Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

México-Estados Unidos: una relación en pausa

Sheinbaum debe replantear su estrategia con EE. UU. si quiere enderezar el rubro de la relación

Daniela Ruiz Vélez

Es egresada de la Licenciatura en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana de Puebla. Trabajó en el Center for Immigrant and Refugee Accompaniment (CIRA) en Loyola University en Chicago. Sus áreas de interés son: la relación bilateral entre México y Estados Unidos, y la política exterior de EE. UU.

Viernes, Agosto 30, 2024

El martes 27 de agosto, AMLO decidió poner en “pausa” las relaciones con las embajadas de Estados Unidos y de Canadá, después de que ambos países expresaran públicamente sus preocupaciones ante la iniciativa de reforma al poder judicial y el impacto que podría tener en la relación trilateral. La presidenta electa de México, Claudia Sheinbaum, optó por respaldar la decisión de López Obrador y una vez más mostró su resistencia a deslindarse del obradorismo, lo que es un error que acabará pagando el gobierno entrante y que de seguir en esta tesitura será uno que le saldrá muy caro en lo que respecta al estado de la relación bilateral con EE. UU.  

La semana pasada, Ken Salazar, el embajador de los Estados Unidos en México, manifestó que la propuesta de reforma judicial del presidente mexicano que, entre otras cosas, implica que los jueces, magistrados y ministros sean elegidos por votación popular supondría un riesgo para la democracia mexicana y que, además, pondría en peligro la relación comercial con EE.UU. Poco después, Canadá también externó su preocupación en este mismo sentido (AP, 2024). Dicho en otras palabras, de aprobarse la reforma, que implica un retroceso para la democracia mexicana que tanto años ha tomado construir, la credibilidad y la confianza hacia México en el exterior sufrirán una deterioro importante.

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Las advertencias, no sólo de los embajadores sino de múltiples actores internos e internacionales, han sido desoídas tanto por el presidente López Obrador como por  Sheinbaum debido a su mirada atrasada y cerrada del mundo, que los hace plantear que la reforma es un asunto que únicamente le concierne a los mexicanos. No obstante, el comportamiento de los mercados internacionales y su impacto en el peso mexicano demuestran que el asunto rebasa las fronteras nacionales. El mismo martes que López Obrador “pausó” las relaciones con nuestros vecinos norteamericanos (lo que quiera que esa pausa signifique para el mandatario porque no existe ese término ni en la práctica, ni el vocabulario diplomático) fue cuando la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados aprobó la reforma judicial. Lo que llevó a que el tipo de cambio cerrara en las 19.71 unidades, es decir, el peso se depreció 1.81 por ciento o 35.14 centavos (López, 2024).

Además, aunque en la práctica López Obrador ha dejado en claro que los tratados internacionales de los que México forma parte no están al mismo nivel que las leyes interna lo que representa una violación a lo estipulado por la Constitución Mexicana, la realidad es que nuestro país no tiene la capacidad de prescindir del T-MEC y de los beneficios económicos, políticos y sociales que este acuerdo le aporta a México y, por lo tanto, tiene que asumirse que los países involucrados deben resolver sus diferencias en el seno de esa relación. Así aunque el presidente no lo comprenda o no lo quiera aceptar, como señala el exsecretario de Relaciones Exteriores, Jorge G. Castañeda (2024), “en principio, y justamente desde el Tratado de Westfalia, todo tratado internacional, incluyendo los de paz, implica alguna cesión consentida de soberanía”.

Sin embargo, en el imaginario de AMLO y de Claudia, su fiel sucesora, “el Tratado no es para que México se convierta en un apéndice en una colonia, en un estado asociado, aún cuando haya mexicanos que quisieran eso”, como expresó públicamente cuando rechazó el diálogo con el representante diplomático estadounidense. Postura que le resulta muy conveniente cuando se trata de servir a sus propios intereses porque opinar sobre los asuntos internos de otros países es una más de sus malas prácticas en materia de política exterior y que es un aspecto que he señalado en varias ocasiones.

A pesar de que Claudia Sheinbaum tiene la oportunidad de enderezar el rubro de un sexenio caracterizado por el continuo deterioro de las relaciones con nuestro socio comercial más importante, es decir, EE. UU. y con el que encima compartimos una extensa línea fronteriza que también está sumida en una crisis migratoria y humanitaria  bastante compleja (aunado al factor del crimen organizado), la próxima mandataria de México  mantuvo la misma línea narrativa de Obrador y se limitó a expresar que “siempre habrá diálogo, pero hay cosas que sólo les corresponden a los mexicanos” y a justificar la reforma judicial con que “fue una decisión que también tomó nuestro pueblo el pasado 2 de junio”.

Al respecto de esa postura, me parece que la futura presidenta, que está a un mes de asumir el poder, se está equivocando al seguir la misma estrategia de AMLO (que en mi opinión se caracteriza precisamente por no tener una) para guiar la relación bilateral con los Estados Unidos. El embajador Salazar no es el único funcionario estadounidense que ha mostrado sus preocupaciones; un grupo de senadores demócratas y republicanos también expresaron sus inquietudes al gobierno mexicano en un comunicado: “Nos preocupa profundamente que las reformas judiciales propuestas en México socaven la independencia y la transparencia del Poder Judicial del país, poniendo en peligro intereses económicos y de seguridad críticos que comparten nuestras dos naciones” (Latinus, 2024).

Finalmente, más allá de las serias implicaciones internas que vendrán con la reforma y de las que he reflexionado en textos pasados es importante recordar que Estados Unidos está en plena contienda electoral y en la que por si fuera poco, existe la posibilidad de que Donald Trump regrese al poder. La presión por parte de los empresarios e industrias estadounidenses que participan activamente en el T-MEC no debe tomarse a la ligera y mucho menos cuando hay una elección presidencial en juego y cuando la renegociación del tratado comercial se hará en un mediano plazo (2026), pues al final la reforma judicial pone en riesgo la certidumbre jurídica de las compañías extranjeras que operan en el país. Dudo que Sheinbaum no esté consciente de esto, pero sus acciones expresan exactamente lo contrario.

Si hay un momento para revertir la forma que López Obrador ha llevado la relación bilateral más importante que tiene nuestro país es ahora. Sobra decir que la virtual presidenta carece de conocimiento y experiencia en política exterior, pero si su estrategia será seguir los pasos de AMLO, como ha dejado ver con sus acciones y decisiones, nos espera un sexenio sumamente complicado en términos de equilibrar los intereses de México con los de Estados Unidos porque como explica el exembajador de México en EE.UU. Arturo Sarukhan (2024), Washington toma cada vez con menos seriedad el papel de México en asuntos regionales y globales. Y si a esto le añadimos la regresión democrática, nuestro país se está quedando sin cartas para negociar.

 

 

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