Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El Foro de la UNAM analizado desde la BUAP (II)

La representatividad sectorial en los órganos colegiados de gobierno como signo de democracia

Guadalupe Grajales

Licenciada en Filosofía por la UAP con Maestría en Filosofía (UNAM) y Maestría en Ciencias del Lenguaje (UAP). Candidata a doctora en Filosofía (UNAM). Ha sido coordinadora del Colegio de Filosofía y el posgrado en Ciencias del Lenguaje (BUAP), donde se desempeña como docente. Es la primera mujer en asumir la Secretaría General de la BUAP.

Martes, Abril 21, 2026

Retomemos la participación de Imanol Ordorika para abordar el tema crucial de la representatividad al interior de los órganos colegiados de la universidad.

Ofreció una serie de datos con respecto a la constitución del consejo universitario: los directores(as) están representados al 100%; los investigadores de los Institutos (2106) están representados por 66 personas, en una proporción de 31 a 1000; los investigadores de los Centros (450) por 4, en una de 9 a 1000; los técnicos académicos (1880) por 10, en una de 5.3 a 1000; los profesores de Bachillerato (6502) por 12, en una de 1.8 a 1000; los profesores de Escuelas y Facultades (34,000) por 58, en una de 1.7 a 1000; los estudiantes de Posgrado (30,000) por 12, en una de 0.4 a 1000; los estudiantes de Escuelas y Facultades (171,000) por 68, en una de 0.4 a 1000; y los estudiantes de Bachillerato (111,000) por 16, en una de 0.1 a 1000. En total 246 consejeros.

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A éstos hay que sumar un profesor representante de los Centros de Extensión Universitaria, un representante de los empleados, y los directores de Escuelas, Facultades e Institutos, 69, lo que da un total de 317 consejeros (de acuerdo con los datos ofrecidos por Imanol Ordorika y lo establecido por la Ley Orgánica de la UNAM y su Estatuto General).

En su intervención Ordorika afirmó que la UNAM ha priorizado la investigación a costa del abandono del estudiantado, de 1986 a la fecha, lo cual coincide con la adopción de la política gubernamental que estancó el incremento salarial de los docentes a cambio de becas y bonos otorgados previa evaluación de la productividad del académico(a).

Los números le dan la razón: 2556 investigadores constituyen el 22% del Consejo Universitario; mientras que 42,382 docentes constituyen el 25.2%. Esto significa que en la UNAM la política gubernamental de generar un estrato académico privilegiado se tradujo en dotar de una representación política muy superior al sector de los investigadores.

En la UNAM los Directores(as) representan el 21.7% del Consejo y el estudiantado el 30.28%. Lo que resta es un 0.71% repartido entre dos representantes, uno de los cuales es el de los empleados, equivalente al 0.35%.

Al finalizar su intervención Ordorika propuso “cambiar desde dentro”. Llevar a cabo la auscultación en urnas mediante una votación ponderada: “50 y 50”, “No se tiene que cambiar la Ley Orgánica, …se hace adentro… Lo que van a aprobar, no nos va a gustar.”

Esto último es un llamado, yo diría desesperado, a preservar la autonomía universitaria en lo que toca a la definición de su estructura de gobierno.

Y aquí quisiera llamar su atención sobre el hecho de que en nuestra universidad este voto ponderado, entendido como la representación paritaria de docentes y estudiantes en los organismos colegiados de gobierno, se estableció desde 1991, cuando se aprobó una nueva Ley y el respectivo Estatuto Orgánico. Casi 35 años.

Sin embargo, la BUAP vive los mismos problemas que la UNAM y todas las universidades públicas: la paulatina desaparición de los profesores de carrera y su nula reposición. De acuerdo con Ordorika el 88% de los profesores de asignatura de la UNAM tienen derecho a ocupar una plaza de carrera, pero los concursos por oposición simplemente no se abren.

La precariedad laboral derivada y la incertidumbre que la acompaña son las razones que explican lo que Ordorika llama la “crisis pedagógica”, pues “los alumnos prefieren tomar los programas remediales que ir a clases todo el semestre”.

Es obvio que el tiempo que dedican los profesores de asignatura a sus clases no está compensado con un salario suficiente. Y esto nos lleva a otro análisis que quizá nos explique por qué, como dice Ordorika, la rectoría de la UNAM no ha perdido una sola votación desde que se promulgó su Ley Orgánica en 1945.

Aquí en la BUAP la rectoría no sólo no pierde, sino que además todas las votaciones las gana ¡por unanimidad! ¿Por qué es esto así? La razón es obvia: el control absoluto de maestros y estudiantes.

¿Cómo puede haber docentes autónomos, libres e independientes, si la gran mayoría depende de un salario raquítico y de una recontratación semestre a semestre?

¿Cómo puede haber estudiantes autónomos, libres e independientes, si todos ellos y ellas dependen de un Reglamento absolutamente punitivo que viola su derecho a la educación?

No podemos sino reconocer la justeza de la representación paritaria, por principio, pero esto no es suficiente para que en la universidad se viva una genuina democracia, una democracia que represente los verdaderos intereses del magisterio y del estudiantado.

Mientras el sistema público de educación superior no reconozca la necesidad de abrir los caminos para la profesionalización de la carrera docente, la enseñanza universitaria no alcanzará el nivel educativo adecuado a las exigencias y necesidades de un desarrollo social equitativo y próspero.

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