El penoso acontecimiento ocurrido la semana pasada en el que Luz Elena Baños, la embajadora de México ante la Organización de Estados Americanos (OEA) acaparó los reflectores de la prensa internacional y nacional al hacer un “berrinche” provocado por su rechazo al aumento del techo presupuestal de la organización interamericana, se suma a la larga lista de equivocaciones que ha tenido el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador en términos de la actuación de México en el mundo.
En esa lista destaca la carta que envió el mandatario a España para exigir una disculpa por los agravios sucedidos durante la colonia; el comunicado del gobierno federal difundido en marzo de 2022 dirigido al Parlamento Europeo en el que AMLO acusó a los eurodiputados de ser “borregos a la estrategia reaccionaria y golpista del grupo corrupto que se opone a la Cuarta Transformación…”; así como las confrontaciones con EE. UU. originadas por la propuesta de reforma eléctrica, las violaciones al T-MEC y los temas de seguridad.
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Y aunque López Obrador se empeñe en minimizar la importancia de lo que ocurre fuera de nuestras fronteras, la manera en que opera el sistema internacional actual, es decir, impulsado por relaciones económicas, políticas, sociales y culturales transnacionales e interdependientes, orilla a los países a vincular sus políticas internas con los objetivos de su política exterior. Algo que, sin duda, no está ocurriendo en nuestro país. Ni siquiera bajo el gobierno de Enrique Peña Nieto en el que también se presentaron constantes y graves errores en la política exterior, México había tenido un actuar internacional tan deplorable.
Para comprender mejor lo grave de la situación, cabe decir que, en los tiempos del PRI, México tenía una política exterior muchísimo más activa, organizada y coherente que la que ha tenido en las últimas dos décadas. No obstante, el premio a la peor gestión internacional con todo y los múltiples esfuerzos del secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, para tratar de componer las declaraciones y acciones del Presidente, se le tiene que otorgar al gobierno de la 4T. En ese sentido, preocupa la salida de Ebrard de la Cancillería para dedicarse de lleno a sus aspiraciones presidenciales porque dependiendo de quién lo sustituya es bastante probable que se observe un deterioro todavía más agudo en la dirección de la diplomacia mexicana.
Con relación a la actuación de Baños Rivas, lejos de lamentarlo, ese mismo día durante la mañanera, el Presidente acusó a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y a la OEA de no haber hecho nada por los pobres del mundo. Por motivos de espacio, explicaré brevemente las implicaciones que tiene tanto el discurso presidencial, como la actuación de la embajadora en el desempeño de México en la organización regional.
La OEA y las instancias que la componen representan el foro político más antiguo e importante del continente y el sistema interamericano es el mecanismo de cooperación regional más eficiente con el que cuentan los Estados de esta región para resolver cuestiones de carácter político, económico y social. Recordemos que tanto la Comisión como la Corte Interamericana de Derechos Humanos son parte de la OEA. Asimismo, esta organización simboliza la única instancia en donde los países latinoamericanos y del Caribe tienen cierto margen de acción para contrarrestar la hegemonía de los Estados Unidos.
Es importante resaltar el papel que juega México en temas tan cruciales para la región como, por ejemplo, la emigración y la seguridad regional, lo que lo posiciona como uno de los países cuya actuación es clave para el correcto funcionamiento de la organización, la complejidad de las problemáticas y el nivel de interdependencia.
Por eso, además de vergonzosa es muy preocupante la postura que está tomando nuestro país ante la OEA. De seguir este camino, el Presidente y su administración no hacen más que deteriorar el prestigio internacional del país y peor aún, continúan impulsando a otros a repensar si México es un aliado con el que vale la pena mantener una relación activa y fructífera. De hecho, el comportamiento de la embajadora Baños fue tan equívoco que inclusive los representantes de Argentina y de Bolivia, dos países que sumados a México conformaban el “bloque de la izquierda” al interior de la organización, se manifestaron en contra de su postura. Así, el resultado final fue la fractura de dicho grupo y la humillación de México al quedarse sin el apoyo de ningún país aliado.
Para concluir, pongo sobre la mesa la reflexión de qué tan beneficioso ha sido realmente para nuestro país la postura del presidente López Obrador de concentrarse únicamente en los asuntos internos o, mejor dicho, en su agenda personal y, por último, su cuestionable selección de aliados internacionales, en donde ingenuamente se espera que la estrecha relación con países como Nicaragua, Cuba y Venezuela pueda generar impactos positivos para el país.
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