Martes, 19 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Los migrantes se quedan en México, el sueño de Trump

Nuestro país se convirtió en un espacio para contener los flujos de personas que se dirigían a EU

Norma Angélica Cuéllar

Investigadora y periodista mexicana. Actualmente realiza una estancia de investigación posdoctoral en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP. Tiene publicaciones sobre migración y política en revistas especializadas y en diarios nacionales. Sus temas de investigación son migración, religión y política nacional.

 
 

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Miércoles, Septiembre 24, 2025

Esta semana me topé con unas cifras que llaman mucho la atención y que colocan a México en un lugar sumamente preocupante. Resulta que, para los países del norte global, nuestro territorio se convirtió en un país “atractivo” para la migración, el espacio que va a contener los flujos de personas que se dirigían a Estados Unidos. Dicho de otra forma, somos el sueño de Trump.

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en 2025, por primera vez, México superó a Estados Unidos como principal destino de quienes requieren protección internacional. Los datos del Monitoreo de Protección de ese organismo Internacional muestran que 66 por ciento de las personas en movilidad forzada señalaron que su meta es México, contra apenas 31 por ciento que aún aspira a llegar al vecino del norte. Hace apenas un año, la proporción era exactamente la contraria.

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El propio ACNUR advierte que este cambio no implica mejores condiciones para los desplazados. Se trata, más bien, de un desplazamiento forzado de expectativas. Las personas no eligen a México porque ofrezca seguridad o integración real, sino porque no les queda otra opción.

La contradicción salta a la vista en las cifras oficiales. Mientras ACNUR registra un repunte de quienes piden protección, la Secretaría de Gobernación informó que el   se ha reducido en 85 por ciento respecto al año anterior. En otras palabras: menos encuentros, pero más solicitudes de asilo.

De enero a julio de este año, el Instituto Nacional de Migración retuvo a 124 mil 353 “personas en situación migratoria irregular en México”. Mientras en el mismo periodo de 2024 fueron 828 mil 522, lo cual representa una reducción de 85 por ciento.

Pero para el ACNUR, muy amiguis de los países del norte global, México se erige en uno de los principales destinos para los flujos de migrantes que buscan protección internacional.

En este escenario, México aparece como un destino obligado, no porque ofrezca integración ni condiciones dignas, sino porque se ha convertido en la frontera extendida de nuestro vecino del norte. Los gobiernos presumen “gestión” y “ordenamiento”, pero lo que en realidad se administra es la vida de miles de personas que ya no tienen hacia dónde moverse.

Las cifras que parecen alentadoras esconden un trasfondo preocupante: detrás de cada número hay alguien atrapado en un país que todavía no asume lo que significa ser tierra de refugio. México no se vuelve atractivo por elección, sino por imposición, y esa diferencia lo cambia todo.

La paradoja es evidente: mientras las autoridades celebran la caída en detenciones, las calles, los albergues y las periferias urbanas muestran otra realidad. Ahí se multiplican las vidas en pausa, invisibles para un Estado que en realidad todavía no ha desarrollado los instrumentos para gestionar esos flujos migratorios.

El viraje que colocó a México como destino no es resultado de un plan nacional, sino de una imposición externa. El país asume el papel de contenedor sin recursos, sin políticas sólidas de integración y con una sociedad cada vez más expuesta al discurso xenófobo.

Al final, lo que se presenta como “gestión migratoria” no es más que el traslado de la frontera. México aparece como muro y refugio al mismo tiempo, pero en ninguno de los dos papeles logra garantizar integración. Esa es la cara oculta de las cifras que hoy pintan al país como un “atractivo” para la migración.

Y no soy antiinmigrante. Por el contrario, creo en el derecho de las personas a moverse más allá de las fronteras, pero se necesitan recursos.  Muy bien haría el ACNUR en buscar recursos para trasladarlos al refugio mexicano. Esto luego de la baja que tuvieron el año pasado, cuando Trump les cortó los suministros.

Lo que pasa es que, mientras los países desarrollados cierran con candado sus fronteras y se felicitan por el “éxito” de sus bloqueos, van montando un fino andamiaje para trasladar la carga a México, Turquía, Marruecos y compañía. Los que antes éramos simples países de tránsito ahora nos quedamos con buena parte del flujo. Y pues sí, lo hacemos, pero mínimo que manden la lana, ¿no?

Imagínese que de pronto le llegan todas las familias de su marido y no sabe ni dónde acomodarlas. Claro que son personas que necesitan ayuda, pero mínimo un apoyo decente para darles de comer y un lugar digno donde dormir. Digo yo.

 

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