Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El lógico en el mundo neoclásico de la productividad

Muchas profesiones deberían contar con su lógico de cabecera, así como con su médico o abogado

Eduardo Vázquez Reyes

Filósofo, lógico y periodista de Ciencia. Egresado de la Universidad Veracruzana. Docente de UPAEP y CEUT, campus Tehuacán, en las materias de  Filosofía, Lógica y Argumentación. Amante del análisis, la discusión y el debate público en temas de política científica, tecnológica y educación. Consultor de comunicación y discurso.

Sábado, Noviembre 1, 2025

Hace algún tiempo, en una conversación a distancia una buena amiga psicóloga me comentó que, así como la gente busca terapeuta, también debería hacer un esfuerzo por encontrar filósofo. Sobre todo, porque−me comentaba en aquel momento−es necesario trabajar la parte existencial, aquélla que no toca del todo la actividad del terapeuta estándar, ni siquiera los todólogos.

Creo que tiene razón. No vendría nada mal que de vez en cuando las personas acudieran con el “indeseable filósofo”, aunque este les dejara más preguntas que respuestas en su realidad y quizás una espinita vital bien incrustada difícil de retirar.

Más artículos del autor

Yo añadiría, además, que sería buena idea que, en ocasiones, se considerara prudente acudir con un lógico. Independientemente de la profesión a la que la gente se dedique, el lógico le es necesario, imprescindible. El trabajo de este intelectual consiste, entre otras cosas, en buscar la claridad conceptual: precisar los pensamientos de x persona, sus afirmaciones y posteriormente buscar una expresión lingüística (oración declarativa) viable para ayudarle a decir lo que realmente quiere decir.

Afinar argumentos y elaborar discursos−ya sea de manera escrita u oral−no queda fuera de su campo de trabajo. Ordenar el pensamiento para cualquier fin que se tenga no es tarea irrelevante. ¡El lógico sí que tiene mucho por hacer teórica y socialmente en este mundo neoclásico!¡Por las barbas de Platón!

El lógico puede ayudar a pulir las inferencias que realizamos en nuestros trabajos: revisar cómo llegamos a conclusiones. Todo el tiempo estamos llegando a conclusiones, desde que nos despertamos hasta la hora de descansar. De hecho, así dirigimos nuestro día, así tomamos las decisiones más importantes en el trabajo o en la casa, así nos relacionamos con nuestros seres queridos, por lo que creemos de ellos. Un ejemplo de la vida cotidiana es el caso de aquél que gastó su dinero porque dentro de una hora le harían una transferencia y resulta que algo cambió en el proceso y modificó sus expectativas (no sé, que la app de BBVA fallara, lo cual casi no ocurre) y ahora tiene que apechugar unas horas más debido a que procedió desde una supuesta “certeza”.

Cuando vemos a alguien en la calle, nos hacemos una idea de la persona con solo examinar rápidamente su apariencia. No siempre se acierta. Muchas veces, el punto de vista que se forma viene de una inferencia mal realizada. Es común que la gente saque resultados de quién sabe dónde y con quién sabe qué bases. Los tiempos actuales nos permiten ver la cantidad de prejuicios y desatinos que mucha gente tiene debido a un proceso pobre de inferencia. Veamos las redes sociales. Son un ejemplo claro de este punto. Ya no es necesario pedir datos para obtener conclusiones decentes, ni de cerca. Basta con que el amigo o la amiga lo diga para generar en el usuario una llamada a la acción, como el linchamiento mediático.

No solo en la vida cotidiana se da este fenómeno de inferir o llegar a conclusiones. Visto así, su labor le es de cierta utilidad al médico y al psicólogo al momento de realizar diagnósticos clínicos, al abogado durante el proceso de análisis de códigos y al redactar la argumentación de evidencias y pruebas en un caso concreto, así como asesorarlo en la preparación de un juicio oral.

También su trabajo cobra relevancia para el científico forense, ya que este último tiene como agenda casi diaria el llegar a conclusiones a partir de cierta información: revisar datos, analizarlos, ponderarlos, sopesarlos y volver a inferir. En el caso del empresario o comerciante la cosa no es muy distinta. Me imagino a uno de ellos preguntarle a su lógico de cabecera: ¿qué opinas de la decisión que voy a tomar con respecto a este acuerdo comercial? También imagino al político que dará su rueda de prensa proferir las siguientes palabras: ¿mi argumentación está bien?

Vivimos en un mundo neoclásico, donde lo importante es la maximización de las ganancias y la reducción de las pérdidas. Y en este mismo mundo hay labores que encontraron su lugar desde hace mucho tiempo porque fueron vendidas como una necesidad social y no como un arte contemplativo para pasar el rato.

Hoy no cuesta mucho que la gente pague la consulta del médico ni una breve asesoría legal del abogado, pero sí le puede el precio que le establece alguien que le ordene sus ideas, con lo cual conseguirá seguir rindiendo, pero de una manera más rigurosa, en ese su mundo de la productividad. Dicho sea de paso, la labor del lógico es importante en dicho mundo, pero además de ser un trabajo es también un estilo de vida. Como me comentó la doctora María José Frápolli en nuestra última conversación: no se puede ser más que un animal lógico. El lógico lo es hasta que se muere.

¡Leven anclas!

Correo eduardovazrey.sinn@gmail.com
Twitter: https://x.com/eduardocorsario
Linkedin: https://mx.linkedin.com/in/eduardo-v%C3%A1zquez-76344336b

 

Vistas: 959
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs