En diversos estudios científicos en este siglo se ha mostrado que existe una relación estrecha entre la calidad y duración del sueño, con cuánta hambre tenemos y el desarrollo de la obesidad. Esto es el dormir menos de siete a ocho horas, se asocia con un mayor riesgo de desarrollar obesidad.
Lo anterior debido a que las personas que duermen poco tienden a consumir más calorías durante el día, especialmente alimentos ricos en grasas y azúcares. Esto se debe a que, si se duerme poco, se producen cambios importantes en dos hormonas clave, la primera es la leptina, encargada de generar sensación de saciedad, la cual disminuye cuando no dormimos lo suficiente.
Más artículos del autor
Mientras que la grelina, es la hormona que estimula el hambre, y aumenta con la falta del sueño. Lo que conlleva a sentir más hambre y se come en exceso. Adicionalmente, la falta de sueño afecta los circuitos cerebrales relacionados con la recompensa, lo que incrementa el deseo por alimentos altamente palatables.
Esto explica por qué las personas con privación de sueño suelen preferir comida rápida, dulces y comida chatarra.
Por otra parte, las dietas ricas en grasas saturadas y azúcares pueden provocar un sueño más superficial y fragmentado. Pero una alimentación equilibrada, rica en fibra y nutrientes, favorece un sueño más profundo y reparador. Por último, nunca debes comer en horarios irregulares, o justo antes de dormir, ya que esto también puede alterar tus ritmos circadianos, los cercanos a 24 horas, ya que esto dificultará tu descanso.
Por lo tanto, el dormir bien es un fundamental para mantener un peso saludable, por lo que se debe cuidar la higiene del sueño, esto es mantener horarios regulares del dormir, más una alimentación equilibrada son estrategias clave para prevenir la obesidad y mejorar la salud en general.