Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Los cambios en el orden mundial son una realidad

Cooperación en el marco de una alianza en Norteamérica iniciaría el perfil de un nuevo orden mundial

José Pascual Urbano Carreto

Licenciado en Economía (BUAP) con estudios de Maestría y Doctorado en Economía (UNAM). Diplomado en Comercio Exterior (UDLAP). Docente en la BUAP. Secretario de Relaciones Exteriores del STAUAP y secretario General del SUNTUAP. Coordinador Administrativo del HU (BUAP). Miembro del Consejo General del Instituto Electoral del Estado de Puebla.

Domingo, Julio 20, 2025

El mundo tiende a un cambio muy profundo. Es una gran oportunidad para abordar correctamente lo que son los retos más significativos de la humanidad, un requisito fundamental para formular las soluciones, aunque está condicionado porque los líderes del mundo comprendan la realidad que hoy nos está tocando vivir, y que después de ello estén dispuestos a realizar los cambios que la realidad exige.

En los Estados Unidos el gobierno del presidente Trump se propone recuperar la supremacía de su país, pensando que la situación que EE. UU. logró después de la Segunda Guerra Mundial se puede restaurar simplemente con la política de instaurar una situación proteccionista y autoritaria en beneficio de su economía, de su poderío militar y político.

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Lo que no ha comprendido es que ante sus ojos la realidad se ha transformado y que los países que, junto con esa nación triunfaron en la Segunda Guerra Mundial, se han transformado avanzando en cuestiones económicas científicas tecnológicas y sociales, y por ello no se debe pretender tratarlos como menos preparados.

En lo que ese país sigue siendo superior relativamente es en el asunto militar, aunque cada vez surgen más dudas, pues podría ser atribuible a que los países del mundo incluidos los más desarrollados no se quieren ver envueltos en una catástrofe como la segunda guerra mundial, y no están dispuestos a investigar si sigue siendo Estados Unidos el país más poderoso militarmente.

El gobierno del presidente Trump sigue pensando que los logros que ha conseguido su país nada tienen que ver con circunstancias muy importantes. En un plano fundamental está en pensar que su país podría tener el potencial económico sin la participación de ciudadanos que han emigrado a EE. UU., por lo que es evidente que su economía no podría ser competitiva frente al resto del mundo sin la participación de esos treinta millones de inmigrantes.

El número de migrantes en todo el mundo no ha dejado de aumentar en las últimas décadas y prácticamente se ha duplicado de 153 millones en 1990 a 281 millones en 2020, último año del cómputo mundial publicado por la ONU. Sin embargo, en proporción a la población total, hoy en día los migrantes no son mucho más numerosos que en el pasado. La población mundial ha aumentado en casi 3.000 millones de personas en los últimos treinta años, lo que significa que la proporción de personas que migran se ha mantenido relativamente constante. En 2020, alrededor del 3,6 por ciento de los ciudadanos registrados habían nacido en otro país; treinta años antes, era el 2,9.

Aunque este porcentaje podría fluctuar en el futuro, es posible que el número de habitantes del planeta esté alcanzando su punto máximo. El ritmo de crecimiento de la población mundial se está ralentizando tras un período de rápido aumento: de 2.500 millones de personas en 1950 a 5.300 millones en 1990 hasta llegar a los 8.000 millones de hoy en día. Se espera que la población mundial se acerque a los 9.500 millones a mediados de este siglo y que a finales descienda por debajo de los niveles actuales.

La migración es a menudo un enorme sacrificio que se hace en nombre de otros. En muchas comunidades pobres se anima a los hijos o hijas mayores a emigrar para mantener a sus familias. Los refugiados y otras personas en situación de desplazamiento forzoso tienden a quedarse lo más cerca posible de su lugar de origen para poder regresar cuando resulte seguro. Entre una quinta parte y la mitad de los migrantes regresan a casa o se trasladan a un tercer país en un plazo de cinco años. Esto puede deberse a que han ahorrado dinero, han obtenido una cualificación o han decidido regresar para establecerse, formar una familia o jubilarse.

Los migrantes están dispuestos a asumir riesgos y hacer sacrificios. Estas cualidades impidieron la extinción de nuestra especie durante su evolución temprana, cuando se vio amenazada por sequías y hambrunas, y son la base de los progresos extraordinarios que han realizado los seres humanos desde entonces.

 La amplitud del mercado regional, el de Estados Unidos y sus socios comerciales, México y Canadá que, con su participación como aliados económicos expanden su potencial comercial, el mercado lo hace más atractivo para el resto de las economías del mundo. El gobierno estadounidense debería ya modificar su percepción de pretender restaurar lo que ya dejó de existir en el mundo de la segunda posguerra mundial y aceptar que solo se podrá recuperar la supremacía pretendida si se acepta que debe tender a establecer alianzas con los países que así lo deseen y enfocar los conceptos del análisis económico.

Aceptar que hoy la producción se da de manera cooperativa y que las categorías de producto interno  y producto nacional tienen una profunda modificación por la forma en que se generan y, que en la contabilidad de las distintas naciones modifica lo que se debe asumir como balanzas comerciales deficitarias que reflejan de manera frecuente lo que las empresas de los países aliados comercian de manera corporativa unitaria y se debe matizar lo que se considera como déficits comerciales y de cuenta corriente.

El mejor modo de evaluar esto deberá ser valorar los resultados de la economía de manera colectiva para así congruentemente continuar y consolidar lo que ha permitido un desarrollo económico auto sostenido. así se tendrá que valorar los resultados de modo colegiado, junto con los aliados. Es difícil que Donald Trump acepte una perspectiva como la que he descrito, pero considero prudente señalarla antes de que la realidad mundial y los conflictos convenzan a quien corresponda del rumbo que se debe seguir.

En el contexto de enfrentar los fenómenos integracionistas en las alianzas regionales una ventaja para superar las desventajas que se presentan para los estados nacionales frente al crimen organizado y frente a los interese corporativos, desde las alianzas regionales se podría abordar el asunto de las adicciones y el asunto de que los intereses corporativos estuvieran por encima de los intereses de la humanidad.

El fenómeno de la globalización en los medios de comunicación y a nivel productivo en la producción industrial en los servicios y en el asunto financiero se ha consolidado todo, tomando en cuenta los intereses particulares en tanto que los intereses ciudadanos que son los que debe organizar y vigilar el estado se han visto limitados por las barreras que se establecen por la presencia de los estados nacionales aislados; por ello sería muy recomendable marchar por el rumbo de las alianzas de estado nacionales para discutir sus tareas y lograr una situación de capacidad para poder organizar el fenómeno de globalización en la política y en la economía y a los intereses que deben responder.

Los países están tratando de entender cómo impulsar el crecimiento y ampliar las oportunidades. A comienzos de la década pasada, la cuestión era determinar si la debilidad del crecimiento se debía al estancamiento tecnológico que se vivía desde años atrás. Eran tiempos distintos, claro está, poco después de la crisis financiera mundial, pero este es un buen momento para volver a plantearnos la cuestión. 

En la década de 2010 los países se unieron para hacer frente a los efectos de la crisis financiera con una visión común. Se propusieron iniciativas, como una regulación financiera prudencial, que favorecieron la resiliencia de cara al futuro.

Ahora, tras los efectos de la pandemia y la guerra de Rusia en Ucrania, el panorama geopolítico se encuentra sometido a una tensión enorme y el consenso es más difícil de alcanzar. El mundo ha esquivado una profunda crisis de crecimiento, pero aún persiste una tendencia alarmante a la desaceleración del crecimiento potencial. El crecimiento mundial se ha ralentizado progresivamente y las perspectivas siguen siendo deslucidas.

Comencemos por el diagnóstico: ¿Por qué se está debilitando el crecimiento? Normalmente los economistas descomponen el crecimiento en tres grandes factores o insumos: el trabajo, el capital (incluido el terreno) y la productividad total de los factores que mide la eficiencia con que se utilizan esos dos recursos. De estos tres factores, el que causó más de la mitad de la pérdida de crecimiento desde la crisis fue la desaceleración en el crecimiento de la productividad total de los factores.

En las circunstancias de la alianza comercial y productiva de los Estados Unidos con Canadá y México, se puede decir, que la economía estadounidense opera con suficiente flexibilidad como para que los insumos para la producción fluyan con más facilidad hacia las empresas más innovadoras y productivas. En la mayoría de los demás países hay fricciones —barreras regulatorias y limitaciones financieras, por ejemplo— que están reduciendo la flexibilidad cada vez más. 

Eso no significa que la desregulación incondicional (la negación de la tendencia Proteccionista) sea la respuesta a todo. Los mecanismos de protección tienen su finalidad, pero hay que valorarlos teniendo en cuenta su costo para el bienestar en términos más generales, como su efecto de freno a la innovación y el crecimiento. La crisis financiera mundial nos enseñó, por las malas, que la regulación financiera es esencial: retirar las salvaguardias del sistema financiero supone un riesgo considerable, como vimos hace dos años, cuando se vinieron abajo Silicon Valley Bank y algunos otros bancos estadounidenses de tamaño mediano. 

Otro motivo para el optimismo es la revolución de la inteligencia artificial, que podría transformar el trabajo. No sabemos con certeza hasta qué punto la IA aumentará la productividad de la mano de obra, pero el efecto podría ser considerable, dependiendo de cómo y cuánto la usen los trabajadores. Algunos de los modelos más recientes, como DeepSeek y Mistral, tienen unos costos de desarrollo mucho más bajos, lo cual sugiere que esta historia aún no se ha terminado de escribir. Hay muchos países que todavía pueden darle forma al argumento.

La innovación está avanzando a un ritmo vertiginoso y, según algunas estimaciones, el costo de la IA generativa se está dividiendo por diez cada año. Esto podría generar un crecimiento considerable, pero también tenemos que gestionar las transformaciones que podría causar en la sociedad.

Por tanto, hay esperanza. Varias políticas —desde reformas que faciliten la asignación de la mano de obra y el capital de una empresa a otra hasta grandes avances tecnológicos— podrían reactivar el crecimiento a mediano plazo. Por lo expresado es prudente mencionar que el gobierno del presidente Donald Trump debe reorientar su política respecto a los inmigrantes en su país y además pronunciarse por fortalecer la alianza en Norteamérica consolidándola en principio con las modificaciones del T-MEC y mirar las evaluaciones en el marco de una política de cooperación para poder conservar su competitividad, es decir entender que la recuperación de las ventajas de América se pueden dar en el marco de la alianza de Norteamérica, lo que iniciaría el perfil de un nuevo orden mundial más justo y equitativo.    

El otro asunto que adquiere relevancia fundamental es el relacionado con las adicciones de los ciudadanos para consumir substancias dañinas y prohibidas, especialmente las drogas, en la producción de estas se encuentra la fuente de la violencia que azota al planeta. Aunque no es la única causa de la violencia que vivimos sí es la fuente de fuertes e intensos conflictos y la fuente más importante del financiamiento de la violencia.

La tendencia a conformar alianzas de los estados nacionales puede permitir discutir de manera viable la forma en que se va enfrentar el flagelo: si prohibiendo su producción y consumo o si lo más adecuado es establecer de manera colegiada una política de control y regulación de esa actividad en lo que corresponde al consumo y a su producción. Si se optara por la segunda opción significaría al mismo tiempo convertir a la producción de drogas en una actividad industrial rentable, pero sin permitir la posibilidad de que pueda financiar violencia para conseguir mercados, las licencias de producción se lograrían registrando las empresas dedicadas a la mencionada actividad, y sus mercados deberán determinarse por estrategias mercadotécnicas.             

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