Hemos estado comentando el Foro de la UNAM desde nuestra experiencia en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y hemos constatado que los problemas que aquejan a las universidades públicas, autónomas o no, son los mismos. Esto significa que la crisis del “modelo” no es propio de ninguna universidad sino del sistema en su conjunto, del sistema público de educación superior.
Ahora, con la información dada a conocer por la Secretaría de Educación Pública aparecida en el periódico La Jornada el 26 de abril del presente, según el diagnóstico del Programa Nacional de Educación Superior 2026-2030, nos damos cuenta de que todo el sistema de educación superior, público y privado, está haciendo agua. Los datos son reveladores.
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De 469,811 maestros universitarios del país, sólo 106,098 cuentan con un contrato de tiempo completo, o sea el 22.5%, uno de cada cinco; mientras 332,297 trabajan por hora o asignatura, el 70.7%.
Del total, 218,765 docentes trabajan en instituciones privadas (46.5%) y 251,000 en públicas (53.4%).
Para el caso de las universidades públicas únicamente, 87,919 son docentes de tiempo completo (35%) y 147,881 (58.9%) son hora/clase o asignatura.
Las universidades públicas atienden a 3.4 millones de alumnos y las privadas a poco más de 2.1 millones. Según esto la proporción es de 13.5 alumnos por docente para la pública y 9.6 alumnos por docente para la privada.
Para el caso de la BUAP la proporción alumno/docente es casi el doble. Según el Anuario Estadístico 2024-2025, son 124,312 alumnos y 5,108 docentes, o sea, 24.3 alumnos por cada docente.
Otro dato interesante proporcionado por la SEP es el siguiente: para el ciclo 2023-2024, 24,806 docentes de tiempo completo contaron con el reconocimiento de perfil deseable, PRODEP, es decir “cumplen satisfactoriamente las actividades de docencia, investigación, tutoría y gestión académica, esto representa …sólo 28.2 por ciento de …dicha categoría…”
Sin embargo, para el caso de la BUAP esta proporción se dobla, pues de acuerdo con el mismo Anuario 2024-2025, de los 2080 docentes de tiempo completo, 1,170 tienen el perfil PRODEP, equivalente al 56.25%. Esto significa que el tiempo que dedican a las actividades no docentes sólo son posibles gracias a los docentes hora clase o de asignatura que llegan a dar hasta 40 horas a la semana, cobrando exclusivamente la hora impartida y nada más.
En otras palabras, los 24.3 alumnos atendidos por cada docente de la BUAP en realidad son atendidos en gran proporción por los profesores hora clase. Y el problema no es que poco más de la mitad de los docentes de tiempo completo gocen efectivamente del tiempo necesario para investigar y cumplir con todas las actividades establecidas en el Reglamento de Ingreso, Permanencia y Promoción del Personal Académico (RIPPPA). Todo lo contrario. El problema reside en que a los docentes de hora clase no les pagan todo el tiempo que dedican a la preparación de sus materias y a todas las demás actividades que los contratados por tiempo completo ya no pueden alcanzar a cumplir.
No hay forma de que el nivel educativo mejore sustancialmente mientras no se establezca una política nacional de profesionalización de la enseñanza.
En ese sentido la SEP hace estas recomendaciones: “una tarea ‘indispensable’ fortalecer los programas de profesionalización académica mediante estrategias estructurales que garanticen formación continua, reconocimiento de trayectorias y mejores condiciones laborales.” “…recuperar la noción original del docente por asignatura como un ‘profesional que imparte algunas clases en complemento a su actividad principal, y no un esquema que sustituya la figura del profesor de tiempo completo’”.
Esto es justo lo que ha venido sucediendo en todas las universidades públicas autónomas, incluida la BUAP obviamente. Cada año la proporción de profesores hora clase es mayor y, no sólo no reciben un pago equivalente al que reciben los profesores de carrera, sino que además se ocupan de todas las actividades ligadas a la docencia sin percibir la retribución correspondiente. En suma, son docentes verdaderamente explotados(as).
Otro desafío para la SEP es el de fortalecer el posgrado. En el ciclo 2024-2025 “sólo 8.7 por ciento del estudiantado de educación superior cursaba posgrado y apenas 1.3 por ciento realizaba estudios de doctorado.”
Para el caso de la BUAP tenemos un porcentaje menor a la mitad, pues de acuerdo con el Anuario Estadístico 2024-2025 los estudiantes de posgrado son 4,293 de 124,312, o sea, el 3.4%
Dado el enorme impacto de la educación en el desarrollo de nuestro país, uno se pregunta ¿cómo es posible que no se implementen las políticas públicas indispensables para mejorar las condiciones laborales de esos 251,000 profesores(as) universitarios(as)?