Han pasado cinco días de álgidas protestas migrantes en Los Ángeles, California, que se han extendido incipientemente a otras localidades como San Francisco y Nueva York. La tempestad lejos de calmarse, se escala más y más, por lo que es difícil prever el curso que tomará esta confrontación en días venideros.
De entrada, hay que señalar que este problema se ha convertido en una carambola de múltiples bandas, en una bola de nieve que amenaza en convertirse en una avalancha, imposible de frenar y que arrastrará inevitablemente todo lo que se encuentre a su paso.
Más artículos del autor
Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional de EE. UU., arrojó más gasolina al ambiente, como si Los Ángeles, no hubiera padecido las calamidades trágicas de los vientos de Santa Ana.
Imposible abordar todas las aristas de este complejo problema histórico de la relación bilateral México–Estados Unidos, en un espacio tan breve, pero trataremos de enunciar en una primera parte, un aspecto que me parece capital.
Breve historia
Sin duda Estados Unidos se ha beneficiado históricamente de la migración mexicana, legal o ilegal, que trató de regularse desde el Programa Bracero (1942 – 1968), en medio de la Segunda Guerra Mundial. Nuestro vecino del norte tuvo necesidad de mano de obra barata y se llegó a un acuerdo conjunto para permitir el ingreso avalado de miles de mexicanos.
Se puede asegurar, en términos generales, que conforme la economía estadounidense decrece o se estanca, las políticas antiinmigrantes se endurecen y a medida que ésta prospera, se flexibiliza las normas migratorias. Este ha sido el movimiento pendular recurrente. Ahora Trump tiene a la economía de cabeza y en los albores de una recesión.
Nadie en su sano juicio, podría negar la aportación de los mexicanos a Estados Unidos y mucho menos a California, que por sí sola es la quinta economía mundial. Los migrantes representan el 48 por ciento de su población total, de los cuales la tercera parte son de origen mexicano. Hasta aquí los datos.
Los equívocos recurrentes de la comunidad mexicana
Resulta incomprensible entender que en las manifestaciones violentas o no, se siga ondeando la bandera de México en una clara afrenta al “American Way of Life” de ese país, con especial dedicatoria al mercurial presidente Trump y sus adeptos MAGA.
Debemos remontarnos a la época en que el gobernador republicano de California, Pete Wilson, impulsó en su segundo periodo, la fracasada e inconstitucional Proposición 187, que lo catapultó a buscar la candidatura presidencial de ese partido. Sin embargo, esta se desplomó cuando se comprobó que, siendo alcalde de San Diego, había contratado a una trabajadora doméstica ilegal de origen mexicano. Increíble, pero cierto.
En aquellos años, previo a la elección presidencial de 2000, los migrantes mexicanos fueron tema privilegiado de campaña y en respuesta, realizaron multitudinarias manifestaciones y marchas contra dicha Proposición, que culminaban en la emblemática alcaldía de Los Ángeles, en las que cientos de mexicanos portaban banderas mexicanas.
A diferencia de las actuales, no existieron mayores incidentes de violencia a pesar de la provocación recurrente de partidarios de la organización racista Save Our State (SOS) patrocinada por Wilson.
Otras comunidades afectadas como la coreana, la india, por citar solo algunas, se activaron también, pero lo hicieron sin enarbolar banderas de sus países de origen y sí de las de Estados Unidos. Una diferencia marcada de cultura y entendimiento del escenario en que se movían. Ellos enviaron señales claras de no pretender romper con el status quo del sistema político de esa nación.
Si los mexicanos quieren permanecer en Estados Unidos y demandan ser ciudadanos de ese país, lo consecuente es desplegar las banderas de las barras y las estrellas. Hacer lo contrario solo exacerbó más los ánimos antiinmigrantes y racistas en un país polarizado en este tema.
De acuerdo con un estudio de abril de este año de la cadena ABC, 46 por ciento de la población aprueba la conducción de la política migratoria y 53 % la rechaza. Es decir, que Trump y sus seguidores no están solos y gozan de un cabal respaldo, para atajar a aquellos, que estiman que solo estamos ante una más de las ocurrencias presidenciales de allá.
Pareciera que los millones de mexicanos no pueden dejar de lado sus costumbres políticas viciadas y arraigadas a las que están acostumbrados, como las que ha patentado la CNTE para extorsionar y chantajear a gobiernos panistas, priistas y ahora… a sus aliados morenistas, sin ninguna consecuencia.
Algunos de nuestros paisanos, no entendieron que debieron jugar con las reglas del sistema político norteamericano, del país donde quieren establecerse, y no con las que les funcionaban en México. Las consecuencias de sus actos son muy distintas allá, donde quizá todavía y remarco todavía, “la Ley es la Ley”. Un gravísimo error de cálculo.
Desde luego, debo señalar que hubo acciones inteligentes de organizaciones de la sociedad civil, universidades, sindicatos e iglesias que impulsaron alianzas y acciones legales, para con las reglas del juego, desarticular la intentona wilsoniana. El gobierno mexicano, por su parte, encabezó todos los esfuerzos diplomáticos, de cabildeo político y social, para frenar la iniciativa que obligaba a doctores, maestros y otros servidores públicos -como policías sin placa- a denunciar ante el INS hoy ICE, a todo inmigrante indocumentado para ser deportado.
Cualquier referente pasado palidece frente a lo que estamos presenciando en la actualidad. Un presidente Trump que tiene como meta deportar a un millón de migrantes ilegales al año, decidió con toda perversión política, comenzar su experimento en el laboratorio de Los Ángeles. Lanzó el anzuelo, con cientos de elementos de ICE para desplegar redadas y sembrar terror.
La respuesta de los nuestros puede resumirse con un hecho perturbador, el del joven encapuchado y descamisado, que sobre el techo de un auto “muskiano” vandalizado, ondeaba a diestra y siniestra nuestro lábaro patrio, como auténtico Niño Héroe moderno.
El video poderosísimo fue empleado inmediatamente por el establishment y Trump, que no se tentó el corazón para desplegar a miles de efectivos de la Guardia Nacional y ahora a los 700 Marines, para acallar la “insurrección” y de paso subir al ring a sus rivales demócratas.
La imagen se convirtió en un ícono, que tocó las fibras más profundas de los norteamericanos, como lo fue en su momento, la del disparo que recibió Trump en la oreja y él alzando los brazos en señal de victoria en plena campaña. Adhirió a su lado a muchos que no simpatizan con él y su cruzada. De ese tamaño fue el error, aparentemente insignificante, de un puñado de mexicanos “movilizándose”.
Nada pudo ser más útil para su narrativa antimexicana y marcará sin duda un antes y un después, en la historia de la relación entre ambos países, que, para colmo e ironías de la vida, sumó el respaldo de su enemigo más reciente, Elon Musk.
Pero tendremos Mundial y la selección jugará en unos días en Los Ángeles, para sumar a la locura.
Pd. La incitación de la presidenta Sheinbaum a movilizar a los mexicanos, así al aire, como pateando el bote ya fue sacada de contexto y tuvo consecuencias graves. Nunca en la historia reciente un funcionario del nivel de Noem, había responsabilizado así a una mandataria para quedar bien con su jefe. Veremos cómo crece la bola de nieve y la avalancha; el pronóstico es totalmente reservado, pero nada bueno saldrá de esto. Ya lo comentaremos.