No se sabe a ciencia cierta, pero todas las versiones apuntan a ello. Andaría por los dieciocho cuando me enamoré perdidamente de Sabina. Era una chica de mirada tímida, que se dibujaba en sus inmensos y gloriosos ojos azules. Su cabello, lo recuerdo bien, era castaño claro. Pero lo mejor eran nuestras interminables conversaciones acerca de todo y de nada.
¿De qué platican los adolescentes? De todo y de nada.
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De eso, precisamente platicábamos nosotros. Que si un programa de televisión, que si el clima, que si los permisos de los papás y, a veces, hay que decirlo, nos metíamos a pláticas más profundas como la insoportable levedad del ser. Ella no era católica, pero sí muy religiosa. Y entonces la existencia adquiere otro tono. ¿Qué hay después de la vida? Ya se sabe, la controversia era eterna, hasta que terminábamos fundiéndonos en besos también interminables que nos hacían olvidar cualquier diferencia ideológica, filosófica, existencial o religiosa.
Pero un día terminamos. ¿Por qué? La religión pudo más y ella dijo que si no había boda, no habría más noviazgo. Terminamos. Y entonces entré en una etapa de melancolía casi perenne. Las canciones de Luis Miguel de los años ochenta, parecía que hablaban de nosotros. Y las canciones de todos los demás cantantes.
Esto viene a cuento porque el amor a cierta edad, parece no ser intenso, intensísimo. Pareciera que es lo más importante del mundo. O quizá lo es. O quizá lo siga siendo, pero ya no nos damos cuenta (a cierta edad).
¿Usted ha tenido un amor así? Casi todos lo tuvimos. Pero el caso ahora es más dramático. Por eso lo decía: No se sabe a ciencia cierta, pero todas las versiones apuntan a ello.
Me refiero a un joven de diecisiete años que decidió salir por la puerta falsa en Huauchinango. Fue encontrado en el Parque Escénico, sitio céntrico pero muy solitario por las noches.
¿Su nombre? Emmanuel, estudiante del segundo grado de bachillerato en el Centro Escolar Rafael Cravioto Pacheco.
Investigando, supe que soñaba con ser basquetbolista profesional. Y para ello entrenaba a diario, casi con el mismo furor con el que quería a su novia. Una decepción amorosa, al parecer, hizo detonar esas ganas de abandonar este mundo.
Cuando hay gente que critica tal decisión, pareciera que no recordara aquellos años mozos cuando una decepción amorosa puede ser caso de vida o muerte, como lo fue ahora.
Sólo tenía 17 años. Y una vida entera por delante. De sueños, de logros, de proyectos. Pero una mala decisión le hicieron truncarlo todo.
El hecho conmocionó a los habitantes de Huauchinango, una ciudad media ubicada en la Sierra Norte de Puebla.
La reflexión es hacia los padres para acercarse a sus hijos y pese a esa casi insondable muralla que representa la adolescencia, intenten hablar con ellos para infundirles confianza y orientación. Y para los jóvenes, que sepan que una decepción no es más que un paso hacia otra etapa que lo hace a uno ser más fuerte.
Descanse en paz, Emmanuel...