Todavía no conocíamos las acusaciones contra Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa, y de diversos funcionarios cercanos a él, cuando en la colaboración pasada anticipábamos que el espectáculo —aunque, visto con la seriedad debida, se trata de la mayor crisis bilateral entre México y Estados Unidos en tiempos de paz— estaba por iniciar.
No suponíamos que arrancara tan intempestiva y profundamente, a tal grado que cimbró los cimientos del gobierno y del partido en el poder, con remitente directo al connotado rancho chiapaneco.
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Y ahora que algunos empezábamos a mostrar cierto fervor mundialista, nos lanzaron un balde de agua fría. Las acusaciones formales en una Corte del Distrito Sur de Nueva York anunciaron una alineación preliminar —al más puro estilo de “El Vasco Aguirre”— de 10 presuntos narcotraficantes, con la notable ausencia del cancerbero.
Al igual que el DT tricolor, Washington todavía tiene guardada una sorpresa sobre la titularidad de la portería. Queda claro que tiene clara la estrategia y el estilo de juego a desplegar en el campo, pero en la lista pueden aparecer muchos más jugadores.
Pista uno: Estados Unidos
Decíamos también que Trump inauguró, con su escalada bélica, un nuevo estilo de Sitio con Venezuela y Cuba —menos exitoso hasta ahora en Irán—, y que quizá México estaría en la secuela de esa “Doctrina Trumproe” para imponer sus condiciones en el Hemisferio Occidental, como denominan allá a América Latina.
No hay duda alguna de que la acusación contra Rocha Moya y su alineación inaugura, con enorme poderío, el Sitio que se viene sobre México. Quienes apostaban a que el sacrificio —Teotihuacán sigue presente— de 92 presuntos narcotraficantes enviados vía fast track, violando el tratado de extradición firmado por ambos países y otras nimiedades, calmaría la sed y el apetito insaciables de Trump: se equivocaron rotundamente.
El presidente de Estados Unidos necesita más que nunca medallas que presumir a sus gobernados, más aún cuando el precio de la gasolina se ha disparado 30 por ciento e impactado negativamente en su popularidad, en el contexto de las elecciones intermedias de noviembre, con visos de perder el control del Congreso.
La mesa quedó servida y, para el postre, nos sorprendió con el anuncio de su Política Nacional Antidrogas 2026, en la que México es el principal invitado y mencionado, según diversas fuentes, en 33 ocasiones.
Para resumir en una frase lo que en ese documento se expresa, podríamos recurrir a la icónica frase de Zhenli Ye Gon: “copelas o cuello”. EUA no dejó abierta posibilidad alguna para el gobierno de Claudia Sheinbaum: o se compromete y colabora decididamente para frenar a las organizaciones del narcotráfico —incluyendo extraditar a narcopolíticos—, o la amenaza de actuar unilateralmente, incluyendo intervenciones militares, estará pendiendo de un hilo muy fino.
Vaya entorno ominoso que se ha forjado para un socio que está renegociando el T-MEC y, para colmo, es coanfitrión del Mundial de Futbol que arrancará muy pronto. Trump, contrario a su natural costumbre, en estos días ha permanecido en silencio sobre este tema, lo cual es notablemente sospechoso.
Pista dos: México
El golpe al gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum y su partido político ha sido brutal. Los ha descolocado y el pánico escénico para actuar en la segunda pista se ha apoderado de ellos. Aunque se niegue en las posturas oficiales de la Fiscalía General de la República (FGR) y Cancillería, y más recientemente en los discursos de la ceremonia para celebrar la “Batalla del 5 de Mayo”, plagados de patriotismo cursi y ramplón, el temor que se ha sembrado no se ha podido ocultar y los ha hecho anticipar, casi casi, una inevitable intervención norteamericana y, lo más sorprendente… anunciando su derrota al minuto uno.
Y aunque la alerta sísmica en la CDMX no se escuchó cuando era necesaria —por mantenimiento o, más bien, por incompetencia—, la ¡Alerta Presidencial! amplificó sus decibeles. ¡Alerta Presidencial!, ¡Alerta Presidencial!, resonaba terroríficamente la aplicación gubernamental. Y aunque suene muy aturdidora y desquiciante, el gobierno mexicano decidió taparse los oídos para no reconocer la gravedad de la crisis actual, todo para defender a capa y espada a Rocha Moya y su alineación… sin guardameta.
Como la recién inaugurada escultura del artista Banksy en Downing Street, parece que México se encuentra con un pie apuntando al precipicio… por más bandera que se porte.
Desde luego, este momento histórico y nacional, tan delicado y preocupante, merecería convocar a la unidad nacional. Pero, ¿cómo hacerlo desde la polarización y división que se ha sembrado a lo largo de siete años y que hoy se atizó aún más desde la heroica Puebla? Al final de cuentas, se trata de construir una narrativa contraproducente y levantar distractores por todos los frentes, para que desviemos nuestra atención de lo importante: la narcopolítica que vive como elefante en nuestra sala y la pendiente guillotina trumpiana.
Pista tres: Chihuahua
Parecía que el caso del exitoso desmantelamiento de un macrolaboratorio de metanfetaminas en la Sierra de Chihuahua pasaría a un segundo plano. Pero ayer, Ulises Lara, titular de la Fiscalía Especial de Asuntos Relevantes —con porte de Riff Raff, inmutable más que de servidor público—, se encargó de resucitarlo, pero dejando impune a Rocha Moya.
Ahora anunció que la FGR citará a declarar a alrededor de 50 personas que participaron en el operativo en la sierra de El Pinal, en Chihuahua. Su intención aviesa es clara: buscará que alguien se atreva a relacionar a la gobernadora de esa entidad, Maru Campos, para irse contra ella. La probabilidad de que alguien lo haga, entre cinco decenas de declarantes, es alta y quizá pueda conseguir su objetivo. Aunque una pregunta obvia salta a la vista y que no nos aclaró el fiscal es si incluirá a los 40 militares que participaron en ese operativo.
Son tales los obuses recibidos por el actual gobierno que han puesto en duda su capacidad de flotación, y que buscarán por todos los medios no ver quién se las hizo, sino quién se las paga.
El silencio estratégico de Trump es calculado: observa cómodamente desde la banca cómo el gobierno mexicano patea el bote, pierde tiempo y se enreda solo con el balón. El problema es que el partido ya empezó… y México sigue jugando sin portero.