Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Reflexiones sobre la elección de una profesión

Texto del joven Karl Marx sobre el dilema de los jóvenes en la elección de una profesión

Lorenzo Diaz Cruz

Doctor en Física (Universidad de Michigan). Premio Estatal Puebla de Ciencia y Tecnología (2009); ganador de la Medalla de la DPyC-SMF en 2023 por su trayectoria en Física de Altas Energías. Miembro del SNI, Nivel lll. Estudios en temas de educación en el Seminario CIDE-Yale de Alto Nivel (2016). 

Jueves, Julio 6, 2023

Estas semanas cuando pasaba por Valsequillo rumbo a mi trabajo en la BUAP, me llamaba la atención la presencia de tantos padres y madres de familia que acompañaban a sus vástagos para presentar el examen de admisión a la universidad. Es conmovedor ese gesto de los familiares que hacen un sacrificio económico y de tiempo, con la esperanza de que sus hijos tengan acceso a una educación que les permita tener un mejor futuro.

Al mismo tiempo, al mirar las caritas que esperan su turno llenas de ilusión y alegría, me preguntaba cuántos de esos jóvenes saben realmente lo que quieren.  Algunos de ellos llegarán con toda la motivación, con buenos hábitos de estudio, conocimientos básicos, todo aquello que les puede asegurar un buen paso por la universidad. Sin embargo, habrá algunos que sufrirán para pasar sus materias, otros que lucharán por mantener una mínima motivación y poder concluir sus estudios. Junto con ellos habrá otro porcentaje que sufrirá con las materias desde el primer día, que irá descubriendo que la carrera elegida no era lo que esperaban. Tristemente, algunos de ellos no van a pasar ni una sola materia en ese bendito primer semestre. Abandonar los estudios será la salida para ellos, hasta por salud mental en algunos casos.

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Para el ingreso de los alumnos al sistema de educación superior, las instituciones se basan en un examen de admisión, que puede ser bien diseñado o no. Hay tantas variables a tomar en cuenta para asegurar un paso exitoso del estudiante por la educación universitaria, que resulta difícil aceptar que todo eso esté bien representado por un examen de admisión. En general los estudiantes ni siquiera conocen las instalaciones donde pasarán cuatro o más años de su vida, tampoco conocen a fondo las carreras que ofrece la universidad.

Entonces, cuando las universidades anuncian que están contemplando ampliar su matrícula, lo cual en principio suena bien, sin mencionar como esperan mejorar los índices de graduación, u ofrecer a los potenciales estudiantes información adicional sobre las carreras, no deja de sorprender y pensar que hace falta seriedad a esa propuesta. Todo parece inscribirse en la tradición más arraigada de nuestro país: cuidar la inercia, no hacer olas ni ver los problemas a fondo, y dejar que las cosas se arreglen o hagan crisis por sí mismas.

Una parte de los problemas que menciono se resolvería si hubiera una mejor orientación vocacional en la educación media. Pero eso requiere recursos humanos mejor capacitados, buenos programas, una reforma al proceso de admisión de las universidades. Por ejemplo, todo el perfil del estudiante se reduce a un promedio de calificaciones y un examen de admisión, pero, ¿qué más sabemos de ellos como personas? ¿Son honestos, luchadores, idealistas? Esa información estaría mejor planteada en una carta de recomendación como se usa en muchos otros países, que sí está bien hecha, con honestidad, completaría lo que se requiere para conocer al potencial estudiante universitario

Mientras llega eso, en algún momento del futuro lejano, conviene que los padres de familia y los estudiantes se informen bien de las carreras, las materias, especialidades, y traten de analizar si realmente están haciendo una buena elección a futuro.

Uno de los textos más bellos sobre el dilema de la elección de una profesión, proviene de un joven talentoso, lleno de ideales, que con sus contribuciones influyó mucho para cambiar el mundo. Señoras y señores, con ustedes algunos fragmentos del joven Marx sobre la elección de una profesión:

“La naturaleza ha determinado la esfera de actividad en la que debe moverse todo animal, y éste se mueve apaciblemente en ella, sin intentar sobrepasar sus límites, sin intentar siquiera echar un rápido vistazo más allá. También al hombre en general la Divinidad le ha dado un fin, el de ennoblecer a la humanidad y a sí mismo, pero le permite buscar por sí solo los medios mediante los cuales realizar este fin…

Esta capacidad de elección es un gran privilegio para el hombre sobre el resto de la creación, pero al mismo tiempo es una decisión que pude destruir toda su vida, frustrar sus planes y hacerle infeliz. Recapacitar seriamente sobre esta elección es, por tanto, el primer deber de un joven que comienza su carrera y no quiere dejar sus asuntos más importantes al arbitrio de la suerte.

Por eso debemos examinar seriamente si estuvimos realmente inspirados en nuestra elección de profesión, si nuestra voz interior lo aprueba, o si esta inspiración es una ilusión, y lo que creemos la llamada de la Deidad no era más que autoengaño.

Pero no sólo la ambición puede despertar un entusiasmo repentino por una profesión determinada; quizá nuestra imaginación pueda embellecerla, … de tal manera que nos parezca lo mejor que la vida puede ofrecernos. No la hemos analizado en detalle, no hemos considerado toda la carga que implica, la gran responsabilidad que nos impone; la hemos visto sólo desde la distancia, y la distancia engaña.

Nuestra propia razón no puede ser buena consejera aquí; porque no está sustentada ni por la experiencia ni por una profunda observación, sino que se ve engañada por la emoción y cegada por la fantasía.

Si hemos elegido una profesión para la que no tenemos talento jamás podremos ejercerla bien, y pronto nos daremos cuenta con vergüenza de nuestra incapacidad y diremos que somos unos inútiles, incapaces de satisfacer nuestra vocación.

Si hemos considerado todo esto, y si nuestras condiciones de vida nos permiten elegir la profesión que queramos, podemos adoptar aquélla que nos asegure el mayor bien, un bien basado en ideas de cuya verdad estemos por completo convencidos, que nos ofrezca el abanico más amplio desde el que trabajar para la humanidad.

Pero el bien sólo puede garantizarlo una profesión en la cual no seamos herramientas serviles, una profesión en la que actuemos independientemente dentro de nuestra esfera. Aquellas profesiones no implicadas de lleno en la vida, sino relacionadas con ideas abstractas, son las más peligrosas para los jóvenes cuyos principios y convicciones no son aún firmes, fuertes e indestructibles.

Pero la principal guía que debe dirigirnos en la elección de profesión es el bienestar de la sociedad y nuestra propia perfección. No debe pensarse que estos dos intereses puedan entrar en conflicto, que uno pueda destruir al otro; por el contrario, la naturaleza humana está constituida de tal modo, que sólo podemos atender a nuestra propia perfección trabajando por la perfección y el bien de los demás.

Si se trabaja sólo para uno mismo, es posible convertirse en un hombre de fama, en un gran sabio, un excelente poeta, pero jamás en un verdadero gran hombre. Si hemos elegido la posición en la vida en la que ante todo podemos ayudar a la humanidad, ninguna carga podrá aplastarnos, porque los sacrificios serán en beneficio de todos; no experimentaremos una felicidad egoísta, limitada y estrecha, sino que nuestra felicidad pertenecerá a millones de personas, nuestros actos permanecerán sosegada y perpetuamente vivos, y sobre nuestras cenizas caerán las cálidas lágrimas de las personas nobles.”

Se puede estar de acuerdo o no con las ideas políticas de este filósofo y economista alemán, pero no se puede dudar de su enorme talento, que ya se reflejaba en las atinadas palabras de este ensayo sobre el tema, la elección de una profesión. Palabras que conservan su frescura, y que tan atinadamente describe la importancia de esa decisión, para los jóvenes de ayer, hoy y siempre.

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