El reciente y trágico caso de la joven venezolana de 20 años, Yusvely Marianny, quien se quitó la vida en Puebla arrojándose de un puente sobre la Vía Atlixcáyotl, nos invita a una reflexión profunda sobre la importancia de la comunicación interpersonal como una herramienta vital para la prevención del suicidio.
Según las publicaciones, Yusvely compartió en Instagram fotografías y una carta en la que expresó sentir que era una carga. Reveló también que había sufrido abuso sexual por parte de su hermano, que su madre no la escuchó cuando lo contó y que la relación familiar se caracterizaba más por el regaño y la indiferencia que por el acompañamiento y la empatía.
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Este caso nos enseña que la prevención del suicidio no es solo cuestión de acceder a servicios o de intervenciones post-crisis, sino que es profundamente una cuestión de vínculos, de heridas que tienen cabida para expresarse y de comunicación que se activa.
Y es que la comunicación interpersonal -esa conversación auténtica entre amigos, familiares, parejas- es un puente contra la soledad psicológica, el aislamiento emocional y la desesperanza. Cuando alguien piensa que no puede decir lo que siente, que carga un secreto, un dolor, una herida, se incrementa el riesgo de que su sufrimiento se exprese en silencio.
El lenguaje de Yusvely en frases como “siempre pensé que era una carga para mami”, “no era cercana con mi propio hermano” y el relato del abuso, es un claro ejemplo de cómo el sufrimiento demanda ser escuchado.
Cuando no hay interlocutor, la persona vulnerable puede cerrar la puerta y seguir su camino sin retorno.
Por ello, fomentar espacios -en la familia, en los círculos de amigos, en la comunidad- donde cualquier emoción que duele pueda nombrarse, es proteger vidas. Es así que la invitación es a escuchar sin juzgar, acompañar sin minimizar e invitar al diálogo desde la vulnerabilidad humana.
Los estudios señalan que las experiencias adversas en la infancia (como abuso sexual, negligencia, violencia familiar) aumentan significativamente el riesgo de ideación suicida.
No pasemos por alto que las heridas emocionales que no se atienden pueden convertirse en “infecciones del alma”, ya que generan culpa, vergüenza, autorechazo, aislamiento y desesperanza. Cuando esas heridas no encuentran interlocutor que diga “te escucho”, “te creo”, “te acompaño”, la persona puede pensar que ya sólo le queda el silencio o la muerte. En este sentido, es urgente que quienes acompañan entiendan que hablar de lo que ocurrió -aunque duela- es parte de sanar, y también parte de prevenir.
Cuando alguien muestra señales de sufrimiento psicológico intenso o habla de quitarse la vida, la comunicación interpersonal se convierte en una herramienta clave. Ahora hablemos de algunas medidas o acciones concretas para prevenir que las personas tomen una salida falsa.
Lo primero es crear un espacio de confianza y escucha activa, permitiendo que la persona exprese sus emociones, su historia, sus heridas, sin sentir que está sola.
Decirle a la persona “Te escucho”, “Estoy contigo”, “Cuéntame lo que estás viviendo, sin juzgar”, evitando frases como “no es para tanto”, “tienes que ser fuerte”, “anímate”, ya que éstas minimizan e invisibilizan el dolor que atraviesa.
Otra cuestión muy importante es identificar y validar señales de alerta. Comentarios como “me siento una carga”, “no le importo a nadie”, “ya no quiero vivir” -como los de Yusvely- deben tomarse en serio. Así como cambios de conducta, aislamiento, abandono de actividades que antes le importaban, descuido del entorno, además de expresiones de desesperanza, culpa excesiva, mención directa o indirecta del deseo de morir.
Pero, lo más importante es no afrontar esto solos, ya que es importante pedir ayuda profesional inmediatamente. Una manera es invitar a que la persona consulte con psicólogo o psiquiatra y acompañarla si es necesario. Además, en nuestro país se puede recurrir a la Línea de la Vida 800 911 2000 (disponible 24 hrs. para quien lo necesite).
También, es muy recomendable informar a familiares cercanos o personas de confianza del caso, con el consentimiento de la persona, para crear red de apoyo.
Recordemos que no basta con “dar un consejo” y retirarse, sino que es importante “estar”, dar seguimiento. Es muy relevante reconocer que la persona está lidiando con algo profundo, por ello debemos validar su sufrimiento y su valor por continuar.
Desde COMFAM Comunicación Familiar, creemos firmemente que hablar salva vidas. No sólo alude a grandes intervenciones clínicas, sino al valor de la conversación cotidiana, del “¿cómo estás?”, del “cuéntame lo que pasa”, del “te creo”, del “no estás solo”.
Por eso, la prevención del suicidio exige de nosotros la reconstrucción de puentes comunicativos, primero dentro de la familia, en redes de amigos, en instituciones. Exige un entorno en el que las heridas se puedan nombrar, las emociones se puedan expresar, y la ayuda se pueda buscar sin vergüenza. No basta con ver los signos; hay que escucharlos, atenderlos y actuar.
Si detectas que alguien cercano podría estar en riesgo -o si tú mismo te encuentras en esta situación- te invito a que inicies esa conversación hoy. No esperes a que el dolor sea irreversible. La comunicación interpersonal no es sólo hablar, es acompañar, escuchar, sostener… y en ese puente puede estar la vida.