La designación de Jorge Estefan Chidiac como presidente del PRI fue una bocanada de aire fresco para la tribu priísta.
Por fin.
A pocos días de su nombramiento, está inyectando una dosis de vitaminas al debilitado batallón preelectoral.
Obvio: un personaje con un alto perfil federal, relaciones de primer nivel, cercano al presidente Enrique Peña Nieto (pero no tanto para llegar al gabinete), gente de toda la confianza del líder del senado, Emilio Gamboa Patrón, ganador invicto en el distrito de Izucar de Matamoros (aun cuando se presumían como causas perdidas), el candidato natural en la lista a la gubernatura y presidencia municipal de Puebla desde hace 12 años y, como otro factor principal, digámoslo con toda franqueza, ya era urgente sustituir a Ana Isabel Allende Cano, quien quedará en la historia tristemente como la peor dirigente que haya tenido el partido (¿o usted recuerda a alguien peor?), sin que nada tenga que ver una cuestión de género.
Fue malísima. Ni Juan Manuel Vega Rayet fue tan malo, pero esa es cuestión de otra columna.
Jorge Estefan, además, desde siempre estuvo ligado a las simpatías de Blanca Alcalá Ruiz. Fue uno de los primeros aliados que se subió a su barco con destino a la presidencia municipal de Puebla, en los tiempos en donde nadie le apostaba a su causa y su adversario panista, Toño Sánchez Díaz de Rivera, le aventaja por 20 puntos.
Y eso vaya que se agradece.
Ambos, provenientes de la misma cuna política de Manuel Bartlett, han demostrado su lealtad en varias batallas políticas.
Sin lugar a dudas, Jorge Estefan jugará sus mejores cartas a favor de su amiga, Blanca Alcalá Ruiz.
Sin embargo, sería imposible soslayar los compromisos pactados en y durante la administración panista de Rafael Moreno Valle, así como varios obstáculos que deberá salvar el nuevo presidente del PRI en Puebla.
El coordinador financiero de la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto conoce como la palma de su mano al mundo empresarial, a los amos del dinero de este país. Por supuesto. Pero el dirigente estatal no tiene ni idea el estado de descomposición en el que se encuentra el partido desde antes de la campaña de Javier López Zavala al gobierno del estado, de cuál es su condición en el interior del estado, en dónde se atrincheran los verdaderos líderes de las comunidades serranas, de las rancherías, esos que te hacen ganar o perder una elección. Y es que el último reducto de esta clase de operadores que sólo tenía el PRI, muchos, emigraron desde hace 6 años a las filas del morenovallismo. La tarea para recuperar este territorio perdido se presume titánica, y más para quien ha olvidado la polvadera de los humores de la sierra.
Esta herencia trágica se multiplica ante la inercia de Ana Isabel Allende y el tiempo perdido durante su dirigencia.
Jorge Estefan puede ser muy conocido y hasta reconocido a nivel nacional, en la zona metropolitana del estado, pero su nivel de conocimiento disminuye de forma alarmante en el interior, ahí, en donde el PRI encontraba su fuerza hace 10 años. Lógico, pasó demasiados años (12, para ser exactos) fuera de Puebla. Lo que afectará, sin lugar a dudas, su acercamiento en el momento de buscar aliados para la campaña.
Cuando rindió protesta como dirigente, prometió fidelidad al PRI “por encima de todas las cosas”, sin embargo, el hecho de que haya integrado esta promesa como una de las primeras líneas de su discurso, más despierta la duda y la suspicacia.
Y es que para empezar, su hijo pertenece a las filas de regidores del gobierno municipal panista de Leo Paisano en San Andrés Cholula, en donde dicho sea de paso, le va bastante bien; por otra parte, es concuño del candidato al gobierno del estado Tony Gali, de ahí que tuvo que reconocer “el enorme afecto” que le une a través de los años a Tony; y por si fuera poco, la grabación telefónica sigue dando la vuelta en YouTube (y aún no se esclarece) en donde se supone que el propio Estefan y el particular de Emilio Gamboa reconocen un acuerdo con el gobierno de Puebla para llegar a la candidatura a la diputación federal por Izucar, y además, ganarla.
Compromisos, compromisos y más compromisos… de ahí la insistencia de Jorge Estefan por desligarse, por negar, por prometer… una y otra vez en cada entrevista, en cada declaración pública, en cada conversación privada.
Al menos, lo está intentando.
Y vaya que sí.
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