Alejandro Armenta Mier está molesto.
No, está herido.
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No obstante que llevó a cuestas el peso de una coordinación de la campaña que no buscó, no deseaba y hasta rechazó, ahora deberá también cargar con el peso de la derrota.
Y de la traición.
Fue por eso que no acudió al multicitado desayuno que promovió el presidente del PRI, Jorge Estefan Chidiac, con el objetivo de iniciar la operación cicatriz con las estructuras. Ese 2 de julio en las instalaciones de la Diagonal, acudió la plana mayor del PRI, incluyendo expresidentes del partido y delegados federales, aunque también hubo importantes ausencias, como la propia Blanca Alcalá (la primera que debería estar apoyando ahora a su amigo en su papel de líder estatal), Juan Carlos Lastiri y el propio Alejandro Armenta.
Ahí en la reunión, Enrique Doger sacó de la chistera un discurso sorpresivo: muy conciliador. Nada que ver con su estilo. Lo que aminoró los ánimos asesinos de algunos de los presentes que aún buscan responsables de la catástofre electoral.
Doger advirtió de los peligros de la multiplicación de ‘tribus’ como el PRD, el mejor ejemplo de lo que puede acarrear la separación y guerra al interior de una institución.
Sin embargo, Gerardo Mejía, actual secretario de organización del PRI estatal, sacó la espada y cortó la cabeza de Armenta: ahí, frente a todos, aseguró que “el principal responsable de que el PRI perdiera de una manera tan escandalosa el 5 de junio fue Alejandro Armenta… y sus locuras”… a lo que el resucitado Germán Sierra Sánchez corroboró de alguna manera al agregar que “muchos de los ausentes (en ese desayuno) fueron meros simuladores en la reciente campaña”.
Pero no fue por temor a la crítica por la que Armenta terminó por no asistir al desayuno.
No.
Resulta que José Antonio López Malo, secretario de finanzas del PRI estatal, envió a su emisario (o mejor dicho, su representante personal, porque López Malo ni se para por sus oficinas) Francisco Guerrero, a que despidiera y sacara de la nómina del partido a todos los delegados de Tepeaca, es decir, gente que pertenece al grupo de Armenta.
Y como diría la maestra Elba Esther, “la amistad se demuestra en la nómina”, Alejandro Armenta ya no siente lo duro, sino lo tupido: tanto en la crítica pública al interior de su partido (al desayuno no se invitó a la prensa) como en esa parta tan sagrada que es el pago de honorarios.
Se comenta que López Malo actuó por cuenta propia y que Jorge Estefan está furioso: ese movimiento se hizo en el peor momento, cuando el presidente está trabajando en sanar heridas y unir esfuerzos, sobre todo ahora, a 15 días de la renovación de los 217 Comités Municipales.
El horno no está para bollos.
Estefan lo sabe.
Por eso está dispuesto a hacer los cambios necesarios para limpiar el empedrado camino por el que transita el PRI, y está dispuesto a hacer los cambios respectivos en el Comité Estatal.
Por lo mientras, ya tiene al primero de la lista negra.
Sin embargo, Armenta está cada día más lejos del PRI.
Y más cerca de MORENA.
Le cuento los detalles en la siguiente entrega.