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      De las causas perdidas

      Lunes, Noviembre 8, 2021
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      La crisis climática parece ser ese enemigo en común para poder colaborar en la misma dirección
      Nacido en Puebla en 1996, estudió la licenciatura en Ingeniería Industrial en la Ibero Puebla. Actualmente estudia la maestría en Biosistemas en Wageningen University and Research. Apasionado por la ciencia y artes
      De las causas perdidas

      A la vez que los líderes de los distintos países se reúnen e intercambian promesas en Glasgow, los ciudadanos de a pie marchan en las calles de distintas ciudades. Los dos, tanto representados como representantes bajo el mismo argumento: detener el cambio climático antes de que sea demasiado tarde.

      Si consideramos que de acuerdo a The Living Planet Report 2020 publicado por WWFhemos perdido 68 por ciento de las especies en menos de cincuenta años, que cada año 8 millones de toneladas de plástico terminan en el océano, o que, los últimos 7 años han sido los más calurosos jamás registrados de forma consecutiva. La pregunta: ¿cuándo es demasiado tarde?, más que justificada es necesaria.

      Si bien las promesas de Glasgow han sido poco más que apéndice de lo ya dicho, alcanzar la neutralidad de carbono en 2050 y mantener la temperatura global por debajo de los 1.5 grados Celsius; la crisis climática parece ser ese enemigo en común que necesitábamos para poder colaborar en la misma dirección. Es un enemigo tan complejo y con tantas variables, que da cabida a la solidaridad internacional y nos permite reconocer que estamos juntos; y aunque en diferentes proporciones, todos compartimos responsabilidad tanto entre los individuos como entre las naciones.

      Conforme ese difuso demasiado tarde se acerca, más y más personas se incorporan a las filas del movimiento ambientalista, convirtiéndolo en lo que podríamos llamar metamovimiento pues agrupa otros movimientos. Durante la marcha climática de Ámsterdam, se tuvo un claro ejemplo de ello, se encontraba al movimiento LGBTQ+, al vegano, al anticapitalista, al feminista, al cristiano, al defensor de grupos indígenas, al que está favor y al que está en contra de la energía nuclear… Una lista sin fin de movimientos, o bien, submovimientos exigiendo acciones contra el cambio climático juntos y a la vez diferenciándose entre ellos, haciendo alegoría perfecta de la condición humana, el simultáneo querer pertenecer y querer sobresalir.

      La crisis ambiental además de ser el mayor reto que hemos de enfrentar en la historia de nuestra especie, también ha de ser la oportunidad perfecta para aliviar la carga del sin sentido que conlleva la existencia. En su momento, Karl Marx describió a la religión como el opio del pueblo, refiriéndose a que ayuda a disminuir el sufrimiento lo suficiente para hacernos conformistas de la injusta realidad y alejarnos de luchar por un cambio. Hoy, podríamos decir con Žižek que la ecología es el nuevo opio del pueblo. Marchamos, separamos la basura, reciclamos, compramos comida orgánica, etc., para sentir cierto alivio de consciencia y creer que contribuimos a disminuir el cambio climático cuando en realidad el mundo sigue en su mal rumbo.

      No estoy diciendo que paremos de reciclar o separar la basura, sino que estas acciones no van a alejar al planeta de su destrucción. Así como la religión estuvo en su momento al servicio de la explotación burguesa y monárquica, la concepción ecológica a través de acciones individuales se encuentra al servicio de la mecánica consumista del mundo. Las grandes empresas ven con gustosos ojos como pagamos doble por algo orgánico o hecho de materiales reciclables, a la vez que limpiamos nuestra carga de consciencia por el cambio climático. Toda esa mercadotecnia ecológica o greenwashing no es más que la enajenación de responsabilidad de las empresas hacia el individuo y del individuo hacia el producto, mientras el mercado se mantiene.

      No hay que confundirnos, lo que nosotros podemos hacer como individuos no es nada comparado con lo que gobiernos grandes empresas podrían hacer. Si bien la responsabilidad es de todos y todos debemos hacer lo que esté en nuestras manos y posibilidades, lo mejor que podemos hacer es exigir a nuestro gobierno de forma racional, es decir, reconociendo las carencias que tiene el pueblo mexicano, que actúe. Exigir a las empresas que cambien sus prácticas, no consumiendo la opción sustentable sino no consumiendo en lo absoluto lo que no sea estrictamente necesario.

      Si bien el ser humano siempre está en busca de reconocimiento y de pertenecer, la crisis ambiental es esa oportunidad perfecta de sentirse parte de algo más, de identificarse con una causa y tener un motivo para vivir. No es sorpresa que sea un movimiento al alza, convirtiéndose en una moda. Digámoslo claro, ser ambientalista está de moda y qué bueno, ojalá sea una moda que llegue a todos, siempre y cuando no caiga en fanatismo ni idolatría. Hay que reconocer quién es quién y hasta dónde llega la responsabilidad y, sobre todo, el alcance de cada uno. La mayor parte está en gobiernos y empresas, no en el ciudadano.

      También reconozcamos que la lucha por preservar el planeta es una lucha cuasi infinita. Hoy, la meta es lograr la neutralidad de carbono para 2050 manteniendo la temperatura global debajo de 1.5 grados, pero eso sólo es disminuir el ritmo del problema ya ocasionado. Mañana la lucha será recuperar la biodiversidad, reforestar completamente y regresar a la era preindustrial o incluso antes de eso en áreas verdes. Después será otra cosa, hay mucho que recorrer y la meta va más allá del horizonte y habrá que seguir caminando.

      Lo que quiero decir, es que si bien lo que podamos contribuir como individuo es mínimo; luchar por el bienestar del mundo es la decisión más racional que podemos tomar, es darle sentido a lo absurdo de la existencia, identificándonos con una causa que siempre estará ahí. Todos queremos un motivo para vivir y ahí lo tenemos. El mundo se está acabando, ¿qué mejor que luchar contra eso? Sumémonos a la causa, analicemos el problema, exijamos a los que tienen mayor alcance y pongamos un mejor futuro en marcha. Nadie sabe cuándo será demasiado tarde y ojalá nadie quiera averiguarlo.

      @fgabrielgt

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