Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿El fin del chavismo?

La falta de transparencia en los resultados ha puesto a Nicolás Maduro contra las cuerdas

Daniela Ruiz Vélez

Es egresada de la Licenciatura en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana de Puebla. Trabajó en el Center for Immigrant and Refugee Accompaniment (CIRA) en Loyola University en Chicago. Sus áreas de interés son: la relación bilateral entre México y Estados Unidos, y la política exterior de EE. UU.

Jueves, Agosto 15, 2024

A poco más de dos semanas de los comicios presidenciales en Venezuela es difícil determinar si la crisis poselectoral que se vive por las múltiples irregularidades denunciadas por la oposición y la comunidad internacional desembocará en el fin del régimen dictatorial que encabeza Nicolás Maduro.

En este desaseado proceso electoral, el exembajador y candidato de la Plataforma Unitaria Democrática, Edmundo González, se enfrentó a Maduro en las urnas. González fue respaldado por la abanderada de la oposición María Corina Machado, a quien se le impidió presentarse y quien es sumamente popular entre la población, por lo que las expectativas de que su candidato obtuviera la victoria eran altas.

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No obstante, el lunes 29 de julio el Consejo Nacional Electoral (CNE) informó que de acuerdo con sus cifras, al concluir el cómputo del 80 por ciento de las mesas escrutadas, Maduro había obtenido 51.20 por ciento de los votos, mientras que su contrincante estaba abajo por siete puntos porcentuales. Cabe señalar que el CNE no dio a conocer públicamente los datos desglosados de dichos resultados (Dib y Bare, 2024) ni las actas. Desde entonces el país ha presenciado múltiples protestas de la población que han sido fuertemente reprimidas, así como demandas de otros países y organizaciones internacionales que se hagan públicas dichas actas.

Sólo para recordar, en 1998 Hugo Chávez fue elegido democráticamente como presidente de Venezuela y con ello inició un gobierno de ‘inspiración socialista’, que en realidad lo que ha hecho durante 25 años es afianzar el autoritarismo en el país sudamericano. Nicolás Maduro, el protegido de Chávez, llegó al poder en 2013 tras la muerte del expresidente  y al resultar ganador en las elecciones por un estrecho margen (Glatsky, 2024).

En 2018 Maduro logró la reelección con 68 por ciento de los votos y con un porcentaje de participación de apenas 46 por ciento de los electores. Su oponente, Henri Falcon, no reconoció los resultados y EE. UU. denunció fraude electoral, e incluso llegó a considerar el respaldar un golpe de Estado que resultó fallido (CNN, 2019). A comienzos de 2019, el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, se declaró presidente interino y recibió el respaldo internacional de unos sesenta países, incluyendo a muchos latinoamericanos (Bermúdez, 2024). Así estalló una crisis política, social y económica que provocó la salida de miles de venezolanos del país, situación que ha ido en aumento: según la ACNUR (2024), hay alrededor de 7.7 millones  de migrantes y refugiados provenientes de Venezuela en el mundo.

La relevancia de estas elecciones y de cómo se desarrolle la disputa poselectoral es de suma importancia por varias razones: en primer lugar, según los expertos, el cambio de liderazgo podría contribuir de forma positiva a frenar la migración masiva y aliviar aunque sea un poco una crisis humanitaria sin precedentes en el país; en segundo lugar, está en juego  el futuro de las reservas de petróleo de Venezuela y, finalmente, la continuación o salida de Maduro repercute también en las alianzas con países que están desafiando la hegemonía estadounidense como lo son China, Rusia e Irán  (Glatsky, 2024).

Al respecto de estas alianzas, baste decir que Rusia ha sido clave para mantener a flote al madurismo y su gobierno. En palabras de Mauricio Meshoulam (2024), al mismo tiempo que Guaidó se autonombraba presidente, Vladimir Putin mandaba dos aviones bombarderos estratégicos Tupolev Tu-160 al aeropuerto Simón Bolívar e informaba que se estaba contemplando el despliegue de dichos bombarderos en el país. Otra señal de que Maduro tenía el respaldo del Kremlin fue la visita a Moscú de la vicepresidenta Delcy Rodríguez. Esto es un ejemplo más de la complejidad del sistema internacional y de cómo lo que sucede al interior de un país, también depende en buena medida de lo que se mueve en el exterior.

Regresando a la situación actual, sobra decir que la falta de transparencia no sólo del conteo de los votos el día de las elecciones, sino del desarrollo de la contienda en general, cuyas condiciones fueron injustas y violatorias de los derechos civiles y políticos de los venezolanos, hace que el triunfo de Maduro carezca de legitimidad.  La cuestión es que este resultado era bastante predecible, pero lo que no está todavía escrito es si por fin, la presión interna e internacional serán capaces de llevar al madurismo al punto de quiebre.

Pese a la represión, miles de venezolanos han tomado las calles y alzado la voz en contra de un régimen que ha salvaguardado los intereses de unos pocos a costa de violentar los derechos de la mayoría. De acuerdo con cifras de Human Rights Watch, para la tarde del 31 de julio, al menos veinte personas habían perdido la vida como consecuencia de la represión. Además, el Fiscal General, Tarek William Saab, cifró el número de arrestos en 1,062 en ese mismo período, los cuales, según observadores, son muchos más (Dib y Bare, 2024).

En cuanto a la posición de los actores internacionales, lógicamente EE. UU. está jugando un papel importante y ya ha expresado sus demandas en contra del proceso electoral. Incluso hay rumores de que el gobierno de Joe Biden está negociando con Maduro el otorgarle amnistía a cambio de que salga del país, aunque esta información ha sido negada por la administración Biden.  Por otro lado, los gobiernos de Brasil, México y Colombia también han unido esfuerzos diplomáticos para tratar de disipar la crisis post-electoral, pero tampoco han logrado un resultado concreto.

Y si a esto le añadimos las acciones que realizan países como Rusia e Irán, a los que les conviene para sus intereses geopolíticos que se mantenga el gobierno de Maduro, veremos que la situación se complejiza; en particular porque Rusia se encuentra luchando su propia guerra con Ucrania e Irán está estrechamente involucrado en el conflicto entre Hamás e Israel.

Como dije en un inicio, todavía es pronto para plantear un escenario definitivo, pero es necesario hacer hincapié en que la crisis venezolana ya está más que rebasada y que si Maduro sale vencedor y logra mantenerse en el poder una vez más, la crisis migratoria se profundizará. Sin mencionar que esto representará de nuevo, una gran derrota para las democracias latinoamericanas que siendo muy honestos se debilitan cada vez más.

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