Recordar, conmemorar, celebrar

Lunes, Octubre 18, 2021 - 08:40

Este 12 de octubre, dos miradas se siguen enfrentando para comprender nuestro origen e identidad

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Decano UPAEP

El mexicano condena en bloque toda su tradición, que es un conjunto de gestos, actitudes y tendencias en el que ya es difícil distinguir lo español de lo indio. Por eso la tesis hispanista, que nos hace descender de Cortés con exclusión de la Malinche, es el patrimonio de unos cuantos extravagantes -que ni siquiera son blancos puros-. Y otro tanto se puede decir de la propaganda indigenista, que también está sostenida por criollos y mestizos maniáticos, sin que jamás los indios le hayan prestado atención. El mexicano no quiere ser ni indio, ni español. Tampoco quiere descender de ellos. Los niega. Y no se afirma en tanto que mestizo, sino como abstracción: es un hombre. Se vuelve hijo de la nada. Él empieza en sí mismo. Esta actitud no se manifiesta nada más en nuestra vida diaria, sino en el curso de nuestra historia, que en ciertos momentos ha sido encarnizada voluntad de desarraigo.

Octavio Paz. El laberinto de la soledad, p. 36.

Este artículo debió ser escrito la semana pasada en la que el día martes 12 de octubre se recuerda, conmemora, celebra o descalifica visceralmente el arribo en el año de 1492 -el año próximo serán ya 530 años de aquel hecho histórico- de Cristóbal Colón y un grupo de hombres que buscando una nueva ruta a las Indias se topó en su camino con un continente habitado por un mosaico muy rico en culturas pero nuevo a los ojos de los europeos de esa época.

Con este hecho que es antecedido por los viajes de exploración de otros grandes navegantes que iniciaron en 1416 y culminaron como etapa histórica hacia 1536 según algunas fuentes, se inicia un proceso que Edgar Morin llama en algunos textos primera mundialización y en otros, segunda mundialización si se toma en cuenta la expansión original de la especie homo sapiens -o como la define el pensador planetario homo sapiens demens- a lo largo y ancho del planeta.

Este proceso de mundialización tuvo, como indica el mismo padre del pensamiento complejo, una cara de “…control de Europa sobre el mundo…esclavitud…colonización…” que marcó una hegemonía histórica que hoy en día se expresa según el mismo autor a través del mercado económico mundial.

Sin embargo Morin (1) afirma en la entrevista de la que tomó estos datos, que esta mundialización constituye sólo una de las dos mundializaciones que se inició en esa época. La otra mundialización generada a partir del descubrimiento de América -o la invención como la caracteriza Eduardo O´Gorman- por los europeos empezó simultáneamente con el humanismo del padre dominico Bartolomé de las Casas quien en 1542 consiguió que los teólogos españoles admitieran que los indios eran humanos igual que los demás.

Después, -continúa diciendo-, apareció Montaigne y su planteamiento de que todas las civilizaciones tienen su virtudes, para continuar un proceso que luego pasó por las tradiciones democráticas, los derechos humanos, el empuje de los ideales humanistas, la libertad, la igualdad, el derecho de los pueblos.

Estas ideas políticas fueron asumidas por los habitantes de los pueblos colonizados -ya no sólo europeos ni sólo indios- para emanciparse políticamente de las grandes potencias europeas que habían patrocinado los viajes de exploración: Portugal, España, Inglaterra y Francia.

Morin afirma que esa segunda mundialización se acrecentó al final del siglo XX con el surgimiento de los movimientos humanitarios y las ONG que impulsaron activamente la agenda de los derechos humanos para todos y la solidaridad entre los distintos pueblos y culturas.

Una mundialización no puede separarse de la otra, aunque contradictorias y opuestas en sus formas, violenta unas y pacífica la otra, impuesta una y construida comunitariamente la otra, vertical y colonialista una y horizontal e intercultural la otra, han estado articuladas de forma dialógica, recursiva y retroactiva en un bucle histórico que continúa en su despliegue lleno de sombras pero también de luces.

Todo esto viene a cuento porque explica la razón por la que este artículo debió haberse escrito la semana pasada pero decidió esperar a que pasara el griterío anual en el que de forma cada vez más polarizada se manifiestan las visiones simplificadoras de uno y otro extremo sobre este hecho que, como todo hecho histórico está sujeto a múltiples interpretaciones y posicionamientos.

Ya Octavio Paz en su clásica obra El laberinto de la soledad -de donde está tomado el epígrafe de hoy-, hablaba de la oposición entre la tesis hispanista y la propaganda indigenista y cómo, la primera está sostenida por personas que “ni siquiera son blancos puros” ni españoles; y la segunda que también está sostenida por criollos y mestizos que poco o nada tienen de indígenas.

Este año la polémica se vio atizada por la invitación de un grupo neoconservador trasnochado de senadores del PAN al líder del ultraderechista partido Vox español y la firma de la Carta de Madrid que plantea el concepto de Iberósfera, que niega la primera mundialización -de conquista, dominación y explotación-; que se vio enfrentada a la propuesta de sustitución de la estatua de Colón en Paseo de la Reforma por una cabeza de una mujer indígena, propuesta desde la visión indigenista que está manipulando la historia para acomodarla al sexenio, que niega por supuesto la segunda mundialización -de humanismo, solidaridad y mezcla de culturas-.

Nuevo año de polémica entre una visión simplificadora de la historia nacional y otra visión igualmente simplificadora de esta historia nacional. Desde luego que “lo de hoy”, “lo progresista” y por tanto mayoritariamente asumido y publicado es el extremo indigenista que como diría el gran maestro Miguel León Portilla, se desvive por manifestarse y crear símbolos de homenaje al indio muerto pero poco o nada hace por promover una mejor calidad de vida para los más de siete millones de indígenas vivos.

Regresando a la polémica anual entre los dos extremos y también a la dinámica social y cultural del país en la vida cotidiana, parece seguir siendo válida la afirmación de Paz respecto a que “El mexicano no quiere ser ni indio, ni español. Tampoco quiere descender de ellos. Los niega”.

Esta negación de nuestro pasado histórico que nos lleva a definir la identidad nacional como negación -además del deseo de ser, el mexicano tiene miedo a ser, según dice Paz en otro capítulo del mismo libro- y a ser incapaces de construir un futuro común por nuestra misma incapacidad de aceptar nuestro pasado fruto de una mundialización de conquista, dominación y hegemonía pero también de otra mundialización de humanismo, solidaridad y lucha por los derechos y la dignidad humana de todos.

Por supuesto que nuestra educación está fuertemente impregnada de esta negación del pasado y de estas visiones simplificadoras y polarizantes que exaltan una mundialización y niegan la otra sin caer en la cuenta de que forman parte de un mismo proceso histórico complejo y que todos los países del mundo vienen de un pasado que mezcla las guerras, los actos genocidas, las conquistas, la dominación y el sojuzgamiento de unos seres humanos o unas culturas sobre otras pero también de un proceso de desarrollo de las ciencias, la filosofía, las artes, la literatura, la expresión religiosa de la búsqueda espiritual y el misterio que define a esta especie compleja que somos.

Entre lo menos sesgado que encontré en las redes el pasado 12 de octubre está la reflexión de un amigo que ponderaba de forma más o menos equilibrada las luces y las sombras del proceso que surgió con la llegada de Colón a estas tierras que hoy se llaman América. Sin embargo, aún esta reflexión llegaba a la conclusión de que no había nada que celebrar y que cuando mucho deberíamos conmemorar esta fecha.

Desde una mirada compleja que asume que somos el producto de estas dos mundializaciones que arrancaron con la invención de América y siguieron con la Conquista española en lo que hoy es el territorio mexicano, considero que deberíamos recordar esta fecha como parte de nuestro origen común, conmemorar el hecho de esta primera mundialización y mirar críticamente los elementos de violencia y dominación que implicó, pero entendiendo el contexto de entonces sin hacer juicios de valor desde nuestros tiempos y también, desde luego, celebrar la mezcla de estas dos mundializaciones de la que somos producto, para poder aceptar nuestro pasado, enfrentar los retos de nuestro presente y educar con esperanza y en una visión compleja de la historia a los ciudadanos del futuro.

[1] EDGAR MORIN, FILÓSOFO DE LA GLOBALIZACIÓN. “Ahora viene la segunda mundialización”. Entrevista realizada por Eduardo Fabbro y publicada por Página 12, que puede encontrarse en: https://www.pagina12.com.ar/2001/01-04/01-04-09/pag15.htm


Blogs