El pasado 24 de agosto el maestro Gabriel Vargas Lozano publicó un artículo en el periódico La Jornada donde alude a los intentos que en el pasado y en el presente se han hecho por eliminar las disciplinas filosóficas y humanísticas de la educación media superior.
Ahí recuerda que en 2008 Felipe Calderón, siguiendo los dictámenes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) de dar prioridad a la educación científico-técnica y mercantilista, eliminó las materias de Ética, Estética, Lógica e Introducción a la Filosofía, además de la materia de Literatura “convertida en comunicación”.
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En esa ocasión el gobierno tuvo que dar marcha atrás, pero hoy, esos mismos personajes, incrustados en la Subsecretaría de Educación Media Superior, con el pretexto de que estas disciplinas se impartían “en forma abstracta y doctrinaria” aplicaron la “transversalidad que implica la mezcla de conocimientos diversos a partir de las problemáticas que viven los estudiantes en sus diversos medios”, y “para complacer ‘al príncipe’ colocaron tres semestres de humanidades sin definir en forma precisa qué son”
Entre las consecuencias de esta reforma señala que “la Universidad Autónoma del Estado de México anunció la eliminación de las disciplinas filosóficas de sus planes y programas de estudio, y así podrá ocurrir en otras universidades autónomas, dada su dependencia económica del presupuesto federal”.
Es muy cierto que las disciplinas humanísticas, y especialmente la Filosofía, se encuentran frecuentemente ante la pregunta de ¿para qué sirven? Para responder a este interrogante que te paraliza, tienes que establecer comparaciones con las otras disciplinas para dejar claro que comparte con ellas los adjetivos que la ponen en el banquillo de los acusados.
Por ejemplo, si por ‘abstracta’ se entiende general o universal, no hay disciplina que no pretenda que los resultados de su investigación no se agotan en el laboratorio o en el caso concreto, sino que son extensibles a todos los casos de esa misma clase. La pretensión de universalidad es propia de todas las disciplinas y no sólo de la Filosofía.
Además se le acusa de doctrinaria. Si por ‘doctrinaria’ se entiende que la reflexión filosófica se hace desde un punto de vista, desde una forma de ver el mundo, tendríamos que aceptar que efectivamente así es. Es innegable que no sólo la Filosofía sino todas las disciplinas se cultivan de esa manera, sólo alguien que no ocupara un lugar en el espacio y en el tiempo, “suspendido en el aire”, podría tener una omnivisión del mundo; en otras palabras, sólo una persona fuera de todo contexto histórico, político o ideológico podría “presumir” de que no tiene una visión doctrinaria. Esa persona no existe.
Aunque la Filosofía comparte estos rasgos con las demás disciplinas, tiene un quehacer propio. Pensemos en la Ética, consistente en una reflexión sobre las reglas morales y la moralidad. Cuando nos enfrascamos en una discusión moral lo que hacemos es evaluar las acciones de los otros. Con base en la aceptación de determinadas normas morales concluimos si el agente moral actuó bien o mal, si perjudicó o no a alguien más con su acción, si faltó o no a un principio ético aceptado en la comunidad que comparte la misma forma de vida.
También nos evaluamos a nosotros mismos cuando nos planteamos un dilema moral, cuando nos preguntamos si debo o no realizar tal acción, cuando nos enfrentamos al remordimiento o al arrepentimiento.
Por supuesto que las reglas morales con base en las cuales evaluamos, como en el caso de todas las demás reglas, se aprenden. Desde que nacemos en una comunidad determinada no sólo somos entrenados para seguir determinadas normas, sino que también aprendemos a evaluar a los demás y a nosotros mismos.
Para esto sirve la Ética, no para aprenderte las reglas morales, puesto que éstas ya las seguimos desde antes de llevar la materia, sino para reflexionar en torno a ellas y a las acciones que denominamos morales. Y esta reflexión es fundamental para la formación de las y los jóvenes porque ahí es cuando se vuelve clara la concepción del ser humano desde la cual evaluamos, la concepción de persona que se explicita gracias a la discusión orientada por el maestro o maestra de Filosofía.
Sólo desde la reflexión filosófica, y específicamente la ética, se puede comprender a cabalidad el párrafo quinto del artículo primero constitucional:
“Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.”
Aquí prevalece una concepción de la persona entendida como fin en sí misma, con libertad, autonomía y dignidad. Una persona, así entendida, no tiene precio, es invaluable.
La Filosofía, en cualquiera de sus ramas, siempre parte de un análisis conceptual, se pregunta por el significado de las palabras, es decir, cómo y para qué se usan y cómo se interrelacionan con las acciones, con la praxis de las personas. Así, cuando nos encontramos con palabras domingueras como la ‘transversalidad’ lo primero que nos preguntamos es para qué sirve esta palabra.
Si nos atenemos a su significado geométrico, una línea transversal atraviesa o cruza un plano. De manera que, si la Ética no se va a enseñar como disciplina sino “transversalmente”, quiere decir que no se van a abordar los temas morales sino “de pasada”. Es cierto que un tema de Ética aplicada como el de la eutanasia, por ejemplo, es objeto de estudio al menos del médico, del jurista y del filósofo, pero no del “todólogo”. Este tema se tratará con seriedad mientras sea abordado desde todos estos aspectos, sin pretender que el maestro o maestra domine cada uno de ellos. Lo que sí podemos pedirle es que domine su disciplina, que vea los puntos en que se toca con las demás y sepa dialogar con ellas a fin de resolver problemas específicos, problemas en los que nos vemos envueltos nosotros y los demás.
Así como hay excelentes razones para no eliminar a la Ética del nivel medio superior, las hay para la Lógica, la Estética o la Epistemología. Y pienso en la posición en la que se encuentran las universidades autónomas, como lo señala el maestro Vargas, que dependen económicamente del Estado. Sería un contrasentido que gozando de la libertad de cátedra y de investigación, así como de la enorme capacidad de discutir libremente las ideas, se intentara instalar un modelo único de educación media superior.
¿No les parece a ustedes de la mayor importancia dejar muy claras las razones por las que la Filosofía no se puede subsumir en las inciertas “humanidades” con lo que se eliminaría su trascendental aportación a la formación de una conciencia ciudadana crítica?