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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿Vota México de manera inteligente?

Una parte del país considera que su voto si es racional, pero el de los demás no

Lorenzo Diaz Cruz

Doctor en Física (Universidad de Michigan). Premio Estatal Puebla de Ciencia y Tecnología (2009); ganador de la Medalla de la DPyC-SMF en 2023 por su trayectoria en Física de Altas Energías. Miembro del SNI, Nivel lll. Estudios en temas de educación en el Seminario CIDE-Yale de Alto Nivel (2016). 

Viernes, Junio 9, 2023

De entrada, cabría decir que la respuesta depende mucho del sistema de referencia del observador, de sus preferencias políticas, nivel educativo y posición social. Como dice el poema de Campoamor: “… nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.

Por una parte, cuando leemos la opinión de un sector de la comentocracia mexicana, o incluso más allá de nuestras fronteras, se asegura que la mayoría de la gente pobre de nuestro país vota de manera poco inteligente, que sus decisiones son producto de la ignorancia o hasta de la geografía (con afirmaciones como “el norte trabaja, el sur duerme y el centro piensa”, o cosas peores).

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Antes de que el PAN, o el mismo AMLO, llegaran a la Presidencia, la queja era contra el PRI, que tenía todo un arsenal de malas artes, como la operación carrusel, ratón loco, compra de votos o de plano el robo de urnas, como último recurso para asegurar el triunfo de aquellos próceres, herederos de la Revolución Mexicana, que no tenían el suficiente carisma para encandilar a la mayoría de la población. Sin embargo, deberíamos aceptar que aún en esos tiempos había una base de votantes que le permitía al sistema graduar la aplicación de esos métodos extralegales, según fueran las necesidades de cada caso.

En la actualidad la descalificación se dirige al votante de Morena, se les acusa de ser proclive a dejarse convencer y obsequiar su voto a cambio de un apoyo monetario, alineado con los programas sociales del régimen. Se desgañitan los comentaristas ante una realidad que no se deja modelar por la teoría, o incluso se desesperan porque esa mayoría dócil no puede ver que el país va derechito a la catástrofe, según ellos.

Sin embargo, sería interesante conocer la opinión de esa élite mediática, sobre la actitud de empresarios como Slim o Servitje, cuando en el pasado apoyaron las campañas de Labastida o Fox. Cuando lo hicieron así, ¿actuaron de forma inteligente o no? Es probable que consideren que sí, pues suelen creer que los empresarios saben lo que hacen, no como esos pobres, sin educación, que se dejan convencer por un plato de frijol con gorgojo.

Por otra parte, es posible también que, en un arranque de honestidad, reconozcan que los hombres del capital apoyaron esos partidos o candidatos para ver si les permitirían obtener una que otra ventaja para sus empresas. O ya encarrerados, hasta pueden ofrecer recursos monetarios para una campaña presidencial a cambio de una futura rebaja en los impuestos que les tocará pagar, o ya de perdida que les asignen algún contrato huerfanito que ande por ahí, sin una empresa que lo haga florecer.

Es claro que hay un doble estándar cuando se acepta que el sector empresarial puede votar para defender sus intereses, legítimos o no, como sinónimo de una actitud inteligente, pero eso mismo no parece ser válido, según esos opinólogos, para la mayoría de la población. Parecería que cuando tratan de describir al votante de Morena, consideran que la motivación de ese votante no puede venir menos que de la ignorancia.

¿Pero es realmente así? En un país con un grave problema de clasismo y racismo (y varios ismos más), es lamentable que el análisis de la realidad no involucre un mínimo de esfuerzo por ponerse en los zapatos del otro. Al considerar que las clases de bajos ingresos votan por Morena no hacen sino asomar prejuicios y antipatía contra esos sectores, sobre todo viniendo de gente que se asume dueña del intelecto, así como de la belleza, bondad y todas las cualidades de la buena cuna.

¿Acaso creen que es con insultos como van a convencerlos de que cambien el sentido de sus preferencias políticas?

Cuando un adulto mayor analiza por quién votar, seguramente pone en la balanza el apoyo que recibe, y aunque no siga la mañanera, sabe que ese apoyo constante y sonante no existía en anteriores sexenios. Luego, no tiene que pensar mucho para decidirse a votar como una manera de defender sus intereses, aunque sea una modesta pensión. Que eso sea viable o no, desde el punto de vista macroeconómico, no es algo que les preocupe a la hora de votar. Incluso pueden pensar, “son pocos los años de vida que me quedan, lo importante es tener para la despensa, mis medicinas, o el pago de agua y luz de este mes”, y ni caso le harán al especialista que les advierte de los riesgos futuros de una medida tan “populista”. 

Por otra parte, es evidente que hay problemas y errores en la conducción del país, como en cualquier gobierno del mundo, pero al parecer eso no está afectando el sentido del voto de un sector de México. De hecho, parece ser que esos problemas no son percibidos así por la mayoría, como algo que les afectará de manera inminente.

Por ejemplo, estos años hemos vivido con una inflación que afecta el bolsillo de las familias, pero al mismo tiempo tenemos una moneda fuerte, que hasta se ha revaluado con respecto al inicio del sexenio. Es posible que el juicio de los economistas sobre el rumbo de la economía, simplemente no sea entendida por la población, que no tiene los conocimientos especializados para saberlo, salvo la forma como afecta su bolsillo. O también es posible, es una hipótesis igualmente válida, que una buena parte de la población vivió las debacles económicas del final del sexenio de Salinas e inicios del de Zedillo, y al comparar con la situación actual, no consideran que las cosas vayan tan mal, como para retirarle su confianza al capitán del barco.

Lo mismo aplica para el grave problema de inseguridad que vivimos. Los datos reales apuntan a que vamos a terminar el sexenio con un número de muertes violentas del mismo orden de magnitud que en el sexenio anterior. Sin embargo, la mayoría de la gente parece aceptar que el problema es complejo y que será de manera gradual como se irá resolviendo.

En ese mismo sentido, al círculo rojo le parece un grave retroceso que durante este sexenio se le hayan dado tantas tareas al Ejército. Sin embargo, cuando uno se da una vuelta por el zócalo de la Ciudad de México y le toca presenciar la ceremonia diaria para arriar la bandera, puede apreciar el respeto y devoción del pueblo para con los símbolos patrios. De hecho, según diversas encuestas, el Ejército es digno de mayor confianza que la policía ¿Por qué será? Es posible que el olfato político del Presidente le haga confiar que con esas medidas de asignar múltiples tareas a los militares, mantendrá el apoyo de la población.

Con esto no dudo, por supuesto, de los estudios que muestran que una verdadera mejoría en este rubro de inseguridad, requiere de la construcción de instituciones de justicia confiables y eficientes. Simplemente pongo como hipótesis que la población compra el argumento presidencial de que por el momento es lo mejor que puede hacer.

Incluso en un mismo sector hay opiniones encontradas, por ejemplo, en el mundo de la academia y la investigación. Para algunos este sexenio ha sido el peor de todos, con poco apoyo a la ciencia, nulo crecimiento de la planta de investigadores, y en general poca atención para mejorar la educación. Hay otros académicos que piensan que era necesario cortar los recursos a las universidades por los problemas de corrupción y manejo discrecional del presupuesto, gracias a las castas privilegiadas que se turnan para dirigir las universidades. Es natural que los primeros voten en contra de Morena, mientras los segundos seguirán dándole su apoyo. Habrá otros que prefieran abstenerse hasta que las cosas se vean más claras. Cada una de esas posturas es válida en una democracia.

Por otra parte, podemos aceptar que los comentaristas políticos, que como cualquier ciudadano, tienen derecho a ser críticos con el Presidente, pero quizás también deberían considerar su compromiso con la coherencia y la verdad. En algunos casos se llega al ridículo, con opiniones que se autocontradicen. Por ejemplo, en estos días que la candidata de Morena resultó ganadora en la votación para gobernar el Estado de México, se está acusando al gobernador de haber impuesto una candidata, alegando que la otra precandidata era una mejor opción. Pero al mismo tiempo alaban la gran campaña de esa misma candidata, ensalzando que logró remontar una desventaja de dos dígitos para terminar siendo derrotada por apenas 8 puntos. Por fin, ¿era o no una buena candidata?

Lo mismo pasa cuando alegan que Morena ganó gracias al fraude; sin embargo, no se considera ni la mínima posibilidad de que haya sido el PRI quien se basó en medidas fraudulentas para remontar la desventaja que indicaban las encuestas, o para explicar la diferencia entre los números del PREP y las encuestas de salida. De hecho, si nos basamos en los datos y la evidencia, era el PRI el especialista en esos fraudes, ¿o será que dejaron la metodología de sus mañas en los cajones de Palacio Nacional?

En resumen, no debería espantarnos que la mayoría de la gente vote de acuerdo a lo que considera son sus muy legítimos intereses. Más aún, no es coherente pedirles responsabilidad y conciencia de una democracia ideal, cuando lo primero es satisfacer las necesidades más básicas, esas que algunos tienen aseguradas, gracias a un buen salario, una herencia o los negocios. La oposición debería mejor preocuparse por formular un programa de gobierno que resuelva lo que ellos consideran equivocado del actual sexenio. Y ya si quieren ganar el voto de la mayoría, a lo mejor deberían considerar lo que esa mayoría piensa, y no basarse solamente en lo que coinciden con sus simpatizantes. ¿O no es eso lo que hacen todos los partidos políticos del mundo que viven en un régimen democrático?

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