El pasado viernes 29 de agosto, la presidenta Claudia Sheinbaum se refirió a la visita de Gianni Infantino, mandamás de la FIFA, quien le entregó el primer boleto simbólico para asistir a la ceremonia inaugural del Mundial de Futbol del próximo 11 de junio que se celebrará en México.
Dijo estar muy feliz y contenta por el próximo acontecimiento futbolístico y —aunque sabemos que no es aficionada al futbol o a otros deportes— deslizó que quizá regalaría el boleto a una niña o joven que guste del balompié, ya que, de otra forma, no tendría oportunidad de acudir al Estadio Azteca. Enfatizó que se trata de un espectáculo que ven millones de personas en todo el mundo.
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Su entusiasmo no resultó ni elocuente ni convincente. Más bien asomó un dejo de sorna —que no se entiende bien por qué— impropio de un anuncio de esa naturaleza. No precisó las razones de su decisión, ni el método que emplearía para elegir a la afortunada. Esperemos que no sea a través de otra tómbola más.
Tampoco aclaró si asistiría únicamente al evento inaugural y después abandonaría el Azteca, sin ver el partido. Supondríamos obligada su presencia al evento oficial —y ahí sí, entonar el himno nacional— aunque no necesariamente permanecer tras la conclusión del acto protocolario.
Aquí resulta inevitable recordar que los presidentes mexicanos que asistieron a las inauguraciones de los mundiales de futbol de 1970 y 1986 fueron abucheados sonoramente, para constancia del mundo. Por muy caros que resulten los boletos en esta ocasión, nadie puede garantizar que los aficionados se comporten como lo harían en la cancha central de Wimbledon.
Pareciera que esta confesión presidencial no es espontánea, sino un intento calculado para deslindarse anticipadamente de su futura ausencia: “no me gusta el juego de pelota colonial”. Y, de paso, medir la reacción de los mexicanos ante un probable repudio transmitido en vivo y en directo. Porque aquí no servirán los trucos de la TV: como subir el volumen para tapar los gritos, ni distraer con planos enfocados a los huaraches de Jorge Campos, “El Brody”. Esta vez habrá miles de celulares transmitiendo en tiempo real.
Conviene acotar que a la inauguración del Mundial 2026 —irónicamente organizado de manera tripartita por tres vecinos distantes, que más se parecen “Los Tres García”— no podrá asistir el pueblo que recibe apoyos asistenciales, por más ahorros y créditos que disponga. Como mencionamos, los precios de entrada son y serán aún más exorbitantes. Aunque en estos tiempos, más vale ser precavidos, porque siempre cabe la posibilidad de que se cuele algún franciscano irredento como Fernández Noroña – que si bien ya colgó sus hábitos y renegó de su fe ante su propia iglesia- que quizá no entienda siquiera de qué va el juego de la pelotita.
El escenario estará plagado de “neoliberales”, paisanos que cruzaron el río con dólares en los bolsillos – de los que no ha expulsado Trump- y algunos extranjeros, que no se ubican en el segmento del 70 por ciento que evalúa positivamente la gestión de la presidenta Sheinbaum, sino en el extremo contrario.
Por necia tradición mexicana, la rechifla a la mandataria sería un escenario inevitable, más allá de cualquier evaluación demoscópica alentadora. Cabe entonces preguntarse: ¿dónde quedará esa “aplastante mayoría” dispuesta a aplaudirla y marcar diferencia con los expresidentes priistas Luis Echeverría y Miguel de la Madrid? ¿Se imaginan un aplauso tronante el 11 de junio?
Las inconformidades
Todo esto viene a cuento porque, día con día, presenciamos más brotes de inconformidad en el país, pese a las cuentas alegres que hacen en el oficialismo. Eventos que no necesariamente están relacionados entre sí, pero que dejan ver un fondo preocupante: los desacuerdos están tomando rumbos que amenazan con salirse de los márgenes institucionales y radicalizando el discurso.
No imaginamos, sin embargo, un escenario ensombrecido y parecido al de los Juegos Olímpicos de 1968, manchado por la represión militar a los estudiantes, pero la inconformidad, incipiente si se desea, ha salido de las casas a las calles.
El Senado convertido en ring
La bronca en el Senado de la República entre Alito y Noroña, dejó en claro que la civilidad está perdiendo fuerza y los espacios para el consenso se están debilitando, dejando la puerta abierta para la reyerta. Si se niega el derecho a participar en tribuna, luego entonces, la única respuesta posible, para algunos, es la confrontación directa. No hay espacios y por tanto tengo que conseguirlo a empellones. Lo demás fue y sigue siendo un circo.
Sin embargo, leemos que muchos priistas —y no priistas— vieron en el gesto de Alito una oportunidad para salir del agazapamiento y oprobio en que han permanecido siete años y dar la cara, mostrar su orgullo, en la calle, en las movilizaciones y la protesta. Un cambio a tomar en cuenta.
La movilización de “La Resistencia”
El domingo pasado en la CDMX, una marcha de la “Resistencia” encabezada por Alessandra Rojo de la Vega, alcaldesa -sin partido- de Cuauhtémoc, reunió a unas 15 mil personas que desfilaron desde la Diana Cazadora hasta el Parque México. El propio membrete —“La Resistencia”— acredita su naturaleza confrontativa.
Rojo de la Vega aseveró que una “mayoría silenciosa”, está despertando y sintetizó así los objetivos que busca: alcanzar un acuerdo nacional para sacar al crimen del gobierno, crear auditores ciudadanos del nuevo sistema de justicia, atender las causas ciudadanas mediante el diálogo, devolver poder a la ciudadanía y preservar la pluralidad en el Congreso.
Ya anunciaron una nueva convocatoria, para salir a las calles a la que podrían sumarse partidos de oposición, y otros grupos sociales, lo que fortalecería su causa.
El caso Cozumel
El presunto abuso sexual de una menor de tan solo nueve años, por parte de Jairo N, un soldado adscrito a la guarnición militar de Cozumel, convulsionó a la tranquila y pacífica isla caribeña. La gente al conocer el hecho salió furiosa, vandalizó -con bombas molotov y pintas- las instalaciones castrenses y saqueó una tienda de conveniencia militar.
Armando Toscano Yáñez, general brigadier a cargo de esa base, trató de apaciguar a la turba enardecida, para garantizarles que no se protegerá, ni encubrirá al elemento. El responsable ya fue detenido y sujeto a proceso. No es la primera ocasión en los que la ciudadanía reclama excesos y abusos de militares de forma violenta.
Estos hechos, y otros más, -como las protestas comunales en Tepoztlán por la turbia casa de Noroña- deben encender alarmas: la paciencia frente a los abusos del poder y prepotencia parecen agotarse. La vía institucional está quebrada y el disenso comienza a buscar otros carriles, menos controlables. La protesta se está volviendo física, directa, tangible. Ya no se trata de tuitear la indignación desde la comodidad de la poltrona.
Posdata
Finalmente arribó a nuestro país Marco Rubio, secretario de Estado de EUA, para reunirse con la presidenta Sheinbaum. Y Trump, siempre siendo Trump, para abrir apetito declaró en una entrevista, que la mandataria rechazó el apoyo militar de Estados Unidos para usarlo contra los narcos “porque tiene miedo”. Veremos, más allá de los comunicados oficiales, cuáles fueron las presiones, concesiones y acuerdos. Después Rubio viajará a Ecuador, donde —vaya sorpresa— los tentáculos del Cártel de Sinaloa también hicieron escala.