Las diputaciones plurinominales en México nacieron formalmente con la reforma política de 1977, impulsada por Jesús Reyes Heroles, a la sazón secretario de Gobernación, durante el gobierno de José López Portillo y su objetivo central era democratizar el sistema, permitiendo que las minorías políticas accedieran al poder y así romper la hegemonía del partido oficial, es decir el PRI en el Congreso de la Unión.
Para ello se introdujo el sistema de representación proporcional, en donde los partidos pequeños, por así decirlo o con escaso potencial de ganar una elección, también obtuvieran representación en la llamada Cámara baja. Desde ese momento, voces minoritarias y diversas accedieron al Congreso, la oposición por primera vez participó, o cuando menos tuvo voz para opinar en la más alta tribuna de la Nación en la toma de decisiones, flexibilizando así el sistema político, en donde antes solamente era el PRI el partido único. Esto, querámoslo o no, vino a democratizar el sistema político mexicano.
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Y querámoslo o no, con el tiempo se fue viciando y prostituyendo, hasta llegar a convertirse en posiciones claves de los partidos para asegurar la presencia de sus principales operadores políticos y oradores más destacados, permitiéndoles permanecer en el Congreso sin pasar por una campaña de mayoría relativa.
Pero antes de que esto pasara permitió que partidos de oposición, tanto de izquierda como de derecha, pudieran acceder a curules dentro del Congreso. A saber, fue el PAN, principal partido de oposición, de ideología derechista y los izquierdistas, Partido Popular Socialista (PPS) y Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM).
Pero pongámosle nombres: Una de las primeras figuras en beneficiarse de esta nueva puerta hacia el poder fue Pablo Gómez Álvarez, perteneciente al Partido Comunista Mexicano en 1979, marcando con ello la llegada por primera vez de la izquierda comunista al Congreso mexicano. ¿Y qué hace ahora Pablo Gómez? No se vaya a ir de espaldas, pero sí, encabeza una comisión para la reforma electoral oficial. Él, que varias veces se ha beneficiado de este sistema, hoy, ya siendo oficialista, se suma a su demolición.
Porfirio Muñoz Ledo, izquierdista quien llegó por el Partido del Trabajo en 1997. Fue el primero que respondió un informe de gobierno como legislador de oposición en la Cámara de Diputados. Fue diputado plurinominal en dos ocasiones más, la segunda por cierto, siendo presidente el panista, Felipe Calderón Hinojosa.
Y aunque no es en la de diputados, sino en la Cámara de Senadores, Noroña jamás ha obtenido el triunfo por voto popular, sino como plurinominal, lo cual le ha permitido expresar sus combativos discursos en contra del otrora sistema priista y panista.
Aunque hay muchísimos ejemplos, más, por falta de espacio pasemos a lo siguiente.
Hoy Morena está convertido en el PRI de antaño, lo cual no es ninguna novedad. Tiene bajo su yugo a todos los poderes establecidos, por supuesto el ejecutivo, el judicial y ahora pretendía tener el control total del legislativo, con lo cual, cualquier iniciativa de Sheinbaum o de quien venga, sería aprobada fast-track por el Congreso, que aunque hoy tiene mayoría, no la tiene calificada.
Bien, eso afortunadamente se abortó, luego de que partidos como PT, Verde, MC, PRI y PAN se unieran para detener la reforma Sheinbaum, que pretendía que siguieran existiendo los plurinominales, pero ahora como los mejores perdedores, es decir, los que tuvieran más alta minoría de votos, pero de cualquier forma llegarían bajo el voto popular.
Esto suena bien de entrada, pues en un gobierno cuya retórica se basa en dizque darle el poder al pueblo, se escucha de maravilla, el problema es que teniendo el régimen todos los hilos del poder, entre ellos el INE y los recursos públicos, amén de las estructuras de gobiernos estatales y municipales, difícilmente un partido que no fuera Morena, podría obtener buenos resultados.
Pero los partidos minoritarios no solamente lo hicieron para proteger la democracia, claro está, sino para protegerse a sí mismos, pues sabían que si dejaban pasar esta reforma, dirían adiós para siempre a alguna curul legislativa
Ahora los morenistas enojados, porque su afán de poder fue detenido, han hecho lo que acostumbran hacer, que es tan básico que resulta risible: llamar a los partidos que no dejaron pasar la reforma como traidores a la patria e incluso ya aparecieron por ahí lonas con las efigies de estos.
Se les olvida que el efecto en la gente ha dejado de ser efectivo y son cada vez menos los que se suman a las protestas, sobre todo ante la ola de escándalos que día a día salen a la luz de los excesos, lujos y gastos onerosos de los morenistas, que la imagen que menos proyectan es el de un partido democrático y austero sino todo lo contrario. El último escándalo fue el del contratista de Pemex que gastó más de cuarenta millones en una fiestecita para su hija.
Y claro, fue un fuerte revés para Sheinbaum, que entre más lo niega, más parece afianzarse este concepto, porque además, con la ausencia de AMLO, verdadero líder del movimiento, el liderazgo de Morena parece irse desmoronando.