La sociedad de nuestro país aún es conservadora frente al uso recreativo del cannabis, sin embargo la futura secretaria de gobernación: Olga Sánchez Cordero, ex ministra de la Suprema Corte de Justicia, una persona de amplio criterio, ha puesto sobre la mesa varios temas controversiales, igualmente importantes y fundamentales en la agenda de nuestro país. La futura secretaria de gobernación hace unas semanas propuso la legalización del cannabis, ya que las políticas anti drogas, han tenido un efecto contrario en México; “solo han dejado una estela de sangre y dolor en nuestro país”, según las propias palabras de la futura funcionaria.
El ex presidente Felipe Calderón le declaró la guerra a los narcotraficantes, no obstante su táctica de seguridad resultó un fracaso, no se pudieron exterminar los cárteles, y ocurrió lo contrario, la violencia se propagó. “Para que la droga no llegue a tus hijos” fue el lema de esta política. Los resultados de esta guerra son más de 150, 000 muertos y 30, 000 desaparecidos aproximadamente (Aristegui noticias, 2016). Para el escritor mexicano Juan Villoro, el Estado ha perdido soberanía, la desigualdad social ha aumentado y no ha bajado el consumo de drogas. Además destaca que en esta administración, el mismo ex presidente panista evidenciaba la estadística de 7.5 millones de “ninis” (ni estudian, ni trabajan), pero tampoco hizo nada por solucionarlo.
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El problema fue empoderar a los militares, sacarlos a las calles, combatir a los grupos organizados con la misma violencia. La ciudadanía lejos de vernos resguardados sentíamos lo contrario. La desconfianza en las instituciones ha crecido gracias a los actos de corrupción y a los abusos de autoridad.
Tampoco funcionaron las políticas de seguridad del presidente Peña Nieto; es así, que la próxima administración liderada por AMLO propone romper esquemas y gobernar desde otra perspectiva. Para Sánchez Cordero la opción es legalizar su consumo, lo cual tendrá como fin regular su uso pero también sería una herramienta para lograr la paz social.
En su artículo “Justicia transicional: política de drogas. Primero la salud, fin a la violencia” publicado en Milenio, Olga Sánchez Cordero afirma que criminalizar el consumo no ha disminuido el uso de estupefacientes, la obtención ilegal de las drogas crea un riesgo para los usuarios y solo beneficia a las redes criminales (Milenio, 2018).
Señala que 23, de 50 países con mayor número de consumo de drogas (lista encabezada por EE.UU) tienen mercados lícitos del cannabis para uso lúdico y medicinal. En fechas recientes Uruguay, Suiza y Nueva Zelanda han optado por la legalización a través de un contexto regulatorio responsable basado en evidencias científicas de sociólogos, psicólogos, economistas y politólogos (Milenio, 2018).
La discusión sobre la legalización del cannabis, tiene tres vertientes: la primera, que es muy importante, se basa en un contexto social, es decir para eliminar la violencia, descriminalizar su uso y evitar la ganancia de los narcotraficantes; la segunda está basada en el uso medicinal, cabe destacar que en México el cannabis ya está legalizado para fines médicos y científicos. Dentro de su artículo Sánchez Cordero señala lo importante que es el derecho a la salud para los mexicanos y del compromiso del Estado para garantizarlo; y por último pero no menos importante para su uso recreativo, dentro de lo cual es urgente su regularización para que su uso sea controlado en su consumo pero también en su calidad.
En el texto “Marihuana medicinal” de los autores: Benjamín Ruíz Gutiérrez y Benjamín Ruíz Loyola publicado en la revista de difusión científica de la UNAM “Cómo ves” (UNAM, 2016), escriben acerca del tema y explican que el cannabis no es sólo una planta sino una familia completa, estas tienen sustancias llamadas cannabinoides, y estos compuestos químicos, en particular el tetrahidrocannabinol (THC) y el cannabidiol, producen efectos en el organismo, algunos de los cuales afectan la función cerebral. En general, el THC genera sensación de bienestar y tranquilidad, reduce la ansiedad y puede provocar euforia. Además, puede estimular el apetito y reducir las náuseas y los espasmos, además de reducir la percepción del dolor. Claro, también los autores advierten sobre los efectos del uso excesivo de estas plantas.
Como ya se mencionó, en México, en 2016, se aprobó el uso medicinal de la marihuana, donde se establece al tetrahidrocannabinol "como una sustancia psicotrópica con valor terapéutico" que no representa un problema de salud pública cuando sus concentraciones de los isómeros indicados en la ley sean menores o iguales al 1 %. El dictamen retira a la marihuana la categoría de "vegetal prohibido" para permitir su siembra, cultivo, cosecha, preparación, adquisición, posesión, comercio, transporte, suministro, empleo y uso con fines médicos y científicos (El País, 2017).
Este fallo a favor del uso medicinal de la marihuana tuvo que ver también con la lucha de los padres de la niña Graciela originaria de Monterrey, de entonces ocho años, con síndrome de Lennox quien sufría 400 convulsiones diarias, fue en agosto de 2015 cuando obtuvieron un amparo que les permitió importar una medicina con cannabidiol que les ayuda a regular la enfermedad de su hija. También en noviembre a través de un fallo de la Suprema Corte de Justicia: cuatro personas obtuvieron un amparo para sembrar, cultivar y consumir marihuana para uso recreativo y sin fines de lucro.
Si se llegara a aprobar el uso del cannabis en nuestro país y a nivel internacional, principalmente en todo Estados Unidos (sólo en Alaska, California, Colorado, Maine, Massachusetts, Nevada, Oregon, Washington y Washington D.C está regulado) México tendría una gran oportunidad frente a este mercado si se le abriera la posibilidad de exportación de esta planta, nuestro país tendría una mayor ganancia por la vía legal, además de un mayor control.
Lo más importante es que la aprobación del uso recreativo del cannabis tendría un efecto positivo para la paz y seguridad de los ciudadanos, ya que los narcotraficantes tendrían un producto menos que comercializar y ya no habría cabida para la criminalización ni de quien la usa, ni de quien la venda, además que la calidad sería supervisada. Los espacios para su venta y consumo obviamente tendrían que estar regulados y supervisados, tal como lo hacen en los lugares donde está aprobado su uso recreativo, lejos de los niños y de los no consumidores.