Opinión
Loading...
Loading...

#YoDefiendoAlCIDE (Parte I)

Jueves, Diciembre 2, 2021
Leer más sobre José Abraham Rojas
El CIDE es una institución con una tendencia liberal que ha impulsado la defensa de derechos
Estudió Derecho en la BUAP. Ha enfocado su formación en temas de Derechos Humanos 
#YoDefiendoAlCIDE (Parte I)

#YoDefiendoAlCIDE es una acción y una respuesta común ante las recientes decisiones de la dirección en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), que hemos dado estudiantes de dicha institución, docentes de la misma, quienes somos exestudiantes, así como otras voces que se han sumado a nuestras demandas y manifestaciones, tales como personas del ámbito académico a título personal, organizaciones de estudiantes como la de El Colegio de México, organizaciones de estudiantes de origen mexicano en universidades del extranjero –hasta la fecha, ha habido posicionamientos por parte de estudiantes de Yale, Cambridge, Columbia y Chicago–, personas de organizaciones sociales, entre otras voces.

Como primer punto, y en tanto exestudiante del CIDE, agradezco cada uno de esos respaldos. En segundo lugar, debo advertir que este artículo es largo, así que espero que su lectura sea fácil, fluida y, sobre todo, interesante.

Considero importante precisar que este artículo, por medio del cual, si bien busco comunicar los siguientes planteamientos a todas las personas que lo lean, primordialmente lo escribo pensando en dialogar con dos sectores: el primero, con todas las personas que respaldan –lo cual es completamente válido y razonable, debido, principalmente, al pasado reciente de nuestra historia nacional en los ámbitos social, político, económico e institucional– la mayor parte o incluso la totalidad de las decisiones y acciones del Presidente de la República y de su gobierno y; el segundo, a todas aquellas personas que, estando general o totalmente en contra de las acciones del actual gobierno federal y, en particular, del Presidente de la República, señalan que la comunidad del CIDE merecemos el trato que desde el gobierno federal se está dando actualmente al CIDE - entendiendo que el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) es parte de la administración pública federal–, por haber públicamente apoyado la candidatura del entonces aspirante a la presidencia del país, Andrés Manuel López Obrador.

Me dirijo brevemente, para comenzar, a este segundo sector. Punto uno: el CIDE no votó por López Obrador; quienes votamos por él, en todo caso, fuimos una parte importante de la comunidad académica, administrativa, de investigación, egresada y estudiantil del CIDE y que, asimismo, decidimos públicamente darlo a conocer en nuestros diversos ámbitos cotidianos. Punto dos: votamos por esa opción quizá por dos de las principales razones que motivaron el voto hacia esa propuesta por parte de muchas otras personas; esto es, por la corrupción criminal de anteriores años, así como por la violencia brutal del país que, entre otros factores, dada la promesa –a todas luces incumplida– del presidente de retirar a las Fuerzas Armadas de labores de seguridad pública hacia el final de su mandato (un plazo razonable), supusimos que sería posible reducir.

Así que la narrativa que sostiene que el CIDE merece lo que está viviendo en estos momentos debido al apoyo que parte importante de su comunidad dio al proyecto de López Obrador, me parece egoísta y también irracional; finalmente, esta actitud conduce a minar las posibilidades de construir alternativas de decisión y acción que sean viables y racionales frente a las determinaciones del gobierno federal y de la Presidencia de la República que puedan considerarse deficientes, incluso erróneas, pero también para fortalecer o mejorar las que estén planteadas con viabilidad: en el CIDE no se nos forma para decir “no” o “sí” sólo por decirlo, sino para decir “sí” o “no” a partir del conocimiento –aquí que tengo la impresión de que ambos sectores perciben al CIDE desde una visión dicotómica, cada uno desde sus extremos–. Por eso el CIDE es un centro de investigación, para poder plantear propuestas viables con base en evidencia y conocimiento.

Ahora bien, me dirijo al otro sector. Punto uno: sepan que por parte mía y muy probablemente de profesores y profesoras que tuve en el CIDE, así como de algunas de mis compañeras y compañeros, difícilmente sostendríamos posturas que invaliden el apoyo irrestricto que por parte de muchas personas se otorga al Presidente de la República y al gobierno federal. Considero que podemos comprender el por qué de este apoyo –que no es porque la gente sea incapaz de analizar la vida pública como a veces parecería que suponen quienes se oponen sistemática o sectariamente a López Obrador y a su gobierno– e incluso, seguramente, votamos por el hoy Presidente por más motivos que compartimos, adicionales a los dos que he mencionado. Entonces, no cuestiono el apoyo que sea da al actual gobierno –repito, dada la historia reciente del país, es entendible–; sin embargo, lo que debo hacer como alguien que estudió en el CIDE, y que obtuvo una formación sólida y de calidad de dicha institución, es defender al CIDE como institución.

Hasta hace unas semanas, el CIDE era ejemplo de lo que puede ser una institución pública bien manejada: una de excelencia y de gran calidad. En primer lugar, por esta cualidad de ejemplo es que el CIDE merece seguir –o volver a ser– manejado con el profesionalismo y de la manera estricta en que había venido siendo manejado. Aquí es importante puntualizar: el CIDE no puede ser visto completamente como una universidad ni a una universidad podemos pretender hacerla funcionar como el CIDE. ¿Por qué? Porque el CIDE es un centro de investigación especializado en Ciencias Sociales y, por el contrario, una universidad abarca muchos más ámbitos. Planteando esto en términos deportivos se podría decir que mientras una universidad es un gimnasio, un centro como el CIDE es un centro de alto rendimiento.

Punto dos: el CIDE tiene distintas divisiones de estudio –se pueden equiparar a las facultades en una universidad–, entre las que están la de Estudios Jurídicos y la de Estudios Políticos. Dado que son éstas dos con las que he tenido mi interacción formativa, es respecto de las que puedo hacer comentarios. Una de las características del CIDE es la pluralidad de pensamiento que hay entre el profesorado y sus estudiantes, así como –apunte que retomo del profesor Alejandro Madrazo Lajous– de enfoques metodológicos.

En este sentido, qué puedo decir del CIDE habiendo sido primero estudiante de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Aquí no me refiero de manera peyorativa a la BUAP, todo lo contrario: en el CIDE corroboré que la BUAP probablemente sea menospreciada en Puebla por ser pública, cuando en la BUAP obtuve las bases de conocimiento profesional que me permitieron en el CIDE, interactuar sin rezago educativo de trascendencia –desde luego el estudiar en la Ciudad de México otorga un “plus” particular a la formación profesional– con estudiantes que provenían de la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Iberoamericana Ciudad de México o del Instituto Tecnológico Autónomo de México, así como con docentes con estudios de posgrado en Yale, Harvard, la Universidad de California, Oxford, Notredame, entre otras.

Sin embargo, lo que encontré en el CIDE y que no obtuve en su momento de la BUAP, fue la nutrición para el pensamiento y el análisis que aporta la diversidad metodológica y de disciplinas –como la Historia, el Derecho, la Sociología, Antropología, Economía, entre otras–. No obstante, ello no es exclusivo de la BUAP: el Derecho se piensa así en el CIDE, mientras que en la BUAP es, como en casi todas las escuelas y facultades de Derecho en el país, mucho más “lineal” su enseñanza, al grado que parecería que el Derecho no requiere de otras disciplinas salvo de la Criminología y la Criminalística, y más recientemente de la Psicología.

Aunque, en efecto, percibí una pluralidad de pensamiento en el CIDE, probablemente por mi propio pensamiento político, jurídico, sociológico, etcétera, me parece que hay una tendencia al pensamiento liberal –tanto liberal libertario como liberal igualitario, siguiendo al doctor Rodolfo Vázquez– y, sobre todo, hacia uno que, desde el campo jurídico, puedo denominar garantista –podría ser progresista, pero este término llega a ser problemático–. Por ejemplo, docentes –como Madrazo y varias y varios más– y estudiantes han investigado, trabajado y entrado al quite en temas como el matrimonio igualitario, una política de drogas no desde un enfoque punitivo sino de salud pública, la interrupción legal del embarazo y despenalización del aborto, la violencia de género, la construcción de instituciones judiciales que respeten el debido proceso –el documental “Presunto culpable”, por ejemplo, fue un trabajo de un abogado y de una abogada que egresaron del CIDE–, entre varios temas más.

Por tanto, al menos en estas dos áreas de estudio del CIDE no nos hemos “derechizado”; al contrario, hay una tendencia liberal –me atrevería a decir que liberal igualitaria– y de ver cómo y de saber cómo hacer y qué hacer para que la mayor cantidad posible de personas vivan mejor, accedan a mejores servicios públicos y tengan la oportunidad de contar con una mejor calidad de vida para ellas y sus comunidades.

En la próxima entrega comentaré sobre el proceso empañado de selección de director general del CIDE que ha sido quizá el principal motivo por el cual nos estamos manifestando en contra de dicha Dirección General y del tratamiento que la Dirección de CONACYT ha dado a este asunto.

 

Twitter: @jabonillarojas

Vistas: 340

Loadind...