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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Debilidad

Al concentrar tanto tiempo y energía a la revocación, el gobierno federal muestra una debilidad

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Miércoles, Marzo 30, 2022

Aparentemente, la revocación de mandato que tendrá lugar el próximo 10 de abril es un acto de genialidad política por parte del gobierno federal: unifica a sus simpatizantes, y divide a sus adversarios.

Los simpatizantes del presidente López Obrador no tienen duda: deben acudir a la consulta, no para pedir la revocación, sino su contrario, la continuidad.

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Los adversarios están divididos. Algunos proponen votar por revocar el mandato presidencial, pues ya es mucho el daño que el actual ejecutivo le ha hecho al país, y es la oportunidad de detenerlo. Otros proponen la abstención, que han llamado “activa”, pues consideran, sea cual sea el resultado, el presidente seguirá gobernando, fortalecido.

Aparentemente. Viendo las cosas con calma, el escenario es otro. Ante tantos y tan graves problemas que enfrenta el país, el gobierno federal elige centrarse en algo que no es un problema: la revocación.

Los ciudadanos que la han pedido son una minoría. Recuerdan a ese movimiento, FRENA, que tenía más tiendas de campaña que personas.

Al concentrar tanto tiempo y energía a la revocación, el gobierno federal muestra una debilidad: no ha sido capaz de atender los problemas reales, y crea un problema ficticio. Se trata de un “arma de distracción masiva”. Una más.

Otra debilidad: ante el dilema platónico entre un gobierno de personas y uno de instituciones (“de hombres o de leyes”, en su versión original), el presidente está eligiendo lo primero. No se está concentrando en crear, mantener, perfeccionar, o cambiar instituciones que le den continuidad a su gobierno. Está centrando los reflectores en sí mismo. Como si faltaran pruebas, ahí está la revocación que no es revocación sino ratificación: toda la atención política del país centrada en una persona.

No toda, ciertamente: también se centra en uno de los demonios del presidente, el Instituto Nacional Electoral (INE). En forma paradójica, el presidente y su partido hablan de acabar con los fraudes electorales. No había pasado en nuestro país: el gran ganador de las elecciones acusa de que hubo fraude en las elecciones. Esas acusaciones eran cosa de los perdedores, de la oposición. Ya no.

Es parte del rechazo presidencial a las instituciones autónomas. Es parte de su idea de regresar el país a los años previos a 1982. Otra debilidad: la mirada puesta en el pasado, menospreciando al futuro.

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