Desde adentro todo es diferente: las luces, el sentido de las voces, todos son amables, llega el momento donde la amabilidad se vuelve obligación, y deben consentirte; el que no lo hace no merece estar a tu lado, porque tú eres el que tiene las llaves, el permiso de los que se sienten y dicen ser los dioses, los que todo lo pueden.
El mundo de las miradas fusilantes, que a la gente que te complace se sienten halagados por ser mirados con beneplácito y perdón, así es el mundo de las imágenes y los linajes.
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El mundo es mío.
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