El pasado lunes 15 de enero fue el lunes triste del inglés “Blue Monday”, esto debido a que desde hace tiempo se sabe que durante el invierno se incrementa la sensación de tristeza y de depresión. Lo anterior se debe a que las horas de luz solar disminuyen a un mínimo y esto cambia la forma en que opera nuestro cerebro, esto es más claro en cuanto más al norte estemos ya que la fase oscura será mayor.
De tal forma, que la tristeza invernal tiene que ver con un cambio en nuestro reloj biológico, el cual es capaz de alterar los patrones de sueño, provocar diversos cambios hormonales y afectar la producción de las sustancias con la que se comunican las neuronas (neurotransmisores) relacionadas con el estado de ánimo como son la dopamina, la serotonina, o la hormona del sueño denominada melatonina.
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La tristeza en el invierno se caracteriza por sentimientos de desesperanza, así como falta de energía, exceso de sueño (somnolencia) durante el día y/o problemas para dormir durante la noche. Así como aumento del apetito, sobre todo por alimentos con alto contenido en calorías como son los ricos en carbohidratos: galletas, chocolates, caramelos, pan blanco etc., que “reconfortan” la fatiga y la infelicidad. Al comer estos alimentos se producen diferentes hormonas en nuestro cerebro, como son las endorfinas y la serotonina, consideradas hormonas de la felicidad, y que por lo tanto mejoran el estado de ánimo.
El lunes de la tristeza es entonces un recordatorio de una enfermedad mental que se caracteriza por congoja y deben ser tratadas por el personal de salud especializado como son los médicos psiquiatras.
No debemos denostar a quién se siente sin ganas de hacer nada, a quien pierde la capacidad de sentir placer ante situaciones agradables como son el comer, la actividad sexual, un paseo, etc. Por lo que debemos estar atentos y dar el soporte a quien se entristece o deprime en esta época del año.