El gobernador Alejandro Armenta anunció el martes pasado la incorporación de Fritz Glockner Corte como nuevo titular de la Secretaría de Arte y Cultura del Estado de Puebla, en sustitución de Alejandra Pacheco Mex, la ahora exsecretaria que llegó al cargo tras el confuso episodio donde primero se anunció a su hermana Gloria, quien no cumplía los 25 años que exige la Constitución local para ocupar el puesto ni contaba con título profesional, y cuya titularidad se oficializó el mismo día que se incorporó al gabinete su padre Israel Pacheco Velázquez (exlíder sindical encarcelado en el pasado por los delitos de enriquecimiento ilícito y extorsión), como coordinador del Programa Estatal de Mantenimiento Permanente.
Al referirse a la designación de Glockner, el gobernador declaró: "Lo pedí prestado a la presidenta Claudia Sheinbaum, el día de la gira se lo comenté y dijo que sí". [1] La elección del verbo no es inocente, a una persona, a un intelectual, no se le pide prestado como quien solicita una herramienta que se utiliza y se devuelve, sino que se le convoca, se le invita a construir un proyecto, el verbo elegido por el gobernador funciona como un símbolo de la instrumentalización a la que se pretende reducir a Glockner desde el momento mismo de su nombramiento, para legitimar lo que la opacidad en el nombramiento de los Pacheco dejó manchado.
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Lo que hace funcional a Glockner para este propósito es su apellido y su asociación histórica con la izquierda, pues es el tercer miembro de su familia en encabezar la Secretaría de Cultura de Puebla. Su padre fue guerrillero, eso es precisamente lo que el gobierno de Puebla pretende tomar prestado para blanquear una dependencia cuya anterior titularidad respondía más a un aparente compromiso con un operador político antes que a cualquier proyecto cultural.
Por tanto Glockner no llega a una secretaría funcional, sino a una estructura en descomposición que se desmorona mientras el gobierno anuncia proyectos sin sustento. El 13 de diciembre pasado, Armenta declaró que el Museo Barroco "se transformará en la Universidad de las Bellas Artes de Puebla" [2], con una matrícula que iniciará en 2026 y 100 millones de pesos iniciales destinados para ello, esto sin que exista un proyecto curricular público, sin que se conozca consejo académico alguno, sin un diagnóstico de las necesidades artísticas educativas de la región, sin claridad sobre el modelo pedagógico que se pretende seguir, ni de los mecanismos de acreditación, entre otras características básicas de un proyecto serio y de largo alcance, eso sin mencionar el centralismo de siempre.
Mientras tanto, las instituciones estatales de formación artística que ya existen corren el riesgo de desaparecer, el Benemérito Conservatorio de Música lleva 19 años con el mismo director violando su ley orgánica que establece renovación cada seis, docentes han denunciado falta de transparencia administrativa y existe un grave deterioro académico como lastre de un grupo de poder enquistado desde hace décadas dentro de la institución; la Orquesta Sinfónica del Estado de Puebla (OSEP) opera sin una sede y sus integrantes no tienen ninguna certeza laboral con relación al futuro; el Instituto de Artes Visuales del Estado carece de los recursos mínimos básicos para operar y existe una gran opacidad en su funcionamiento administrativo; la lista sigue.
¿Por qué crear una universidad nueva cuando las instituciones existentes carecen de recursos? La respuesta no está en la lógica de una política cultural consolidada al servicio de las necesidades culturales de Puebla, sino en la lógica de la cultura política, en la cual las placas inaugurales rinden más capital político (y económico) que el mantenimiento silencioso de lo ya existente.
Un cambio de secretario no es un cambio de rumbo, la política cultural de un gobierno no la define quien ocupa el cargo sino la cultura política del régimen que lo nombra, y en ese sentido el historial de la administración de Armenta no ofrece señales de transformación. Caracterizada por la opacidad en el manejo de los recursos públicos, el crecimiento exponencial de la delincuencia que hace sospechar en lo inconfesable y un autoritarismo que se expresa de manera visible en la persecución a periodistas críticos, la distancia cada vez mayor respecto a los valores que históricamente definieron a la izquierda electoral mexicana se acrecienta y eso es lo que al final define también su política cultural.
Glockner llega con su apellido y su biografía a una estructura que no ha demostrado interés real en construir una política cultural al servicio de Puebla, lo que resta es observar si esa estructura lo absorbe o desecha, o si él logra transformarla (aunque sea mínimamente) desde dentro, la ciencia política indica que la política cultural oficial es el reflejo del gobierno, y el gobierno es producto de las condiciones estructurales que lo sostienen.
Referencias
[1] "Fritz Glockner y Joaquín Espidio serán los nuevos titulares de las secretarías de Cultura y Salud del Gobierno de Puebla". Urbano, 27 de enero de 2026. Disponible en: https://www.urbanopuebla.com.mx/gobierno/fritz-glockner-y-joaquin-espidio-seran-los-nuevos-titulares-de-las-secretarias-de-cultura-y-salud-del-gobierno-de-puebla/
[2] "Museo Barroco se transformará en la Universidad de las Bellas Artes de Puebla, anuncia Armenta en su primer informe". Quinceminutos, 14 de diciembre de 2025. Disponible en: https://www.quinceminutos.mx/post/museo-barroco-se-transformara-en-la-universidad-de-las-bellas-artes-de-puebla-anuncia-armenta