El pasado fin de semana, el Partido Acción Nacional realizó un evento en el Frontón México, un espacio emblemático para esa fuerza política, pues fue precisamente ahí donde se fundó el partido en 1939.
En redes sociales y entre diversos analistas políticos se han expresado múltiples opiniones sobre este evento. A continuación, presento una recopilación de los argumentos más comunes, tanto positivos como negativos, para después esbozar mis propios planteamientos y así contribuir al debate público.
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En el lado positivo:
1. Reconocimiento de su crisis
Se ha dicho que por fin ha reconocido que desde 2018 ha estado sin rumbo. El solo hecho de aceptar que algo no ha funcionado y que se requiere una revisión profunda ya representa, en sí mismo, un paso importante.
2. Definición —al menos discursiva— de su narrativa
Las palabras Patria, Familia y Libertad fueron el eje central del evento. Este lema ha sido históricamente utilizado por movimientos de derecha y ultraderecha, desde Mussolini y la Segunda Guerra Mundial, hasta referentes actuales como Abascal en España, Meloni en Italia y Milei en Argentina.
No obstante, aunque el PAN adopte las mismas palabras, no está claro hasta qué punto se desplazará hacia la ultraderecha, sobre todo considerando que personajes como Eduardo Verástegui han criticado la tibieza de este partido en distintos temas que defienden estos personajes a nivel internacional. Esto sugiere que su enfoque podría orientarse más hacia temas de seguridad y la relación con Estados Unidos.
3. Llamado a la acción para su militancia
El mensaje fue claro: “pónganse a trabajar”. Se pidió a su base —particularmente a su élite partidista— que compita por las candidaturas. Sea cierto o no que esto se cumpla en la práctica, el discurso apunta a sacudir la inercia y volver a salir a buscar el voto.
En el lado negativo:
1. Relanzamiento sin liderazgos
El evento también evidenció la crisis de figuras dentro del PAN. A diferencia de épocas pasadas, cuando el partido se distinguía por la presencia de ideólogos como Gómez Morin o Castillo Peraza, hoy no existen liderazgos con esa estatura intelectual o moral. Ni siquiera su presidente nacional logra proyectar esa figura de referencia.
2. Ausencia de nuevos cuadros
No se vieron rostros nuevos. Fueron los mismos personajes de siempre: los que han conducido al partido a su situación actual. Muchos de ellos carecen de autoridad moral, han estado vinculados a actos de corrupción o han sido partícipes de los errores que hoy critican.
3. Pésimo timing
La realización del evento coincidió con un momento de luto nacional por las fuertes lluvias e inundaciones en estados como Puebla, Veracruz, Hidalgo, San Luis Potosí y Querétaro, que dejaron varios muertos y desaparecidos. Hablar de “fiesta” política en medio de la tragedia evidenció, para muchos, una desconexión entre la clase política y la realidad social.
Ahora bien, sumando al debate público, lo más visible en este relanzamiento fue el cambio —o “refrescamiento”— del logotipo del partido. En teoría de rebranding, se entiende que una marca debe reformular su identidad cuando atraviesa una crisis, buscando transmitir una nueva promesa al público y, sobre todo, generar emoción. Para que un rebranding sea exitoso, las identidades visual y verbal deben estar alineadas con una nueva narrativa coherente.
Partiendo de eso, es evidente —como ya se mencionó— que el PAN atraviesa, y finalmente reconoce, una crisis de al menos siete años. Un periodo en el que ha sido incapaz de conectar con el electorado y en el que ha perdido relevancia política en varios estados.
Es probable que los consultores —a quienes seguramente les pagaron una suma considerable— les hayan hecho creer que el poder podría recuperarse sin esfuerzo y sin una reflexión real sobre los errores del pasado. Sin embargo, como algunos hemos señalado desde entonces, el primer paso para reconstruirse era justamente reconocer la crisis y asumir la responsabilidad de sus fallas.
Por ello, el cambio de logo o de eslogan no será suficiente si no va acompañado de una estrategia clara, donde el partido le diga de frente a la gente, sin ambigüedades, qué le ofrece a los mexicanos, cómo y con quién piensa lograrlo.
Uno de los ejes discursivos del fin de semana fue que debían “presumir lo bien hecho” durante los gobiernos panistas, como forma de demostrar que “los gobiernos del PAN son mejores”. Sin embargo, esta estrategia no es nueva: todos los partidos la han usado. Recordemos, por ejemplo, que una de las propuestas centrales de Xóchitl Gálvez era recuperar el Seguro Popular, uno de los programas más representativos de los gobiernos panistas.
El problema es que el PAN parece no entender que su crisis no deriva de la falta de reconocimiento a lo “maravilloso” que fueron sus gobiernos, sino de su negativa a reconocer los errores que cometieron cuando tuvieron el poder.
Primero, porque aunque fuera cierto que la gente estuvo mejor en el pasado, ese pasado ya quedó atrás. Hoy el electorado exige promesas de futuro, no nostalgias del ayer.
Segundo, porque si los gobiernos panistas hubieran sido realmente lo mejor que le pasó al país, el PAN no estaría en la situación de debilidad política que enfrenta actualmente.
Y tercero, porque el control de la narrativa nacional lo tiene hoy la 4T. Será difícil revertir esa percepción cuando el PAN gobierna poco territorio y carece de resultados frescos que respalden su discurso. Lo que deberían mostrar es que saben gobernar hoy, no que “supieron hacerlo hace veinte años”.
Por todo esto, me parece positivo para la democracia mexicana que la oposición partidista intente despertar después de años de inercia y desconexión. Pero si realmente quieren recuperar la confianza ciudadana, necesitarán mucho más que un nuevo logotipo o un eslogan bien diseñado.
El reto que enfrentan es enorme: si no logran repuntar en las elecciones intermedias de 2027, este relanzamiento podría convertirse en el clavo final del ataúd que ellos mismos han ido construyendo poco a poco.
La tarea no será sencilla. Requerirá estrategia, trabajo de base, autocrítica genuina y apertura a escuchar voces distintas —incluso incómodas—, pero necesarias para corregir el rumbo.
Mientras tanto, el cambio de logo, por sí solo, no será suficiente.
Veremos.
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