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OPINIÓN

En defensa del INE

Como dijo Woldenberg: el grupo en el poder quiere quitarle a otros la oportunidad que ellos tuvieron

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Miércoles, Noviembre 16, 2022

No la raza ni el clima: las instituciones. Lo que distingue a las buenas sociedades de las malas; a las sociedades que atraen población porque vale la pena vivir en ellas, de las que expulsan a sus habitantes, está en la calidad de sus instituciones.

Lo curioso de las marchas realizadas en numerosas ciudades del país y del exterior es que defendían a eso, a una institución, al INE. No a una persona, no a un partido, no a una causa: a una institución.

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Las instituciones son normas que estructuran la acción humana, y las organizaciones que les dan vida. Trascienden a los individuos que las ocupan. El INE le da vigencia a las normas que regulan el acceso al poder político en nuestro país. Costó muchos años y el esfuerzo de muchos construirlo.

Pero dio frutos. Entre 1920 y 1994 hubo 15 elecciones presidenciales. 74 años con cero alternancias. Después del IFE ciudadanizado ha habido cuatro elecciones presidenciales con tres alternancias. Nuestra institución electoral hizo posible lo que antes de ella era imposible.

Si hacemos cuentas en los otros cargos que en nuestro país son de elección popular los datos serán muy similares.

El grupo en el poder hoy, Morena y sus aliados, ha sido favorecido por esta institucionalidad. Y por los votos de los ciudadanos, ciertamente. Pero sin un entramado institucional que permite que los votos cuenten y se cuenten, en la institucionalidad previa al IFE-INE, seguiría en la oposición. Haciendo marchas, ciertamente.

Ellos lo saben. No pueden no saberlo. Pero quieren ver hacia otro lado. O quizá no: quieren, como bien apuntó Woldenberg a manera de hipótesis, quitarles a otros la oportunidad que ellos tuvieron: llegar al poder con el voto de los ciudadanos.

La narrativa con la que el grupo en el poder se ha referido a las marchas es sintomática: “racistas, clasistas y muy hipócritas”. “Conservadores”. Calificativos sin sentido ni lógica, que expresan, entre otras cosas, la ausencia de argumentos.

Curiosamente, el gobierno de la Ciudad de México decretó contingencia ambiental el día de la marcha, lo que fue interpretado como un intento de boicot. El secretario de Gobierno de la capital calculó en 12 mil el número de asistentes a la misma. Un cálculo muy alejado de la realidad de la manifestación, pero que quizá exprese algo sobre su sensibilidad y su estatura política.

Con todo esto, ¿alguien puede dudar de los rasgos autoritarios del grupo en el poder?

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