Opinión

Diario de trabajo: El niño de la pijama de rayas

Lunes, Enero 2, 2023
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Un filme que muestra la despolitización del tema y la banalización del propio horror de los judíos
Poeta y ensayista, nació en Puebla. Estudió Maestría en Literatura española en la UNAM. Posgrado en Teoría psicoanalítica. Actualmente es catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP    
Diario de trabajo: El niño de la pijama de rayas

Pese a que una amiga me regaló la novela hace ya tiempo y a las varias oportunidades de ver la película me resistí a hacerlo hasta el viernes pasado al encontrar el filme en la oferta (subrayo, en la oferta) de Netflix, una plataforma, por demás, que cada día a día incrementa como parte de su perfil ideológico las más variadas formas de la atrocidad humana.

Volviendo al filme en cuestión (repito, no conozco la novela) es que ni siquiera respeta el más elemental conocimiento de lo que fue un campo de concentración. Pero es precisamente esa fragilidad “histórica” (y conste que no estoy haciendo la defensa de alguna forma de positivismo historicista o el rechazo al lugar del testimonio - por subjetivo que sea- en la construcción del saber histórico, e incluso, tampoco paso por alto la propuesta de Semprún acerca del lugar de la ficción cuando ya no queden más testigos del holocausto), la coartada que define el sesgo ideológico de la película y de toda la industria del holocausto- o judeicidio, si lo quieren- que prolifera desde hace ya varios años. A saber: 

1. La banalización del propio horror de los judíos durante el nazismo.

2. La despolitización del tema al presentarlo como un caso singular, psicológico, y no como parte de la racionalidad del Estado.

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3. La hiperrepresentación del drama judío como cortina de humo que oculta otras víctimas de esa racionalidad a lo largo del siglo XX. Y aún, cortina de humo que oculta el horror al que nos enfrentamos cotidianamente frente a la barbarie del capital, la técnica, la crisis ecológica, la violencia, etc., etc.

4. En términos psicoanalíticos, normaliza el goce del Otro sobre nosotros, al tiempo que nos permite ser sus subsidiarios como parte de esa forma de gubernamentalidad a la que aludió Foucault o, como lo significó Roger Bartra, de las redes imaginarias del poder político.

5. Y cuánta alegría que nuestro sadismo se vea compensado con la muerte del niño alemán, bajo la impostura perversa de una supuesta moralidad de la historia, igual que nuestro sadismo se ve recompensado en la identificación inconsciente con todos esos asesinos seriales que desfilan en la plataforma.

J. Canales. Feliz año 2023

PD: Por suerte en esa plataforma también se encuentran pequeñas o grandes joyas cinematográficas, como la que ayer vi por recomendación de Julio Eutiquio Sarabia: “El prodigio

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