Autonomía de la BUAP y la dignidad perdida

Martes, Octubre 26, 2021 - 09:32

Miembros del Consejo Universitario deberían cumplir su juramento y no ponerle precio a su cargo

Licenciada en Filosofía por la UAP con mención honorífica. Realizó la Maestría en Filosofía por la UNAM y la Maestría en Ciencias del Lenguaje por la UAP. Es candidata a doctora en Filosofía por la UNAM. Se desempeñó como coordinadora del Colegio de Filosofía y del posgrado en Ciencias del Lenguaje en la BUAP, donde se ha desempeñado como docente en nivel licenciatura y posgrado. Es la primera mujer en asumir la Secretaría General de la BUAP.        

Estamos aislados unos de otros, lo que ha provocado un atraso considerable en el nivel educativo que deberíamos haber alcanzado en el tiempo que ha durado la pandemia.

Pero el rezago académico no es lo único. Ha habido también un gran deterioro en lo que toca a las relaciones familiares, sociales, laborales, culturales y políticas que han llevado a nuestra universidad a un estancamiento que nos ha mostrado el nivel de control y de manipulación de lo que son objeto todos y cada uno de los universitarios. Tan sólo atendamos a la elección de los consejeros universitarios.

No sólo la convocatoria les niega el derecho de registrarse como candidatos a todos los estudiantes que cursan el primer semestre, cualquiera que sea el nivel de sus estudios, sino que además ya hay dos generaciones que no se conocen entre ellos y ellas y no han tenido más contacto que el recibir la misma materia del mismo docente. Me acordé de la novela de Isaac Asimov, “El Sol Desnudo”, donde los habitantes de la Tierra ya conquistaron el espacio y viven en otros planetas y la “convivencia” y la “comunicación” se da por medio de hologramas, pues viven a miles y miles de kilómetros unos de otros.

Así estamos en la universidad, a miles de kilómetros unos de otros y con una administración que continúa sirviéndose con la cuchara grande en el uso y abuso del poder. Y es que no pierden el tiempo ni tienen medida. Ahora aparte del padrón “ciego” y de la plataforma empleada para votar electrónicamente, controlada por la misma administración; las fórmulas tienen que ser “entrevistadas” por la dirección de su unidad académica y sólo después recibirán un correo electrónico donde se les comunicará si cubrieron o no los requisitos, o sea, algo así como si son idóneos o no.

Claro, podrán llegar a ese caso siempre y cuando hayan saltado la carrera de obstáculos para tener los documentos “únicos e indispensables” expedidos por la propia administración para comprobar el cumplimiento de los requisitos. En pocas palabras, quien logre registrar una fórmula, lo habrá conseguido gracias a la administración y a sus corifeos que son los directores y directoras de las unidades académicas.

Aun así, las voces críticas de las y los universitarios se van a oír. Voces de estudiantes y docentes que quieren devolverle su dignidad al consejo universitario. ¿A qué nos referimos? A un consejo que vuelva a ser un órgano de deliberación y discusión de las ideas. Un consejo que atienda al bien común de las y los universitarios. Un consejo que defienda la autonomía universitaria, no en la defensa personal de sus funcionarios, sino en el cumplimiento de la normatividad que nos rige. Un consejo que legisle para democratizar el ejercicio del poder y acabar con su creciente centralización. Un consejo que apruebe un ejercicio transparente del presupuesto. Un consejo que al actuar no ponga en duda su dignidad, pues ésta es lo único que no tiene precio.

¿Cuándo decimos de alguien que actuó dignamente? Cuando ese alguien podía haber aprovechado la ocasión para sacar algún provecho y sin embargo no lo hace. No se aprovecha. Ustedes dirán, pero el consejo universitario no es una persona sino un conjunto de personas. Pues sí, pero desde el momento en que se hicieron cómplices de una autoridad que incumplió con su obligación, dejaron de actuar como un organismo colegiado con vista al bien común, y decidieron actuar en su propio nombre y no en el de sus representados. Cambiaron su voto por un beneficio personal. Perdieron su dignidad porque pusieron un precio a su silencio.

Si ustedes revisan el Reglamento del Honorable Consejo Universitario se darán cuenta de que los artículos 16, 17,18, 19, 20 y 21 están dedicados a regular las intervenciones de los consejeros. Es obvio que cuando se redactó este reglamento ¡los consejeros sí hablaban! Desde hace ya muchos años el consejo sólo escucha dictámenes emitidos por las comisiones del propio consejo o las propuestas de la rectoría por boca de sus funcionarios y unos y otras simplemente se votan, no se discuten. De ahí que la inmensa mayoría de las veces los acuerdos se tomen “por unanimidad”. ¿Por qué había de extrañarnos tanta “concordancia” si no se discute absolutamente nada? Sólo se levanta un cartón.

Cuando un consejero universitario toma protesta, jura cumplir y hacer cumplir la Ley de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, el Estatuto y los reglamentos que de ella emanen, así como los acuerdos del propio Consejo Universitario. Lo que las y los universitarios queremos fervorosamente es que cumplan su juramento y que lo cumplan con dignidad, que nunca nada ni nadie pretenda ponerle precio a su honroso cargo.

Sabemos que la administración hace rato echó a andar toda su maquinaria para conseguir un consejo universitario “a modo”, pero no logrará acallar las voces críticas de las y los universitarios.

¿No les parece a ustedes de la mayor importancia devolverle a nuestro consejo universitario la dignidad perdida para lograr una genuina defensa de la autonomía universitaria?


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