado, de intereses económicos  y de la Iglesia (Schmitt).

A partir de lo planteado se presenta un choque entre el modelo universitario que se fundó en Alemania en la época napoleónica y la visión particular de la educación universitaria en la cuarta transformación.

Para el presidente Andrés Manuel López Obrador, la visión de la universidad humboldtiana se quedaría coja, ya que en su visión, la universidad actual no imparte conocimientos que llevan al individuo a ser pleno: “La felicidad no es sólo acumular bienes materiales… es estar bien con uno mismo, con nuestra consciencia, con el prójimo” (Blancarte 60), lo que conduciría a afirmar la importancia de que la universidad sea fuente de justicia social.

El investigador Bernardo Barranco no duda en afirmar que los principios que enuncia el Ejecutivo van de la mano con una ideología moralista, basado en principios cristianos que contravienen el artículo 3 de la Constitución de nuestro país. Barranco afirma que La Constitución Moral que presentó el Presidente, señala la decadencia moral que nuestro país ha vivido durante “muchos años,” debido a los errores cometidos por la ideología neo-liberal (Blancarte 76).

Para el Presidente López Obrador la decadencia que percibe en nuestro país tiene dos causales: “la corrupción del régimen y la falta de oportunidades de empleo y satisfactores básicos, como por la pérdida de valores culturales, morales y espirituales.[1]

En este discurso la educación superior tiene un rol particular para fomentar valores culturales, morales y espirituales.

La pregunta es: ¿quién determina estos valores? En lo que resta del sexenio, será el Ejecutivo y el partido en el poder quién determinará y definirá cuáles son esos valores de los que habla, ya que en términos llanos, estos son subjetivos y dependen de la persona que los interpreta.

La universidad como fuerza moral que enseña la Justicia Social no es mala idea. El sistema de universidades Jesuitas del país lo ha planteado y enseñado desde hace algunas décadas, pero el proponer que las universidades sean usadas para enseñar un tipo de moralidad involucra principios religiosos que podrían violentar el artículo 3 constitucional, “donde se afirma que la educación será laica y, por tanto, se mantendrá por completo ajena a cualquier doctrina religiosa” (Blancarte 76).

La idea de que las universidades deben ser semilleros de justicia social no es un mal propósito, pero es reduccionista, ya que el rol de la universidad es mucho más complejo que eso. Como se puede deducir de los objetivos de la universidad moderna, hay temas que involucran a la academia que trascienden los objetivos de la presente administración.

La universidad puede efectivamente ser el parangón y el espejo de lo que debe ser la justicia social, pero también debe ser un lugar donde neutral e independiente de los poderes fácticos donde se impartan una serie de conocimientos y se haga investigación que enaltezca al ser humano.

Twitter: @Fofi5

[1] [Énfasis del autor]


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