La frase que lleva como título esta columna, suele escucharse con frecuencia en las aulas por parte de algunos estudiantes, los más impacientes y pragmáticos, aquellos que quieren saber pronto si los conocimientos que están aprendiendo tiene alguna aplicación inmediata o si sólo son pura “teoría”. Y hay toda una variedad de respuestas a dicha pregunta, que nos permiten aproximarnos al problema educativo desde diferentes ángulos.
Por ejemplo, en un meme que circula en las redes sociales, aparece un maestro que responde a esa pregunta de una manera mordaz, diciéndole al alumno en cuestión que dicho conocimiento no le va a servir a él en particular, pero que posiblemente habrá otro estudiante más inteligente a quien sí le servirá la materia.
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Me parece que esa respuesta del maestro, que tal vez comparten otros profesores desesperados ante la actitud de sus estudiantes, no es de lo más acertado. Si partimos de que la función del docente es animar al alumno a reflexionar y valorar el conocimiento, con esa respuesta no le ayuda mucho. De entrada, ese maestro divide al mundo en los inteligentes y los tontos, lo cual es arbitrario y poco efectivo para contribuir a lograr una sociedad más educada e informada.
Por ejemplo, en el caso del curso de Álgebra Lineal, cuando un alumno pregunta si esa rama de las matemáticas le servirá alguna vez, se le podría decir que aparentemente esos conceptos no los estará usando todo el tiempo en su vida profesional de una manera consciente, porque ese mismo conocimiento matemático avanzado con sus escalares, vectores y matrices, lo está usando todo el tiempo, sólo que él no sabe cómo funciona. Eso es justo lo que ocurre cuando utilizamos algún buscador como Google, que emplea herramientas del álgebra lineal para hacer una búsqueda lo más cercana a sus intereses.
Por otra parte, es posible escuchar esa frase en otros ámbitos como cualquier profesionista, empresario o incluso algún político. Y al igual que al estudiante impaciente, se les podría dar una lista enorme de beneficios o herramientas que se usan en el día a día, mismos que funcionan gracias a una rama de la ciencia, desde la red Wi-Fi, el GPS o un fármaco de última generación.
Es curioso que justo en una época en la que los avances tecnológicos han impactado la economía y la sociedad como nunca antes en la historia de la humanidad, la mayoría de la gente ignore que detrás de muchos de esos avances está una investigación de ciencia básica que al principio parecía ser un conocimiento abstracto y alejado de la realidad.
En el caso del estudiante que plantea la pregunta, por una parte, se puede aceptar que hace una pregunta válida, que cuestiona la pertinencia de equis materia en los estudios profesionales, sobre todo cuando el estudiante está ansioso por saber si los conocimientos que está adquiriendo le serán útiles para resolver problemas reales de la sociedad.
Por otro lado, es posible reconocer que la impaciencia asociada con dicha pregunta, denota en sí misma cierta ignorancia o falta de sensibilidad, que impide apreciar ese conocimiento como una parte de un todo, que se irá armando poco a poco. La consecuencia de eso lo resiente el individuo, que pierde la posibilidad de enriquecer sus puntos de vista, o de la capacidad para aprender temas que lo pueden convertir en un ser más analítico e informado.
De hecho, cuando alguien nos pregunta sobre el valor o utilidad de alguna rama de la ciencia, bien le podríamos responder con otra pregunta: ¿Para qué le sirve a la sociedad la poesía de Víctor Hugo o La Gioconda? o, ¿cómo contribuyen los versos de Sor Juana al PIB de nuestro país o al control de la inflación? Es claro que no puede verse todo el proceso educativo de una manera utilitaria y pragmática, pues existen disciplinas del arte o la cultura que nos enriquecen de una manera diferente, más allá de lo material o lo práctico.
Incluso en el caso de la Física Teórica, habemos algunos que trabajamos en ella por algo más allá de sus aplicaciones que, por supuesto las tiene e importan, sino que más bien nos conmueve el sentido de orden y belleza asociado con las leyes de la Física, mismas que nos permiten comprender el universo. Por ejemplo, podemos reconocer una forma de belleza en el llamado Principio de Mínima Acción, el cual nos dice que una partícula se mueve de un punto a otro, pasando justo por aquella trayectoria para la cual una función matemática que llamamos la Acción toma el valor mínimo. En ese sentido, también se puede ver una serie de ecuaciones complejas como un caligrama, una poesía geométrica que usa el lenguaje matemático.
De igual manera, la existencia de algunos fenómenos sorprendentes en la naturaleza nos maravillan más allá de sus aplicaciones. Ese podría ser el caso del llamado “Efecto túnel”, mediante el cual es posible que un electrón pueda pasar una barrera, aunque no tenga la energía para hacerlo, si obedeciera las leyes de la física clásica.
Por otra parte, en el caso de un funcionario o político que nos pregunte para qué sirve cierta disciplina, las consecuencias pueden ser incluso dañinas, sobre todo si dicho funcionario tiene a su cargo alguna dependencia asociada con la Educación. Puede ser que tal persona considere algunas ramas del conocimiento como algo prescindible o superfluo, y actuando de una manera apresurada e irreflexiva, decida eliminarla de los planes de estudio o reducir las horas asignadas a la misma. En ese sentido es lamentable que en años recientes y en algunos países, se le cuestione a la Filosofía su pertinencia y el lugar que ocupa en la currícula de cualquier nivel educativo. La Filosofía debería valorarse como el río madre del cual surge todo el conocimiento especializado posterior.
Ahora bien, es posible que la metodología y la forma como se enseñan algunas disciplinas pudiera no ser de lo más atractivo para la nueva generación de estudiantes, aquellos que nacieron en una época en la que la computadora personal o el teléfono celular están al alcance de casi todos y nos permite acceder a una información y datos de una manera casi inmediata. Pero ese cuestionamiento es válido para cualquier materia del plan de estudios de todos los niveles y debería tomarse como un reto para modernizar la enseñanza y la misma estructura del sistema educativo.
En resumen, se puede apreciar el conocimiento para entender cómo funciona la tecnología, pero debemos ir más allá de las aplicaciones inmediatas. Aprender y/o practicar la metodología de las ciencias, las humanidades y las artes nos permiten razonar de manera constante, nos hacen cuestionar y procesar la información con un sentido más crítico, nos permite desarrollar nuestra creatividad y sensibilidad, nos puede divertir o entretener, todo lo cual quizás nos ayude a ser mejores seres humanos.