Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Mi primera vez

Perspectivas de una joven que mira sus decisiones para conocer a su país. Sus motivos.

Daniela Ruiz Vélez

Es egresada de la Licenciatura en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana de Puebla. Trabajó en el Center for Immigrant and Refugee Accompaniment (CIRA) en Loyola University en Chicago. Sus áreas de interés son: la relación bilateral entre México y Estados Unidos, y la política exterior de EE. UU.

Viernes, Julio 6, 2018

El primero de julio de 2018 es, sin duda, una fecha que se quedará archivada en mi memoria. Una noche antes de ejercer mi derecho al voto por primera vez, me encontraba ansiosa e indecisa. Conforme he ido creciendo, he visto a mi país convertirse en una fosa; en ella caen diariamente cuerpos de jóvenes, de periodistas o simplemente de un mexicano que tuvo la desfortuna de cruzarse con los poderes criminales.

 

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Sabía que mi voto debía ser consciente e informado, pero más que nada significativo. La mañana del domingo me levanté todavía indecisa, tal fue mi duda que decidí ya teniendo boleta en mano. No obstante, una vez que mis votos se encontraban en la urna me notaba distinta, el peso de decidir había cedido y era reemplazado por pequeños indicios de esperanza. Al final, más allá de las cosas con las que discrepo del candidato escogido, opté por priorizar en las buenas razones para apoyarlo.

 

Posteriormente, me dirigí a mi habitual comida familiar, de esas que espero cada domingo, no sólo por el aprecio que les tengo sino por las tan necesarias grillas domingueras. Quizá sea solo mi percepción, pero este domingo era distinto, se nos veía más alegres y seguros de que aún quedan posibilidades para un México nuevo, uno seguro, libre, tolerante y sobre todo uno democrático. Inquietos, nos dedicamos a esperar los resultados con la compañía de Carmen Aristegui.

 

Las horas pasaban y la victoria se sentía cada vez más cerca, como niña con ganas de hacer travesuras esperaba deseosa los lamentos de muchas personas de mi círculo cercano, y así fue, poco a poco comencé a ver tweets condenando la ignorancia del pueblo mexicano, los sentimientos clasistas de jóvenes que, por desgracia, viven inmersos en una burbuja… En ella, se limitan a disfrutar de sus placeres culposos y sus privilegios, ven sólo lo que les conviene y lo que no, deciden pasarlo de largo con el truco de hacerse de la vista gorda ¡Pobres!, pensaba.

 

Sin embargo, lo que en un principio comenzó siendo cómico se fue transformando en coraje y decepción. Dentro de los comentarios recuerdo palabras como: “retrasados mentales”, “indios”, “huevones”. Lo más triste es que en esas cabezas suyas están convencidos de que el triunfo a Andrés Manuel López Obrador, se lo dio el pueblo pobre, esos que viven en un realidad alterna, personas ignorantes y sin educación. No niego que existen mexicanos flojos, conformistas y mediocres, pero personas así están presentes hasta en los países más desarrollados.

 

A todos ellos que tienen miedo y que condenan alrededor de cincuenta por ciento de los mexicanos, me gustaría aclararles que estudiantes, académicos y es más hasta empresarios, también votamos. Personas informadas y conscientes, con ganas de sacar adelante a este país. Y les deseo que un día rompan esa burbuja que los protege y los aleja de la preocupación por el otro. Qué lindo debe ser vivir ajeno al dolor, al hambre, a la enfermedad. Fue un tweet el que me dejó helada, decía algo así como: “Hoy es el día más triste para la historia moderna de México”. Perpleja, recordé Ayotzinapa, Atenco, el incendio de la guardería Abc, la fallida guerra contra el narco y todas las cientos de desgracias que han ocurrido en este país.

 

Sin dedicarles más líneas, prefiero hablar de lo que sí representa la victoria de AMLO. Primero, le reconozco la perseverancia, no cualquiera aguanta tres elecciones presidenciales. A pesar de que, como ya dije, hay cosas que no me gustan; lo que celebro de su victoria es lo que significa para la democracia mexicana. En el año 2000 el país entero estallaba con Vicente Fox en la presidencia, la alternancia se hacía real y la transición a un verdadero sistema democrático pintaba las riendas de México color de rosa. Mas, tristemente, no fue así. Se dio un paso para después retroceder dos con la remontada del PRI a los Pinos en 2012.

 

Pero la historia fue diferente el domingo pasado, ese día millones de mexicanos le dijimos al PRI: ¡a la chingada!, mientras que al PAN se le dio la lección de que ya el pueblo mexicano no perdona tan fácil, ya no olvidamos la sangre derramada. Nos cansamos de la violencia y del despojo, y ahora sí, con un poco de valentía se le dio la oportunidad a la izquierda. Abuelo, donde quiera que estés, déjame decirte que tenías razón. No había manera alguna de que acabara siendo de derecha. En fin, es ese el triunfo que yo festejo.

 

Finalmente, quiero decir que me siento confiada, porque aun cuando convivo con muchos que piensan que Anaya o incluso Meade (sorprendente) son lo que necesitaba el país, ideas que aunque no concuerde respeto, también conozco a muchos otros que tienen deseos de luchar, de exigir, y sobretodo, de cumplir las obligaciones que nos corresponden como ciudadanos. Soy una más de los que soñamos con un México distinto, pero para lograrlo necesitamos seguir actuando ya no se puede mirar atrás. Al PRI, le advierto que la batalla final para derrocarlo totalmente ya comenzó. Te encargaste por muchos años de mover a este país en tu tablero de ajedrez, pero el domingo la ciudadanía ya no eligió entre blanco o negro. ¡Cuidado! Y así, aunque sigas utilizando tu veneno, yo te prometo que nunca dejaré de luchar para que mi México, nuestro México, nunca más vuelva a caer en las garras de la bestia.

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