Sin pena ni gloria: cien años de la SEP

Lunes, Octubre 11, 2021 - 06:28

El centenario de la SEP hubiese sido oportunidad para generar un proceso de reflexión profunda

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Decano UPAEP

No hay cambio sin sueño, como no hay sueño sin esperanza. La educación como un proceso para el desarrollo integral del ser humano, tiene un impacto significativo social en la transformación de los pueblos y esta se ve reflejada en la calidad de vida...Naturalmente, la educación… está fuertemente influenciados (sic) por factores económicos, políticos y culturales, los que de alguna manera generan diferencias en la calidad de educación que reciben y por ende marcan diferencias en los niveles de vida en cada uno de los pueblos de nuestra sociedad. Por tanto, la situación actual de un pueblo está determinada por la integridad y calidad de la educación que reciben para que puedan gozar o padecer en el quehacer cotidiano de la vida; así también se verá influenciada por los valores que asuman y la actitud reflexiva respecto a su situación actual, como manifiesta Freire…”

Evelin Ketty Blancas Torres. Educación y desarrollo social, p. 115.

Como hice mención hace un par de semanas en este espacio, nuestra Secretaría de Educación Pública, el ministerio del gobierno federal encargado de conducir el rumbo de la formación de los futuros ciudadanos de este país marcado por la pobreza y la desigualdad que parecen destino inevitable y enemigos invencibles, cumplió cien años de haber sido creada, justamente el pasado 3 de octubre.

Aunque el decreto de creación de esta secretaría, responsable de coordinar los esfuerzos educativos en todo el territorio nacional se publicó en esa fecha pero 1921, justamente hace un siglo, su primer encargado, el célebre y muy polémico abogado, político, escritor y educador José Vasconcelos había presentado un año antes, justamente en octubre de 1920 -según una publicación en la página web de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) 1- una iniciativa ante la Cámara de Diputados para crear “una dependencia federal cuyas funciones civilizadoras, llegaran no sólo a una porción privilegiada del territorio, no sólo al Distrito Federal [ahora Ciudad de México], sino también a toda la República, necesitada, de un extremo a otro, de la acción del poder público y de la luz de las ideas modernas”.

Según el mismo Vasconcelos, el propósito central de esta nueva dependencia que proponía era “salvar a los niños, educar a los jóvenes, redimir a los indios, ilustrar a todos y difundir una cultura generosa y enaltecedora, ya no de una casta, sino de todos los hombres”.

La fundación de la SEP se dio en el contexto de un cambio violento y profundo que se prolongó por casi dos décadas de un movimiento armado que surgió del sueño de tener una democracia real que respetara la voluntad popular para elegir a sus gobernantes y evitara la perpetuación en el poder de una sola persona. De ahí el lema maderista que originó la Revolución mexicana: Sufragio efectivo, no reelección.

El cambio también incluyó, más allá de la proclama de Madero sobre el respeto al voto, un amplio reclamo social que expresaba el sueño de millones de mexicanos sumidos en la pobreza y planteaba una real distribución de las oportunidades empezando por la tierra cultivable -“La tierra es de quien la trabaja”, que fue la bandera de Zapata - y la posibilidad de acceder a mejores condiciones de trabajo y por ende a una calidad de vida digna para todos los mexicanos.

Para concretar el cambio reclamado por las mayorías excluidas del desarrollo y hacer realidad estos sueños de justicia y democracia resultaba indispensable una apuesta por la educación, en una realidad social en la que había millones de mexicanos que como consecuencia lógica de su exclusión económica y social, no sabían leer ni escribir y carecían de los conocimientos básicos para poder construir un proyecto de vida que les permitiera la movilidad social que se les había negado históricamente.

El sueño educativo de Vasconcelos al presentar la iniciativa de creación de la SEP era brindar educación a todos para incorporarlos a un proceso civilizatorio que les permitiera acceder a los adelantos científicos y tecnológicos de su tiempo. En palabras de su propio fundador: “Al decir educación me refiero a una enseñanza directa de parte de los que saben algo, a favor de los que nada saben, me refiero a una enseñanza que sirva para aumentar la capacidad productora de cada mano que trabaja y la potencia de cada cerebro que piensa”, según una cita tomada de la misma página web de la CNDH antes citada.

No hay cambio sin sueño, ni hay sueño sin esperanza, dice el epígrafe de hoy, tomado del artículo de una investigadora peruana;en el momento en que surge la SEP había un deseo de cambio en grandes sectores de la población de nuestra patria que salía de una guerra civil que dejó muchos muertos y saldos negativos pero que aspiraba a que todo ese sufrimiento valiera la pena y tuviera como resultado un cambio real hacia la construcción de una sociedad más justa en la que como dice la cita de Vasconcelos, los que saben algo orientaran sus esfuerzos a enseñar a los que no tenían los conocimientos básicos para abrirse paso en la vida y para potenciar la capacidad productiva y también la capacidad intelectual de todos los mexicanos.

Un siglo después de la creación de la SEP, vivimos en un México que sigue esperando ese cambio. Seguimos siendo una sociedad profundamente desigual y tenemos a prácticamente la mitad de la población viviendo en condiciones de pobreza en sus diversas dimensiones. Vivimos un país que parece estar al borde de otra guerra civil si no es que ya la está viviendo a través de la enorme, inaceptable, dolorosa y tristemente normalizada e invisibilizada violencia del crimen organizado en la que diariamente grupos de mexicanos matan o desaparecen a otros mexicanos.

Cien años después y en el contexto de una transición a la democracia aún inconclusa y muy deficiente pero con avances innegables, treinta millones de ciudadanos volvieron a tener esperanza y a confiar, a creer y a votar por algo que creyeron era por fin el sueño de transformación social anhelada y largamente esperada, pero que está resultando una decepción más, una nueva y dolorosa decepción para quienes creyeron que había realmente un sueño más allá de la demagogia política expresada en discursos, narrativas y símbolos aparentemente transformadores y experimentaron el renacimiento de la esperanza que desafortunadamente está en proceso de demolición.

En términos educativos no sería justo afirmar que no ha habido ningún avance en cien años de existencia y operación de un sistema educativo nacional, que ha hecho llegar -como era la intención fundacional-, a toda la república y no sólo a la capital del país, la educación pública, gratuita y obligatoria que marca la Constitución. En términos de cobertura ha habido logros evidentes y tenemos hoy un mucho más alto porcentaje de población no analfabeta y escolarizada.

Sin embargo este proceso de cobertura no ha sido capaz de revertir las desigualdades y brindar, como dice el epígrafe de hoy, una educación cuyos resultados se vean reflejados en la calidad de vida, una educación de la misma calidad para todos los mexicanos.

Porque como afirma Blancas en otra parte de su artículo citando un documento de la OCDE: “la calidad de la educación está íntimamente ligada al tema de la equidad, más aún…en la práctica resulta muy difícil distinguir entre calidad de la educación e igualdad de oportunidades…” y en nuestro país, la educación no solamente no ha resuelto el problema de la falta de equidad sino que ha contribuido a mantener e incluso a aumentar las brechas entre los sectores minoritarios privilegiados y las grandes mayorías excluídas del auténtico desarrollo.

El centenario de la SEP hubiera sido una oportunidad de oro para generar a nivel nacional un proceso de reflexión profunda acerca de los avances y los retos que tiene hoy el sistema educativo nacional para construir un país más democrático y justo en el que haya igualdad de oportunidades y una educación de la misma calidad para todos.

Sin embargo, lamentablemente para el gobierno federal, para el Presidente de la República y para la misma Secretaría de Educación Pública este aniversario pasó prácticamente desapercibido. Fue un centenario que transcurrió “sin pena ni gloria”, como transcurre triste y tediosamente la vida escolar para millones de niños y jóvenes mexicanos que necesitan un cambio que no llega, porque parece que no hay un sueño ni una esperanza que lo promuevan.

1 La liga donde puede consultarse es: https://www.cndh.org.mx/noticia/decreto-de-la-creacion-de-la-secretaria-de-educacion-publica