Dice Liz Sánchez, nuestra flamante senadora poblana –sí la que un día soñó con ser gobernadora pasando por arriba de Armenta y Nacho Mier- que “la televisión, la radio, la prensa, las redes sociales, tienen un poder inmenso, son espejos de nuestra sociedad, pero también son herramientas para transformarla y el Estado, tiene la obligación de actuar cuando ese poder se utiliza para sembrar odio o dividir a nuestro pueblo”.
La anterior declaración, obedece al debate generado tras la llamada “Ley Censura”, que ha lanzado el gobierno morenista, encabezado por Claudia Sheinbaum, para censurar a medios de comunicación y redes sociales que ellos, sí, ellos, el gobierno, considere que están haciendo una crítica hacia el propio gobierno. Eso, aquí y en China –o Corea o Venezuela o Cuba-, se llama censura.
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Claro está que esto se quiere disfrazar de algo bueno, y ahí es donde entra el discurso de Sánchez, cuando señala que el Gobierno, en este caso el de Claudia Sheinbaum, tiene “La obligación de actuar cuando ese poder se utiliza para sembrar el odio o dividir a nuestro pueblo”.
Y la pregunta surge: ¿Desde dónde a diario se divide al pueblo, entre buenos y malos, entre liberales y conservadores, entre fifís y pueblo bueno, entre ricos y pobres, entre patriotas y traidores a la patria, entre corruptos y honestos? Exacto: desde la propia Mañanera, donde se escuchan las expresiones arriba señaladas, no dignas de un gobierno que debiera gobernar para todos, porque además quien califica quienes son los “buenos y malos”, son ellos mismos y con la misma facilidad, pueden convertir a los buenos en malos y a los malos en buenos como ya se ha visto en múltiples ocasiones: Cuauhtémoc Blanco, Rubén Rocha Moya, Félix Salgado Macedonio; por decir solo algunos, muy poquitos, porque los ejemplos sobran.
Estos personajes -como el lector informado debe saber-, han sido acusados de violación y narcotráfico y en la narrativa oficial son de los “buenos”. En cambio, otros como Ricardo Anaya o Lily Téllez, o periodistas como Loret de Mola o Ciro Gómez Leyva, si bien no son unas blancas palomitas, pero se les califica como de los “malos”.
En una palabra: quien esté fuera del régimen, es enemigo y “malo”, quien esté dentro, es amigo y “bueno”. ¿Eso no es división? Por supuesto, pero no es a esa división a la que se refiere Liz Sánchez (Dios la libre de que llegara a hablar mal del régimen, so pena de pasar a ser de los “malos”) sino es la narrativa que justifica que ahora, la Ley Censura pueda desaparecer plataformas digitales, que sean críticas o molestas para el gobierno. Y por supuesto las concesiones televisivas y radiofónicas que el Gobierno considere que están “dividiendo al pueblo”.
Cabe señalar que la “Ley Censura” nace luego de la transmisión de spots pagados por el gobierno estadounidense, donde se llama a la detención de migrantes. Y con ese pretexto, pretenden acallar no solo eso, sino a las voces críticas hacia el régimen, que cabe señalar, no vienen únicamente de periodistas, sino de ciudadanos que están severamente decepcionados del régimen, ante lo desastroso de los resultados en todos los ámbitos, pero particularmente en el tema económico y de inseguridad.
Esta Ley, por supuesto ha sido severamente criticada pues regresa a los tiempos del priato cuando –en aquel entonces no había por supuesto internet- pero se controlaba el papel para periódico, las televisoras y la mítica llamada de parte de Gobernación al concesionario cuando el conductor de noticias se sobrepasaba en alguna crítica hacía el gobierno.
Después hubo una época –desde la llegada de Fox- en que la libertad de expresión gozó de cabal salud, llegándose incluso al libertinaje y endilgándole calificativos al Presidente que antes jamás se hubieran imaginado, para pasar después a la era del internet, donde el mismo López Obrador llegó a llamarlas “benditas redes sociales”, porque le permitieron llegar a la gente que antes no era posible porque la televisión estaba controlada por el régimen.
Luego, como puede verse, “las benditas redes sociales”, esas que antes aclamaban a AMLO, han pasado a ser los mayores críticos y ahora esos opositores convertidos en gobierno, están a un paso de acallarlas, no solamente a los periodistas, sino a cualquier ciudadano que quiera expresar algo que al gobierno le parezca “malo”.
Y sí. De las benditas redes sociales a la Ley Censura que hoy se pretende aprobar, está ni más ni menos que la incongruencia. Y la dictadura.