Aunque casi todos los actores políticos han cuestionado alguna vez a las encuestas se empieza a generalizar la tendencia de designar como candidatos a los “mejor posicionados” en los resultados demoscópicos.
Este método tiene una clara virtud: es poco costoso, más en el sentido político que en el económico. Una elección abierta a la ciudadanía, o limitada a la militancia, suele ser muy costosa. Los precandidatos pueden descalificarse, el proceso puede ser impugnado, los simpatizantes se pueden enfrentar a niveles viscerales. La selección por encuesta evita estos riesgos.
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La pasada elección interna del candidato a gobernador del PAN en San Luis Potosí es un buen ejemplo. Se enfrentaron dos precandidatos fuertes, ambos exalcaldes de la capital. El proceso interno fue competido y conflictivo. Llegó a los tribunales. Consecuencia: el partido llegó desgastado y dividido a la elección constitucional y la perdió.
Claro que la interpretación de las encuestas puede hacerse desde distintos criterios. Desde las preguntas puede haber sesgos a favor de algún precandidato. Y no siempre es claro cuál es el mejor: si el más conocido es el que tiene más negativos, ¿es preferible a otro, menos conocido, pero más valorado? Fueron dilemas que se presentaron en la elección para candidato presidencial del PRD en 2012 y para la de gobernador en Puebla en 2018. Entre otros.
Además, se debe tener claro que el más conocido no necesariamente será el mejor gobernante. En Puebla estamos en una situación en la que puede ganar en las encuestas quien ha gastado más en espectaculares. Lo que no garantiza, ciertamente, un buen gobierno.
¿Hay algún método para seleccionar como candidato al que tiene más probabilidades de ser buen gobernante? Puede haber varios. Ninguno infalible (la democracia deliberativa, la deliberación en órganos colectivos para discernir quién puede ser el mejor, es otra posibilidad).
No hay que olvidar un viejo principio: las guerras no las gana el ejército que tiene más armas al principio, sino el que tiene más armas al final. Las elecciones no las gana quien tiene más preferencias al principio del proceso, sino quien las tiene al final. En Puebla, alguna vez, ganó la elección del ayuntamiento una candidata que empezó abajo 20 puntos. Terminó con 20 puntos de ventaja sobre su adversario.
Lo que lleva, entre otras cosas, a considerar qué tan unidas estarán las fuerzas que operan electoralmente. Se ha investigado que quienes apoyaron al PAN en la elección de gobernador en Puebla en 2018, apoyaron al PT y al PVEM en 2019, dando lugar a la derrota panista.