Desde esta su columna Notas a la Carrera les quiero enviar un saludo a nuestros queridos lectores. Noviembre es el mes que más felicidad me da, ya que comenzamos a sentir los vientos fríos que anuncian la llegada de nuestros difuntos. Es la época cuando comienza a asomar la orgullosa fiesta mexicana con mayor tradición por excelencia que sienta bases en el origen prehispánico.
Hoy desde esta sencilla opinión realizamos un homenaje póstumo a la destacada maestra Rina Lazo debido a que el 1º de noviembre de 2019, laureada artista cerró sus ojos a la eternidad de manera sorpresiva, dejando un hondo vacío en el corazón de los que la admiramos y apreciábamos.
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Debemos tomar en cuenta que ella era considerada por el maestro Diego Rivera la más destacada alumna y discípula.
La maestra viajó por muchas partes del mundo como una gran embajadora del arte latinoamericano. En esos viajes ella recibía muchos regalos entre ellas, muñecas con las que enriquecía su colección particular. Esa colección se la regaló a su única ahijada de bautizo, Eleonora Soledad, mi menor hija. La historia fue motivo para que escribiera este cuento que se publicara en noviembre del 2013 en la edición número 45 del periódico VANGUARDIA MANANTIAL INFORMATIVO.
A continuación presentaremos una historia de la vida real, pero la narré como cuento debido a que está incluida en un libro de cuentos que le escribí a mis hijos: Ángel Carlos (Piqui) y Eleonora Soledad (Solecito) y a mis alumnos intitulado “Cuentos para angelitos”.
La colección de muñecas que aquí les presentaremos será parte del museo que algún día abrirá el Centro Cultural Tloque Nahuaque AC a través de su Fundación del Niño Abandonado.
“La colección de la hermosas muñecas de la princesa Rina”
Hace muchos pero muchos años existía una vez en el Parque de la Conchita del antiguo barrio de Coyoacán, una construcción llamada “Casa Colorada” o “Casa Malinche”. Dicha construcción fue realizada por Hernán Cortés como un regalo para aquella mujer que le ayudó a “conquistar” los dominios aztecas, doña Marina o Malintzin.
En esa casa vivía la princesa Rina Lazo Wasem, que era una pintora muy famosa que había recorrido todo el mundo exponiendo sus importantes obras de arte. Rina, la princesa, vivía muy feliz al lado de su esposo el príncipe Arturo García Bustos. Él era también un famoso artista y grabador. Rina, la princesa, a lo largo de muchos años coleccionó hermosas muñecas, que en diferentes países le iban obsequiando en diversas presentaciones y homenajes.
En una tarde de fresco otoño estaban jugando pelota en el Parque de La Conchita, Solecito, una hermosa niña de ojos de color almendra y su hermano Piqui, un apuesto joven con los ojos color de mar. En algún momento del juego de un puntapié, Piqui envió la pelota a las afueras de una de las ventanas de la misteriosa casa. Al alcanzar el balón vieron a través de las ventanas, unas hermosas obras de arte y tomaron el valor de entrar, esto debido a que la puerta se encontraba semi abierta. Observaron detenidamente las paredes y en ellas aparecían hermosos murales con las imágenes de Diego Rivera y Frida Kahlo.
Un miedo inexplicable entró en el alma de Piqui y Solecito, ya que en el interior tenía un fuerte y poderoso león que resguardaba la entrada. A lo lejos se escuchaba el ladrido de una perra brava que -se comentaba en el barrio- tenía la especialidad de morder niños. Un terror se apoderó de ellos. De momento una puerta se abrió y quisieron correr pero la puerta se atoró y se quedaron encerrados. Piqui y Solecito se abrazaron pero pronto una voz les dijo: ¡hola! ¿Cómo están? Qué bueno que nos vienen a visitar. Era la voz dulce y amable del príncipe Arturo García Bustos. Mil disculpas – dijo Piqui. “Es que vimos las obras de arte y decidimos entrar para observarlas, pero ya nos vamos” -replicó el joven mientras se sonrosaba de pena.
-¡No!... no se vayan, ahora viene la princesa Rina.
Al poco tiempo apareció la princesa vestida con un fantástico traje de tehuana, mismo que había sido un importante obsequio que el escritor Andrés Henestrosa le había regalado a la pintora Frida Kahlo y que posteriormente se lo había heredado a la princesa Rina. Pasaron a la sala a Solecito y Piqui para que conocieran toda su importante colección de obras de arte, pues tenían cuadros de Frida Kahlo, Diego Rivera, Siqueiros entre muchos artistas más, así como una gran muestra de piezas prehispánicas.
Al conocer las obras de arte, Piqui y Solecito se quedaron asombrados de tan importante colección de los príncipes.
Al momento de quererse despedir, la princesa Rina sacó de un viejo armario unas hermosas muñecas que le regaló a Solecito y a ambos hermanos les explicó algunos detalles de dichas muñecas. Agregó: “estas muñecas son un símbolo especial para mí, ya que me las han regalado en diferentes países a lo largo de muchos años y las he coleccionado con mucho amor”; y añadió: “también son de mucha valía ya que le traían importantes recuerdos de todas partes del mundo y en ellas guardaba el recuerdo de gente maravillosa que había conocido.”
“Cuida estas muñecas como un bello recuerdo. Siempre que alguien las vea, quisiera que recordaran que he sido una pintora de corazón” -dijo la princesa al entregarle las muñecas a la pequeña Solecito.
“Por ejemplo estas muñecas me las dieron en Rusia, mismas que recibí cuando fuimos a ese increíble país. En aquella ocasión recuerdo que el príncipe Arturo y yo fuimos representando a la delegación de artistas en el año de 1957. Nuestra estancia se prolongó y recuerdo que pasamos más de cuatro meses. Como antes era difícil la comunicación, entonces la familia del príncipe Arturo en México estaban muy preocupados porque no sabían nada de nosotros. Recuerdo que el rey, papá del príncipe, el doctor Rosauro García Quintanar nos vio en la portada de la revista SIEMPRE!, y bueno, finalmente se calmaron las cosas. Por fin se dieron cuenta que estábamos bien en ese país cosaco.”
-“¡Todas estas muñecas tienen su propia historia!”- comentaba la pintora.
“Algunas son de diferentes países tales como El Salvador, Yugoslavia, Bulgaria, Japón, Inglaterra, Ucrania, Polonia, Estados Unidos, Alemania; y por supuesto no podían faltar las mexicanas que pertenecen a los estados de Chiapas y Oaxaca. Las muñecas eran de distintos materiales como: papel, plástico, porcelana, cerámica y tela.”
La pintora le regaló su importante colección a la pequeña Solecito y se despidieron muy agradecidos por tan significativo regalo.
Moraleja:
Aún por mucho miedo y obstáculos que se te presenten para conocer el arte, siempre ten el valor de acercarte y conocerlo, y la recompensa será muy grande.
Hasta las próximas Notas a la Carrera…
Procurador Gilberto Higuera Bernal:
Continuamos esperando noticias sobre el asesinato de la joven Suri Saday.